El reto de la política criminal

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Nadie controvierte que la justicia en Colombia requiere con urgencia una reforma estructural, mas aun, cuando de hacinamiento carcelario se trata. No solo porque estamos en mora de replantear la política criminal, sino porque estamos viviendo un ambiente de grandes dificultades y retos a causa de la pandemia.

Días atrás, Colombia fue testigo de una de las mas escalofriantes noticias, donde se evidencio que en los centros penitenciarios se desataron sangrientos amotinamientos, a causa de la suspensión de las visitas para las personas privadas de la libertad, una medida drástica pero necesaria.

Sin embargo, la situación que exaspero los ánimos de los reclusos, no deriva únicamente por la crisis de salud y las medidas que se están adoptando, la angustia de los reclusos es muestra también de que el hacinamiento carcelario es la bomba de tiempo que ha tenido a los gobiernos de turno desde hace mas de diez años, tratando de concebir soluciones para atajar la crisis carcelaria, pero a la fecha el problema va de mal en peor.

Para empezar a entender la situación carcelaria en Colombia, basta con señalar las cifras que expreso el director del INPEC tras los amotinamientos, hoy en día la población carcelaria es de 123 mil reclusos, y solo se cuenta con una capacidad de 80 mil cupos, lo que traduce en una aglomeración del 53%. Por cada cupo que se crea en una cárcel de Colombia, llegan tres reclusos.  Es terriblemente complejo y difícil el contexto carcelario en nuestro país, todo parece indicar que el coronavirus puso en evidencia una situación que las altas cortes han venido declarando en muchas ocasiones.

Lo grave no es solo el hacinamiento, sino a su vez el desastre que es el sistema de salud dentro de los centros de reclusión, aunado a la violación sistemática y masiva de derechos humanos.

Como si esto fuera poco, a esta dura crisis carcelaria que viene padeciendo el país desde hace mas de 20 años, se le une ahora el coronavirus, de manera que con estos índices de hacinamiento y junto con la crisis de emergencia sanitaria, no hay sistema que aguante.

¿Nos llego la hora de replantear la política criminal? La respuesta es si. No hay duda que estas situaciones excepcionales como la pandemia del Covid-19 colocan al sistema carcelario colombiano en un estado de fragilidad. Si bien, el Gobierno le ha salido al paso a muchos de los sectores con medidas y decretos, resulta vital que el ejecutivo no se deje coger la noche en el tema de hacinamiento carcelario y tome el toro por los cuernos (sin caer en los corridos de toros) y con ¡urgencia! empezar a descongestionar el sistema.

Una reforma seria de nuestra política criminal, no se logra con decretos, ni tampoco el problema depende únicamente de liberar a todos los reclusos, hay que tener conciencia que esto, es una dificultad que lleva años encubándose y que requiere repensar la política de fondo.

Es importante que el consejo de política criminal tome partido del coronavirus y replantee el modelo de sus normas, debemos dejar atrás esa vieja concepción de que la cárcel sea la solución rápida a todos problemas de criminalidad, hay que estructurar un plan innovador que permita en primera medida pormenorizar el riesgo de la pandemia dentro del sistema carcelario ¿se imaginan si el coronavirus llega al interior de un centro de reclusión? Seria ¡fatal!

La política criminal tiene un importante reto, primero, requiere ser revisada y modificada rigurosamente, hay que aprovechar estas dos crisis que se desafortunadamente convergieron para planear un modelo carcelario que logre posicionar a las cárceles, garantizando siempre la dignidad humana.

El sistema judicial debe responder de manera efectiva y oportuna a estas eventualidades. Seguir por el camino que vamos, será un factor de atraso institucional insalvable.

David Llanos

Soy estudiante de último año de Derecho de la Universidad Católica de Colombia, me encuentro actualmente trabajando para el Congreso de la República como asesor legislativo, un fiel apasionado por los temas económicos, políticos y sociales de mi país; me gusta mucho la lectura, la historia, la cultura y sobre todo, uno de mis mejores hobbys, compartir el tiempo en familia. me considero una persona de convicciones liberales con valores y principios enmarcados en el humanismo, la disciplina y, el respeto por los demás. Resiliente y con una visión de servicio, que se cimienta en la contribución de aportar las mejores acciones de desarrollo para que nuestro país sea mejor cada día.