El problema básico en el mundo hoy: homenaje a Ayn Rand (II)

Al Poniente y El Insubordinado presentan a sus lectores la segunda parte de Textbook of Americanism, un artículo escrito por Ayn Rand y divulgado originalmente en 1946 en THE VIGIL, publicación de la ALIANZA CINEMATOGRÁFICA PARA LA PRESERVACIÓN DE LOS IDEALES AMERICANOS (Beverly Hills, California).

El texto forma parte de un proyecto más amplio concebido por la autora para definir y esclarecer los principios básicos de las cuestiones públicas dentro del ámbito político. Sin embargo, la serie quedó inconclusa: las doce preguntas que integran esta serie constituyen apenas la tercera parte de ese proyecto; el resto nunca llegó a escribirse.

Para una mejor comprensión de esta entrega, conviene leer también la anterior:


3. ¿Cuál es el principio básico de los Estados Unidos?

El principio básico de los Estados Unidos de América es el individualismo.

Los Estados Unidos fueron una nación construida sobre el principio de que el hombre y la mujer poseen derechos inalienables. Que estos derechos nos pertenecen a cada uno de nosotros como individuo, no como grupo o colectivo; que estos derechos conforman el patrimonio incondicional, privado, personal e individual de cada ser humano y no el patrimonio público, social y colectivo de un grupo; que estos derechos nos son otorgados por el hecho de nacer como personas, no por una concesión de la sociedad; que el ser humano goza de estos derechos, no por la colectividad ni para la colectividad, sino contra la colectividad —como una barrera que la colectividad no puede traspasar—; que estos derechos garantizan la protección del hombre y de la mujer contra el resto de sus congéneres; que solo a partir de estos derechos podemos tener una sociedad de libertad, justicia, decencia y dignidad humana.

La Constitución de los Estados Unidos de América es un documento que no limita los derechos del hombre y la mujer: limita el poder de la sociedad sobre cada ser humano.

4. ¿Qué es un derecho?

Un derecho es la protección a la acción independiente. Un derecho es todo aquello que puede ser ejercido sin permiso de nadie.

Si tú existes simplemente porque la sociedad te permite existir, entonces no tienes derecho a tu propia vida: un permiso puede revocarse en cualquier momento. Si antes de actuar debes obtener el permiso de la sociedad, no eres libre —te lo concedan o no—; solamente un esclavo actúa bajo permiso. Un permiso no es un derecho.

No cometas el error, en este punto, de suponer que un trabajador es un esclavo y que él mantiene su empleo por permiso de su patrón. No. Nunca lo mantiene por permiso, sino por contrato, es decir, por un acuerdo mutuo y voluntario. Un trabajador puede dejar su empleo; un esclavo, no.

5. ¿Cuáles son los derechos inalienables del hombre?

Los derechos inalienables del ser humano son: la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

El derecho a la vida significa que nadie puede ser sacrificado en beneficio de otro individuo ni de ningún número de otros individuos.

El derecho a la libertad significa el derecho del ser humano a la acción individual, a la elección individual, a la iniciativa individual y a la propiedad individual (propiedad privada). Sin el derecho a la propiedad privada no hay acción independiente posible.

El derecho a la búsqueda de la felicidad reconoce el derecho de cada individuo a vivir para sí, a definir su propia felicidad —privada, personal e individual— y a perseguirla, siempre que respete ese mismo derecho en los demás. Implica que ninguna persona puede ser forzada a consagrar su vida a la felicidad de otra ni de un conjunto de personas. También implica que la colectividad no puede fijar el propósito de vida de un individuo ni imponer su elección de felicidad.


La próxima entrega abordará dos nuevas preguntas: ¿de qué forma respetamos los derechos de los demás? y ¿cómo determinamos si un derecho ha sido violado?


Este artículo fue publicado originalmente en El Insubordinado.

El Insubordinado

Valparaíso, Chile (6 de diciembre de 1998). Una fecha que los documentos registran y la memoria disputa.

No hay biografía verificable de “El Insubordinado”, porque El Insubordinado desconfía de las biografías: de lo que fijan, de lo que omiten y de la pequeña violencia con que convierten una vida en argumento. Lo que existe son rastros: un ensayo sin firma que circuló en tres idiomas antes de que alguien preguntara quién lo había escrito; una silla vacía en una conferencia de Viena donde se esperaba su presencia; una conversación en un bar cerca de Leadenhall Market que tres personas recuerdan de tres maneras incompatibles.

Se dice que estudió economía. Se dice que la abandonó cuando entendió que la mayoría de los economistas no estudian la libertad, sino las condiciones bajo las cuales la gente acepta no tenerla. Leyó a Bastiat como quien lee una carta dirigida a él. Leyó a Hayek como quien desactiva una trampa. Leyó a Camus para recordar que la lucidez, si no duele un poco, probablemente es otra forma de consuelo.

No milita, no representa, no pertenece. Estas no son virtudes que cultiva: son consecuencias naturales de alguien que aprendió a distinguir entre una idea y la tribu que la administra. Su trabajo, si puede llamarse así, consiste en identificar el momento preciso en que una convicción se vuelve liturgia. Lo ha hecho en ministerios y en asambleas de activistas con la misma atención, porque el mecanismo es idéntico: alguien deja de pensar y empieza a pertenecer, y los demás aplauden porque eso los libera de pensar también.

Los textos que se le atribuyen —Manual para desertores voluntarios, La obediencia como deporte nacional, entre otros— circulan sin firma, copiados y recopiados, a veces con su nombre y a veces con el de otro. No parece importarle. Una idea que necesita autor para sostenerse, solía decir, todavía no está lista.

Prepara algo nuevo. No se sabe el título. Solo una línea encontrada al margen de un cuaderno, sin fecha: «El problema nunca fue quién gobierna. El problema es por qué sigues obedeciendo».

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