Dos vidas en Medellín

Simón González Mesa

“Urbanologia, la calle y sus destellos y
el Hip Hop mostrando tronos a los parias y plebeyos.
Aquellos pocos que siguieron su propia senda.
Esos locos de ayer que hoy son leyendas.
Todos buscamos a tientas sitios donde el miedo duerma,
porque todo se reduce a nuestro miedo a sufrir.
Todos buscamos un dios, un mas allá, una vida eterna,
porque todo se reduce a nuestro miedo a morir.”
Nach – Urbanológia.


3 DE MARZO DE 2014

SOL

Suena la alarma, la mente de alguien se despierta asustada ante este vil invento del hombre. Realmente no había muchos pensamientos que rondaran en la mente de aquel muchacho, pues la adicción ya se había convertido en una posibilidad constante.

A pesar de que los caminos neuronales de aquel joven estaban rodeados de diversas sustancias, siempre elegía desayunar pues comer también le suponía un placer todavía. La vida de este ser humano era privilegiada para muchos, residía en la casa de su madre, en uno de los barrios más pudientes de la ciudad de Medellín, tenía comida, distracciones digitales, podía escuchar la música que lo impulsaba a vivir, contaba con un círculo social ameno y amplio, se encontraba terminando su secundaria y ya se enrutaba por estudiar el conocimiento, que para la sociedad significa ser filósofo, pero también estaba empezando a caminar por el lado sencillo y oscuro de la vida. Este joven debía tomar una decisión. En principio, no fue la mejor, pero lo encaminó al camino del amor propio.

De 7 de la mañana a 3 de la tarde, este joven, llamado Simón González Mesa, se enclaustraba en el mundo académico del colegio o secundaria, iba a las clases, y aunque en los descansos aprovechaba para drogarse, hacía sus tareas a tiempo y vivía en un constante cuestionamiento sobre el libro que leía en ese momento, el primer libro que realmente leyó y le provocó amor: La República de Platón.

Durante esas 7 horas el joven mostraba interés por aprender, socialización constante y entre los mayores momentos se le notaba alegre, sonriente y carismático. Sin embargo, en el interior algo o alguien crecía, una presencia oscura y silenciosa crecía dentro de aquel pequeño humano. A medida que pasaba el tiempo, la cantidad de pensamientos aumentaba drásticamente, tan inmensa era la cantidad de pensamientos que iban surgiendo, que la fisiología de Simón cambiaba. A finalizar la jornada, la mente de Simón pensaba en consumir, en desfogar todas sus emociones y experiencias en marihuana y cocaína. O tal vez relajarse con alcohol mientras se hablaba con sus “amigos” sobre la posibilidad de que el mundo de las ideas de Platón no fuera un mundo intangible, sino que, hacía parte de este mundo tangible, se combinaba con aquella substancia aristotélica, que era parte de un todo, un tao.

LUNA

Siento mi corazón latir rápido, me empiezo a dirigir para mi casa mientras voy colocando mis audífonos para empezar a escuchar a mis maestros cuando de repente alguien me grita:

-¡Simón! Despierta.

Una idea cruza mi mente. Una idea de vida. ¿Dónde estoy? Fue una pregunta muy básica pero que estuvo dando vueltas en mi cabeza toda la mañana.  Muevo mi mente como un autómata hacia algo que me quite la deshidratación, siento mi boca pastosa, seca y pesada, el tragar se hace imposible, siento que me voy a ahogar. Exagero y me dedico a tomar agua. Cuando reacciono, sonrío por darme cuenta que lo anterior fue sólo un sueño. Recuerdo esa calle solitaria donde reinaba el miedo y el sonido de la calle hacían que mis sensaciones, totalmente destruidas por una combinación entre alcohol, THC, cocaína, benzodiacepinas y LSD, se alertaran por lo inexistente, por lo superficial de las drogas. Una parte de mí me dijo que no era una alucinación, solo sé que tiempo después, corría con agitación en el cuerpo, mi mano ensangrentada sostenía una mariposa llena de líquido ajeno. Sólo miraba la navaja y veía correr por su filo el líquido que me atrae, ese rojizo me llama. Recuerdo que caí dormido sin saber dónde estaba. Dentro de ese sueño le rezaba a lo no creíble por mi razón, de que todo lo que había sucedido no hubiera sido más que una simple alucinación.

Despierto. Mi cuerpo refleja vacío, veo a mi lado la misma mariposa, limpia pero cómplice de una atrocidad del ser humano. Decido sacrificar mi sangre en un intento de compensar el sufrimiento emocional. Necesitaba la sensación de falsedad que me generaba la droga para evadir el pensamiento de lo que me rodeaba. Veo al lado un compañero, dormido o muerto, reposa sobre una cama totalmente destruida.

Él, con la misma ropa del día anterior, tuvo un reencuentro agresivo con su ser inconsciente. Decido despertarlo a fin de asegurarme que la parca no lo estuviera arrastrando.

Despierta. Al verme a los ojos, supimos que el secreto debía ser guardado. Nada había sucedido, todo fue una situación inexistente ante nuestro presente. Me hago la idea de ello y decido decirle que fuéramos a aquella plaza que nos dotaba lo que nos hacía reír, su ausencia nos volvía emocionalmente planos, agresivos e inseguros.

Después de tomar agua, abro una puerta totalmente vacía, todavía afectada por decisión de no estar. Abro mi mente y veo el mismo vacío. Éste está esperando a que yo entre. Esa puerta que nos separa, son experiencias o recuerdos de vida que antes de entrar se manifiestan como una realidad latente que no se debe olvidar.

Despierto. Vuelvo a sentir la misma sensación de ahogo y me pregunto.

¿Cuál será el sueño?


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Simón González Mesa

Soy abogado de la Universidad CES y soy un apasionado de la filosofía, psicología y del derecho. Me gusta ayudar a la gente con mis experiencias y conocimientos.

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