Economía Opinión Recomendados

Que la crisis la paguen los ricos

“Los empresarios se están haciendo más ricos a expensas de que los obreros se estén haciendo más pobres (dicen muchos) así que, para prevenir esto, necesitamos más impuestos para los ricos”



A menudo, cuando se habla de economía, la mayoría de las personas traen a sus mentes ideas de antagonismos entre distintos grupos: empresarios y asalariados, gente del común y burgueses, capital y trabajo, ricos y pobres. Donde un grupo crece devorando al otro.

Se traza un planteamiento donde la vida es una guerra sin cuartel de un grupo contra otro, básicamente un conflicto de clases. Este pensamiento ha sido el legado más fuerte de Karl Marx.

En particular, los impuestos progresivos son desarrollados con la intención de ayudar a los más pobres, pero como todo en economía, las buenas intenciones no importan, lo que importa son los resultados.

CONTRA LOS IMPUESTOS PROGRESIVOS

Los impuestos progresivos son aquellos que plantean “quitarle más recursos a aquellos que más tienen”. Un impuesto progresivo quiere decir que la tasa progresa en la medida que progresa el objeto imponible, sean las ganancias, las ventas, las rentas, etc.

El que nace rico, muere rico; el que nace pobre, muere pobre

Imaginemos una pirámide patrimonial, donde los que más tienen están en el vértice y los que menos tienen están en la base. Así, el que está en la base de la pirámide y sube un poco se le quita el 10%, luego sube otro poco y le quitan el 15%, sigue subiendo y le quitan el 50%, es decir, los impuestos progresivos imposibilitan de facto que los que están en la base de la pirámide lleguen al vértice, pues en la medida que intentan acercarse, más les arrebatan.

Así, hay un sistema feudal que se está estableciendo con los impuestos progresivos, que ataca una base importante de la sociedad y es la movilidad social. En un sistema abierto, el que está en el vértice y no sirve tiene que bajar con la velocidad necesaria y el que está en la base y sirve, tiene que subir con la velocidad necesaria.

En los países donde hay fuertes impuestos progresivos y hay movilidad social, es porque existe una alta evasión fiscal o son afortunados en la ruleta, pero dentro de ese sistema es imposible progresar.

Un ejemplo, son todas aquellas familias que se ubicaron en el vértice de la pirámide patrimonial en Colombia antes de los impuestos progresivos, y es el impuesto progresivo, a pesar de que se hace para castigar a los ricos, el que impide que les llegue competencia, es decir, los impuestos progresivos favorecen a las familias poderosas al eliminar a los que vienen de abajo a ocupar su lugar.

El impuesto progresivo es regresivo

Supongamos que se cobra un impuesto progresivo en una esquina de 90% a un sujeto, lo cual le genera una clara molestia con su gobierno, pues se apropió del 90% del fruto de su labor. Pero esa molestia no es el efecto más grave.

El efecto más grave, es que va a disminuir su tasa de inversión y el que está en la otra esquina, el que no sabe lo que pasa, el trabajador de a pie que jamás ha visto una declaración de renta, ni ha tenido que pagarle a un contador para que le llene los formularios y que posiblemente no sabe que es un impuesto progresivo, está pagando el golpe, porque su salario, qué podría ser $1’600.000 es de $800.000 porque la tasa de capitalización que se hubo de producir en la otra esquina no se produjo jamás gracias al impuesto progresivo.

Pese a lo que dice Marx, el capital no está en conflicto con el trabajo. Porque el progreso económico y nivel de vida de los últimos doscientos años, en realidad es fruto de la historia de armonía que existe entre los dos factores, del avance de la división de trabajo, del aumento de ahorro y de la acumulación de capital, del constante aumento en todo el mundo de los salarios reales.

Sería una gran historia si se nos permitiera seguir avanzando sin impedimentos y obstáculos.

La imposición progresiva es sólo una barrera, entre otras muchas que impiden este avance, perjudicando el nivel de vida de todos.

Existe una gran ignorancia, incluso entre los economistas, sobre el rol del capital y una gran hostilidad hacia aquellos que lo poseen.