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Cerrar el país ¡no es una opción!

El temor de muchos se hace cada vez más latente: se avecina una nueva cuarentena. Esto, además de no ser garantía de control contra el virus, sería la garantía de un desastre económico de proporciones bíblicas que desencadenaría una crisis social jamás vivida.



Comienzo dejando claro que, no existe todavía ninguna fuente confiable y fidedigna que mencione que el Gobierno Nacional, en cabeza de Duque, vaya a cerrar el país. Pero, los casos de cierre en Francia y Alemania funcionan de premonición y guía para el Gobierno en caso tal –y muchos dicen que es inevitable–, que las cifras de contagio y muerte por COVID-19 suban por la temida segunda ola.

Ante este casi ineludible destino, empiezo a elevar mi voz de protesta para evitar una segunda cuarentena cavernaria que, entre otras, representaría los clavos del ataúd para este país.

CERO GARANTÍAS

Me gustaría zanjar este punto de entrada y es que, la cuarentena obligatoria estricta y extensa; NO es garantía de absolutamente nada. A esta conclusión empieza apuntar la evidencia empírica. Países como Taiwán, Corea del Sur y Uruguay; no poseen cifras escandalosas de muertes o contagios y no aplicaron dicha medida.

No estoy afirmando que esta sea la única razón diferenciadora, pues temas como la posición geográfica, cultura y forma de gobierno claramente influyen. Pero, aun así, al revisar otros países que aplicaron la medida, a su manera, queda uno contrariado –como mínimo– con los resultados. Como exponente máximo de ello miremos a:

LA CUARENTENA MÁS LARGA DEL MUNDO

Argentina es, actualmente, el país con la cuarentena más larga del mundo –incluso dicha medida sigue vigente hasta el 8 de noviembre (Fuente AQUÍ)–. Basado en ello, sería lógico pensar que también debería ser el país con mayor control del virus. No obstante, Argentina tiene casi el mismo número de infectados y muertos que Colombia.

A la fecha: 03 de noviembre del presente año –y recuerden con cuarentena vigente–; Argentina tiene 1.183.131 de contagiados y 31.623 fallecidos (Fuente AQUÍ), mientras que Colombia tiene 1.093.256 de contagiados y 31.670 fallecidos (Fuente AQUÍ). Así pues, incluso en términos de números de contagiados, Argentina le gana a Colombia –yendo claramente en vía con mi tesis de cero garantías–.

Como dato final de este punto, la bipolar e impresentable OMS, dejó claro que el confinamiento no debería ser la medida principal para la lucha contra el contagio (Fuente AQUÍ). Por si esto no es suficiente razón, seguimos con:

UN PAÍS EN CRISIS

Debido al parón súbito durante 6 meses, la economía se derrumbó como un castillo de naipes; arrojando cifras tan desalentadoras como el 20% de desempleo en el mes de julio (Fuente AQUÍ) o las 1.800 empresas que cerraron sólo en Cartagena durante toda la cuarentena (Fuente AQUÍ).

Ante tal escenario tan deprimente para el sector privado –único generador de riqueza–, es claro que la crisis social se agudizará a un ritmo igual o más acelerado que la económica. Y esto es así, ya que, se corta la única entrada de dinero para las familias. Pensar hoy, que cerrar nuevamente el país es la mejor opción, se convierte en la muerte directa del poco sector privado que sobrevivió a la primera cuarentena y con ella muere a su vez, la posibilidad de evitar seguir descendiendo en esta crisis social impulsada por el hambre.

UNA OPORTUNIDAD PARA EL TOTALITARISMO

Siguiendo la línea de la crisis, esta ha tocado fuertemente al debate político; volviéndolo incluso el más importante en el país. Todos los días las redes, las noticias y hasta las conversaciones casuales –esta última siempre apática a la política– se tiñen del pensamiento político de los tertulios y desencadenan, casi siempre, un fuerte debate sobre cómo afrontar este alud de tragedias que trajo el 2020.

Teniendo tal atmósfera permeada por el tema político –que causa profundas divisiones–, los totalitarios no pierden oportunidad para prometer la seca y la meca; en miras de obtener el poder con el que tanto fantasean. Y les recuerdo que todas esas promesas vacías, siempre tienen el no módico precio de tu propiedad, tu libertad o tu vida –más, si no eres afín a su causa revolucionaria–.

Ellos aprovechan esa desesperación que sientes por no llevar un plato de comida a tu casa, o ese miedo mezclado con odio que nace al enterarte que te despedirán. Lo saben explotar de una manera magistral, y te ponen en bandeja de plata a su arlequín de turno para que lo veas como tu enemigo y a ellos, por supuesto, como los salvadores del país.

#DesobedienciaCivil

Me siguen sobrando razones de peso para oponerme ante una nueva cuarentena estricta como el atropello hacia las libertades individuales, lo nocivo de la cuarentena para la democracia y la crisis de salud mental que trae consigo, sólo por mencionar algunas; que estaría encantado de abordar pero que el espacio no me lo permite, entre otras porque hay algo mucho más importante:

Debemos romper esas cadenas del miedo y afrontar con total valor el hecho que, como ciudadanía, no debemos permitir que el gobierno implemente una nueva cuarentena estricta y obligatoria. Y la única forma efectiva de lograr ello, es simplemente no acatando el mandato de llegar el momento.

No me mal interpreten, no estoy incitando a que ignoren deliberadamente todas las recomendaciones necesarias –y realmente válidas– para evitar el ritmo acelerado de contagio del virus, sino que únicamente no acaten, por las razones anteriormente expuestas, ese cavernario e innecesario confinamiento.