El ius “romanticismo” en la relación contractual 

Sin lugar a dudas el aprendizaje necesita de pasión, sentimientos y dedicación, pero cuando se trata del eterno aprendiz de derecho, como lo hiciera el buen discípulo, resulta una constante sine qua non las buenas prácticas de la eterna conquista, esa que cada día escasea más y más, porque luego de conocer la ciencia y esta es llevada a la praxis repetitiva que encarna reglas de la costumbre, como si tratara de cualquier relación, la magia deja de serlo.

Por ello, como eterno aprendiz enamorado de las reglas del derecho disciplinario y la contratación estatal, quisiera dedicar estas líneas a ese constructo de amor, a ese sentimiento profundo por el ejercicio profesional de Abogado, ese que no enseñan en las facultades y que hoy por hoy no se encuentra en los estudiantes, porque formarse como Abogado hoy es cuestión de método y del lleno de requisitos en corto tiempo, quizá porque se fracasó en su primera profesión o porque no se encontró algo más para hacer, argumentos qué han infestado nuestro país de programas de dos años o dieciocho meses en los que se pretende encontrase con ese otro amor que también se conoce como vocación, pero que al no inyectarse sencillamente nunca se logró.

Ahora ni que hablar cuando de dedicarnos a una especialidad del derecho se trata,  ¿será penal?, o porque no ¿familia?, mil y una idea rondan en la cabeza, pero cuando por pura casualidad y no porque sea de interés de los programas académicos enseñarlo, se conoce del derecho disciplinario y especialmente del derecho de la contratación estatal,  en nuestros días y para las nuevas generaciones de estudiantes de inmediato un solo asunto está en su cabeza ¿cuánto iré a ganar?, y entonces su ejercicio profesional se enfrenta entre fórmulas como J + M + U + S = A, metas presupuestales, cifras, ejecuciones, ideas caprichosas y en fin, un sin número de circunstancias que terminan cercenando lo más simple y puro para el asesor contractual, esto es, el amor por lo que hace, la pasión por la judicatura, la guarda de lo público, la conquista eterna, la interpretación de nuevas realidades, la generación de conceptos, el análisis del contexto económico, la buena administración de la empresa, la pluralidad como derrotero de la selección objetiva, en fin, de unos ojos saltones puestos sobre el proceso y el contrato, vigilantes del interés general y la justa distribución del recurso para la consecución de fines Constitucionales.

Premisas todas que en ocasiones parecieran utopías que al confrontarse con la realidad encarnaran una infortunada distopia, la cual oscurece el panorama y le pone talanqueras a eso que debió nacer de un sueño, pero que hoy en los nuevos estudiantes encontró su génesis en la necesidad.

Pues bien, cuando de nuevo se ponga la mirada en el derecho y especialmente en el derecho de la contratación estatal o disciplinario como ese nuestro primer amor, comprometer el recurso público dejará de perseguir un interés personal o la confección de requisitos a la medida de terceros, para trascender a buenas prácticas que redunden en la satisfacción de lo común y la administración de empresas estatales con verdadero sentido humano.

Por un ejercicio profesional respetuoso de la vocación

Luis Carlos Amado Guzmán

Ibaguereño de nacimiento, Abogado, Magister en Derecho y Negocios Internacionales, Especialista en Derecho Administrativo y Disciplinario, Doctorando en Derecho Económico y de la Empresa, miembro activo de la Policía Nacional de Colombia en el grado de Intendente Jefe, escritor de vocación y pasión, dedicado a temas de interés jurídico.

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