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Sobre Petro, el educador
Despedía Petro y su hija Antonela a la selección de Fútbol entregando a cada jugador un sombrero “voltiao”, típico del caribe colombiano hecho con manos artesanas del pueblo Zenú. Antonela con cierta timidez y emocionada le pidió a James Rodríguez, capitán de la selección, una firma a su camiseta como ya lo había hecho en su infancia desde el anonimato, seguro James en aquella ocasión no supo que era la hija del futuro presidente. Él siguió su camino serio, escondido en sus gafas negras, y Antonela continuo la entrega y la despedida de mano a los deportistas con la emoción de una futbolista apasionada por su deporte. El país crispado debatió el hecho -pues son sabidas las visitas del futbolista al condenado expresidente de la república y su sonriente pose en la foto- y su frialdad ante la petición de una de sus más fervorosa fan.
Antonela aprovechó para hablar de una cultura política basada en el respeto y desde ese día en adelante se ha hecho eco de manera creativa y con apoyo de un equipo de comunicación, de la invitación a la participación política incidente de la juventud. A mí me da gusto escucharla con su tranquilidad, su claridad. Refresca y hace comunicación política y, sobre todo, se repone de las agresiones que ha sufrido en plena adolescencia sobre todo desde que su padre es presidente de la república. Tanto Antonela como Sofía, las hijas de Petro, dan muestras de independencia respecto a sus padres y nos muestran a ese Gustavo Petro tierno, silencioso, pensativo y hasta tímido que parece huraño, tan distinto al que se transforma en un orador huracanado cuando la multitud lo aclama. Parece que va aprehendiendo las lecciones de feminismo de Sofia. Ambas dicen que les escucha.
Yo lo admiro mucho desde que lo conocí, cuando realizó esa importante y trascendental investigación sobre los poderes de facto, sobre las mafias paramilitares en la política y sobre cómo se tomaron el congreso y las institucionalidades. Desde aquellos debates siendo representante noté un profundo cambio en mi padre, quien siendo un dirigente comunal y cooperativo fue godito, conservador. Petro cambió su perspectiva política, se volvió un admirador de él y así nos acercamos en política y pudimos conversar desde la misma orilla sobre nuestro país.
Estamos a una semana de la segunda vuelta. La ultraderecha internacional, los magnates de las tecnologías, los cipayos vecinos que gobiernan Ecuador, Argentina, Honduras, se prestan para un complot contra estas elecciones; se mueve la plata, se corre riesgo de fraude. Estamos con los nervios de punta. Los resultados del gobierno que termina son reconocidos por el pueblo y soslayados por los medios privados de comunicación masiva; se estigmatiza a Iván Cepeda y Aida Quilcué. Pero algo ya pasó en Colombia y Antonela es parte de ello, la juventud está en la calle, las mujeres buscadoras están en la primera línea de esta campaña, así también los pueblos indígenas, las comunidades raizales, palenqueras y afrodescendientes, los y las trabajadoras sindicalizadas. El bunde, el baile, la fiesta. Se rima y se canta, se movilizan las quenas y los tambores, las marimbas y las gaitas.
Algo pasó en Colombia y se venía acumulando. Recuerdo el 2008 cuando la minga indígena se movilizó y respaldó, además de sus reivindicaciones como pueblos indígenas, el referendo por el agua para consagrar este derecho humano en la constitución, una maravillosa movilización por ríos y calles; el paro agrario de 2013 que mostró la persistencia del movimiento campesino y la urgente agenda de la reforma agraria; la firma del acuerdo de paz en 2016 -a veces me siento como en ese entonces: decepción y tristeza- cuando en el plebiscito ganó el “no” contra los acuerdos de paz, afortunadamente este no era vinculante; el estallido juvenil de 2019 interrumpido por el confinamiento de la pandemia; y lo más reciente: el estallido social de 2021 con las juventudes en primera línea.
