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En una columna anterior dije que la transformación de Antioquia no era un acto de audacia momentánea, sino una certeza, y hoy quiero reiterar dicha afirmación complementándola con el siguiente hecho irrefutable: en cuatro años adelantamos al Departamento tres décadas en infraestructura vial.
Lo máximo que un gobernador había pavimentado en cuatro años eran 300 km. Al recibir las vías a cargo del Departamento, el 1 de enero de 2024, nos encontramos con 2.249 km pavimentados y 2.718 km en afirmado. Es decir, al ritmo que veníamos, pavimentar los kilómetros en afirmado nos tomaría 30 años, y eso en el caso de que todos los gobernantes lo tuvieran como prioridad.
Tengo que decir que ese ritmo era completamente anticompetitivo (en 64 años se pavimentaron 2.249 km) y fue una de las primeras alertas al llegar al gobierno de Andrés Julián Rendón.
Nos pusimos como meta, casi como una obligación, superar el rezago y dejar a Antioquia más conectada. Esa meta avanza y es una realidad. Una realidad que será medida en kilómetros pavimentados, túneles construidos, tiempos de viaje reducidos, regiones que dejaron de estar aisladas, crecimiento del agro, la industria y el turismo, y en antioqueños más felices.
En el gobierno Por Antioquia Firme pasamos de los anuncios a los hechos; es decir, hablamos menos y hacemos más. Nos concentramos en entregar obras palpables y no papeles llenos de texto con visiones a largo plazo que, al final, se quedaron durmiendo el sueño de los justos.
Es así como pusimos en marcha el plan de pavimentación más grande y ambicioso no solo de Antioquia, sino del país. Más de 1.200 kilómetros de vías a cargo del Departamento intervenidos en todas las subregiones se convierten en el detonante para que nos pongamos al día y para que aumenten nuestra competitividad.
A esto se suma la construcción, a la fecha, de 200 km de placa huella, con los cuales estamos dignificando la movilidad rural en lugares que durante décadas estuvieron condenados al abandono y a las peores condiciones en invierno. Desde el principio tuvimos claro que teníamos que llegar a las veredas y transformar vidas.
Y nos pusimos la 10, bajo el liderazgo de nuestro gobernador, para sacar adelante la Nueva Vía al Mar —Gonzalo Mejía Trujillo—, la megaobra que cuenta con el túnel más largo de América, de 9,7 km, y que, a pesar de las trabas que se le pusieron a su finalización desde el Gobierno Nacional, avanza. Con ella conectaremos el Suroccidente y los nueve centros de producción más grandes del país con Urabá, reduciendo los tiempos de viaje y fortaleciendo la logística y el comercio.
Hoy, el tramo que desde el inicio estuvo a cargo de la Gobernación de Antioquia y el Distrito de Medellín está completamente terminado, y el tramo que nos cedió el Gobierno nacional en 2025, que apenas llegaba al 51%, ya alcanza el 75% de ejecución física.
A lo anterior sumamos la segunda etapa del Túnel de Oriente, que avanza de manera sostenida y alcanza el 19 %, con nuevos frentes de excavación, puentes y obras complementarias que fortalecerán la movilidad entre el Valle de Aburrá, el Oriente antioqueño y el aeropuerto José María Córdova.
El primer túnel ya había transformado la movilidad regional al reducir trayectos de 45 minutos a cerca de 20 minutos. La segunda etapa permitirá responder al crecimiento acelerado de una de las zonas más dinámicas de Colombia. ¡Eso es avanzar décadas!
Porque durante muchos años Antioquia habló de competitividad, pero tenía regiones desconectadas. Habló de desarrollo, pero con vías terciarias intransitables. Habló de productividad, pero con costos logísticos que castigaban al campesino, al empresario y al transportador.
Hoy la realidad es distinta porque desde hace 30 meses trabajamos a paso firme para transformar lo que encontramos y para hacer de Antioquia un territorio lleno de oportunidades.
Una Antioquia conectada es una Antioquia que avanza.













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