¡Adelante con la revocatoria de Quintero Calle!

     

La realización de elecciones periódicas es el procedimiento de las democracias para deshacerse de los malos gobernantes. Cuando los votantes se equivocan, hay que armarse de paciencia y esperar a enmendar el error en la siguiente elección, confiando en que los daños causados no sean demasiado graves.

La revocatoria es un procedimiento excepcional para poner fin al mandato de un alcalde o un gobernador antes del término normal. Las condiciones de la revocatoria son exigentes, para evitar que se convierta en un mecanismo que le sirva a la oposición para entorpecer la gestión de los gobernantes. Solo debe recurrirse a ella cuando las cosas están insoportablemente mal como es el caso de Medellín con su alcalde Daniel Quintero.

El concejal Alfredo Ramos Maya ha hecho un listado de los 50 escándalos de desgobierno del alcalde Quintero, sin que nadie lo haya desmentido. Burocratismo, nepotismo, clientelismo, amiguismo, improvisación, dilapidación y toda clase de desafueros son las características de un pésimo mandato. Lo más protuberante es el manejo que el alcalde la ha dado a EPM, acabando con su gobierno corporativo y entronizándose en ella como despótico autócrata.

A parte de Ramos Maya, los demás concejales guardan un vergonzoso silencio comprado con prebendas burocráticas. También guardan silencio personajes de la política local, en particular algunos ex – alcaldes de la ciudad, cuya gestión ha sido calificada casi de truhanesca por Quintero Calle. Los gremios locales, igualmente maltratados como sus afiliados, se declaran neutrales, escudados en los estatutos de sus entidades. No imagino lo que habría sido del País si la ANDI se hubiera declarado neutral frente a la dictadura de Rojas Pinilla.

Supuestamente los procesos de revocatoria deben ser “sociales” o “cívicos”, al margen de la política. Esto es una hipocresía. La revocatoria, al igual que la elección, es un hecho político en sus consecuencias y en su motivación.

Pero no en términos de la política meramente partidista sino de la política como visión sobre el orden económico e institucional. Apoyo la revocatoria porque el alcalde Quintero representa una visión que rechazo totalmente. Es la visión de los enemigos de la economía de mercado y propiedad privada y de la democracia y las libertades.  Apoyo la revocatoria de Quintero, como apoyaría la de los alcaldes de Bogotá y Cali, porque las fuerzas políticas que representan son una grave amenaza para los pilares fundamentales de nuestra sociedad.

Las actuaciones de Quintero Calle – la destrucción del gobierno corporativo de EPM, el desmantelamiento de Ruta N, el estrangulamiento financiero de la CIB, sus ataques al empresariado antioqueño y la descarada utilización del presupuesto del Municipio para granjearse apoyos políticos – no son meros errores, resultado de la inexperiencia o la improvisación. Son acciones sistemáticas orientadas al debilitamiento de la actividad empresarial privada y al fortalecimiento de un aparato gubernamental puesto al servicio de los intereses de la izquierda totalitaria que busca alcanzar el poder en las elecciones presidenciales de 2022. Eso es lo que está en juego y lo mismo está ocurriendo en Bogotá y Cali. No nos llamemos a engaños.

Increíblemente no son pocos los dirigentes políticos, incluso de primer orden, que no se han percatado de lo que está ocurriendo y no ven en ello más que una repetición del juego clientelista de la política tradicional al que están habituados y que, abierta o soterradamente, brindan su apoyo a los alcaldes Bogotá, Medellín y Cali. La inconciencia es de tal magnitud, que una figura de la talla de Cesar Gaviria fanfarronea públicamente diciendo que Quintero es una ficha suya. Como los políticos venezolanos opuestos a Carlos Andrés Pérez que creían que Chávez era la ficha de ellos y que lo podían controlar.

Un proceso de revocatoria exitoso requiere grandes recursos humanos y económicos. Es ingenuo creer que las firmas requeridas para convocar la votación pueden ser recogidas por un puñado voluntarios tocando las puertas de sus vecinos. También es ingenuo imaginar que la gente concurrirá a los puestos de votación sin una vigorosa campaña de medios y propaganda similar en sus alcances a las de las elecciones cuyo resultado se trata de revocar. Además de buena voluntad se requiere gran activismo político e ingentes recursos financieros. Sin ello, la revocatoria está condenada al fracaso, lo que sería extremadamente grave pues ello redundaría en el fortalecimiento del alcalde Quintero y las fuerzas políticas de la izquierda totalitaria que representa. ¡Ojo con el 2022!

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Luis Guillermo Vélez Álvarez

Economista. Docente. Consultor ECSIM.

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