“Para disminuir a estos grupos de manera estructural se debería discutir si la droga ilegal como la cocaína y que origina esta problemática, se debería legalizar”.
La seguridad es de las sensaciones que más valoramos los seres humanos y la traemos heredada de nuestros antepasados. Estos debían enfrentarse a grandes depredadores y climas adversos para sobrevivir. En la pirámide de Maslow la seguridad está en la segunda escala de la pirámide de necesidades. Nos da seguridad tener una casa, un trabajo estable, una condición económica favorable y por supuesto vivir en un municipio o un país en paz.
Cuando hablo con amigos y familiares que viven en el exterior y que no se ven en el corto plazo viviendo en Colombia, justifican su decisión en no sienten seguridad en Colombia, distinto al país que los acoge. Dicen que donde están, pueden caminar tranquilamente por las calles de sus ciudades y a cualquier hora sin tener miedo de que los vayan a robar; tampoco son testigos, como aún lo somos en nuestro país, de enfrentamientos entre grupos armados para ver quien domina el negocio del narcotráfico y menos ven a territorios sometidos por grupos al margen de la ley reemplazando al Estado.
En Colombia no hemos logrado ser un país completamente seguro, el Estado no ha logrado ser del todo eficiente en su lucha contra el crimen, tampoco ayuda el sistema judicial que premia al delincuente y castiga al denunciante. Con pruebas en mano y antecedentes judiciales, delincuentes salen rápidamente de las cárceles porque son delitos menores o porque las pruebas resultan no ser contundentes. Quedan libres con la potestad de seguir delinquiendo. En un nivel similar pasa con los corruptos, que como lo he dicho, no les importa pasar unos años en prisión domiciliaria porque saben que quedan en libertad y millonarios.
Otro tema estructural es el del contubernio entre el Estado y los grupos criminales para brindar una falsa sensación de seguridad como la que se destapó esta semana en Santa Marta. Tras 4 años de “hacernos los congelados”, la política de seguridad nacional dio un vuelco y ahora se combate de manera frontal a los grupos delincuenciales que como en la capital del Magdalena fingían no atacar a la población civil pero sí la extorsionaban y la fuerza pública debía hacerse la de la vista gorda. Estaba maniatada.
Para que este país tenga seguridad, creo que sí debe haber control territorial efectivo por parte del Estado, combatiendo, como se está haciendo, a los grupos criminales. No tiene sentido negociar y ofrecer beneficios cuando del otro lado el único interés es permanecer en un negocio ilegal y millonario.
Para disminuir a estos grupos de manera estructural se debería discutir si la droga ilegal como la cocaína y que origina esta problemática, se debería legalizar como ocurrió con el alcohol y el tabaco hace años. De esta manera pasa a controlarla o regularla el Estado. Así ya no habría negocio ilegal. Los ahorros que se generarían por ya no tener que combatir a organizaciones de narcotráfico se podrían utilizar para hacer pedagogía sobre lo nocivas que son estas sustancias para la salud humana, como ocurre con otros productos como el azúcar, alcohol y cigarrillos. Llevamos décadas sufriendo el flagelo de conflictos causados por el narcotráfico, pero no ha habido solución de fondo.
El Estado debe tener el control de todo el territorio nacional: presencia institucional, oferta, y fuerza pública que den seguridad, pero a la vez, plantear alternativas diferentes, como la legalización de estas drogas, para que el narcotráfico deje de ser rentable y atractivo.
*Mis artículos no representan a mi empleador.














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