Algo pasó en Colombia, es una afirmación. No me detendré en los logros del último gobierno en materia de entrega de tierras a manos campesinas y la recuperación, la creación de una institucionalidad para lo agrario y el reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos, los avances en normativas que concretan las conquistas legislativas del movimiento social de mujeres y las feministas, así como la reducción de la pobreza, el aumento del empleo y los avances en la agenda ambiental.
Quiero referirme, sobre todo, a la cultura política y al papel de Gustavo Petro. Tal vez necesitamos esa fuerza -que es a su vez terquedad- pero, sobre todo, necesitábamos a un presidente y un gobierno que dio voz a los pueblos y comunidades. Pienso en Gramsci que, en El privilegio de la ignorancia, dice: “Los burgueses pueden ser ignorantes, los proletarios no. Para los proletarios es un deber no ser ignorantes. La cultura socialista, sin privilegios de casta ni de grupo, con el fin de realizarse plenamente, quiere que todos los ciudadanos sepan controlar lo que sus mandatarios deciden y hacen en cada ocasión.”[1] Así vi yo a Petro: un educador colectivo, respetuoso de la gente, entregando información e interpretándola sin subestimar la capacidad de comprensión del pueblo. Yo le he escuchado sus discursos sobre cambio climático, sus conferencias magistrales y veo la preocupación porque se comprenda la crisis climática y las alternativas ante el colapso. Lo hace también con la economía y en general con lo político.
Escucho al candidato mafioso-paraco que puede llegar, dolorosamente para nosotras, a ser presidente, e identifico al ignorante por excelencia, lo cual en Gramsci tiene una explicación: “El sistema burgués es un régimen tutelar, el principio de autoridad es su base fundamental, la autoridad aborrece el control, aborrece la discusión. Las crisis en las que se debaten las democracias son producidas en gran medida por el contraste entre el principio de autoridad, entre el jacobinismo necesario en cada estado burgués, y la tendencia de las masas populares, socialistas y democráticas a extender mas la propia obra de control.”[2]
Si, Gustavo Petro siempre invitó al control, a la movilización, a la refrendación que la plaza llena puede hacer de las reformas y decisiones bloqueadas por los poderes legislativo y judicial. Tal vez podrán decir que lo adulo como a un caudillo, y no es así. Lo presento como un intelectual orgánico que abrió la mentalidad y recuperó la memoria de las luchas. Se me ocurre la palabra…autoestima; recuperó la autoestima y emocionó al pueblo, de nuevo, con lo político. Denunció la corrupción política y por su voz la gente sintió que habló.
Quienes estamos comprometidas con las comunidades, quienes pensamos que es necesario sostener las organizaciones comunitarias que con su labor hacen sostenible la vida colectiva, quienes producimos lo común en lo asociativo, en los circuitos económicos solidarios, en la gestión agroecológica de la finca y el territorio para producir soberanamente la alimentación, quienes gestionamos colectivamente la energía y el agua, quienes creemos en la emancipación del trabajo, en la autonomía y personal y colectiva, en el cooperativismo, todas nosotras sabemos que un gobierno progresista, un gobierno democrático, genera mejores condiciones para escalar las alternativas feministas, ambientalistas, solidarias. Los avances están en riesgo Colombia, pues la derecha internacional y especialmente el imperialismo yanqui -ese gobierno corporativo y mafioso que encabeza Trump- saben que en Colombia se juega el inmediato futuro de nuestra América Latina, de Aby Ayala. Ojalá que Perú consolide el resultado a favor de la Izquierda y que el próximo 21 de junio Colombia pueda continuar por la senda de una democracia participativa, de la construcción de la paz y de resguardar y preservar lo que aún tenemos de soberanía.
[1] El privilegio de la ignorancia. Gramsci, Antonio, la ciudad futura. 1ª ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Goria. 2015 pág. 107, 108.
[2] Ídem













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