Desigualdad sísmica

En un artículo de La Silla Vacía, su investigador estrella explicó que cerca del 75% de los 9.8 millones de edificios que hay en Colombia no se construyeron bajo código alguno de construcción sismorresistente. Peor aún, los departamentos con mayor exposición, es decir, mayor cantidad de edificios vulnerables por fallas constructivas son precisamente aquellos con más probabilidad de sufrir terremotos. Colombia es, dice el artículo, el decimocuarto país más desigual del mundo en construcción sismorresistente.

Es probable que haya vacíos metodológicos que induzcan a La Silla a comparar peras con manzanas, pero aún con ello es evidente que hay regiones con mayor o menor concentración de edificios capaces de resistir sismos. En efecto, incluso dentro de las ciudades la diferencia es abismal entre las áreas urbanizadas por grandes empresas mediante proyectos de construcción que exigen licencias y obligaciones urbanísticas y las áreas urbanizadas espontáneamente por la sociedad mediante edificios que a veces se sostienen milagrosamente.

Y no son pocos los que responsabilizan al abstracto mal llamado “desigualdad”. Para la mente acostumbrada a soluciones simples, si la desigualdad es causa de que las víctimas de los desastres naturales puedan ser o sean mayoritariamente personas de escasos ingresos, la solución es la redistribución. Vale la pena, sin embargo, profundizar en el problema.

Según este mismo artículo de La Silla, la desigualdad en sismorresistencia en Chile es baja y Costa Rica prácticamente no tiene desigualdad. Resulta que Costa Rica está entre los primeros 15 países del mundo con más libertad económica según el Instituto Fraser, mientras que Chile se encuentra en el puesto 26. En este mismo Ranking Colombia está en el puesto 94.

Quizá el problema de la “desigualdad sísmica” no es el mercado. A nivel de ciudad, puede decirse que quizá en nuestra regulación hay incentivos perversos que mientras inviabilizan algunos proyectos constructivos a otros los hacen tan caros que solo pueden beneficiarse de ellos los más ricos. Las obligaciones urbanísticas hechas por burócratas obsesionados con “embellecer”, así como las restricciones hechas a la medida de una ciudad europea terminan por empujar a la mayoría de la población a vivir en edificios hechos a escondidas o bajo el escudo de “vulnerabilidad” que impide el desalojo.

Quizá a nivel regional, si el capital no llega a todos los departamentos de manera proporcional, no es porque haya “fallas” de mercado, sino porque esos departamentos tienen instituciones políticas y jurídicas que literalmente repelen la inversión y ahogan a sus propios “beneficiarios” en la pobreza. Desde la propiedad colectiva de la tierra hasta la obsesión con “proteger” el medio ambiente a costillas del sufrimiento humano.

Gústenos o no la riqueza no se crea mágicamente, y la riqueza que hoy tiene Colombia, aún si se repartiera con exactitud equitativa, solo sería suficiente para dejarnos a todos pobres. Quizá el problema es que el Estado por tratar de hacerlo todo no hace lo que debería. Quizá el problema en el Chocó, en el Valle y en el Cauca no es el capitalismo, sino la falta de capitalistas.

Isaac Mendoza

Activista por las ideas de la libertad. Estudiante de Derecho de la Universidad EAFIT (Medellín Colombia). Apasionado por las ciencias políticas y la economía.

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