Un video viral no es una base electoral, es apenas un termometro de curiosidad… Confundir ruido con respaldo es el error que mas le esta costando caro a esta nueva generacion de aspirantes.
Abra Instagram un rato, el que sea, y seguramente se va a encontrar con lo mismo que yo: una persona posando frente a una alcaldia, una senora reunida con la comunidad mientras estrena un logo recien salido de Canva, un video de dron sobrevolando un parque y, de fondo, una voz prometiendo “cambiar la historia” de su municipio. Todo parece nuevo, urgente y trascendental. Todos tienen la misma cara de estar descubriendo la politica por primera vez. Y, en cierta forma, asi es.
Colombia esta viviendo un verdadero estallido de precandidatos. Apenas termina una eleccion y ya empieza la carrera por la siguiente: concejos, alcaldias, asambleas y gobernaciones. Aparecen politicos que dejan sus cargos, lideres barriales que de repente estrenan tarjeta de presentacion, empresarios, dirigentes sociales e influenciadores locales que descubren que “servidor publico” suena mucho mejor que “creador de contenido”. La politica, como toda fiebre, se contagia rapido cuando hay ganas de poder, oportunidades abiertas y una buena dosis de ambicion.
Y no esta mal que aparezcan nuevos nombres. Al contrario, una democracia necesita ciudadanos dispuestos a participar, a cuestionar a quienes gobiernan y a proponer nuevas maneras de hacer las cosas. El problema no es cuantos precandidatos estan apareciendo, sino cuantos realmente saben para que estan entrando en politica.
Porque algunos si estan haciendo la tarea. Conocen su territorio, escuchan a la gente, tienen claro que problema quieren ayudar a resolver y pueden explicar su proposito sin necesidad de un discurso de veinte minutos. Han entendido que la reputacion no se construye de un dia para otro y que una buena imagen no reemplaza una buena propuesta. Saben, ademas, que las redes sociales son una herramienta para acercarse a la gente, pero que la politica todavia se construye caminando barrios, conversando con comunidades y entendiendo lo que pasa mas alla de una pantalla.
El problema es que esos todavia son pocos. La mayoria parece estar disparando al aire. Ven una coyuntura, un tema polemico o una indignacion del momento y publican. Despues vuelven a publicar porque sienten que tienen que “mantenerse activos”. Si un video funciona, repiten la formula; si no funciona, cambian de tono, de formato o de discurso. Un dia hablan de seguridad, al siguiente de cultura y al otro de movilidad, sin que nadie entienda cual es realmente la causa que quieren defender. Hay contenido, pero no necesariamente hay estrategia.
Y aqui las redes tienen buena parte de la responsabilidad. Los algoritmos no preguntan si un candidato tiene un diagnostico serio del territorio, si conoce sus problemas o si tiene una propuesta viable. Preguntan, en la practica, si logro llamar la atencion. Y eso puede llevar a muchos aspirantes a confundir visibilidad con respaldo.
Un video viral no es una base electoral, es apenas un termometro de curiosidad… Confundir ruido con respaldo es el error que mas le esta costando caro a esta nueva generacion de aspirantes.
La viralidad puede significar que algo llamo la atencion, que genero curiosidad o que provoco una conversacion. Pero un like no es un compromiso electoral. La gente comparte lo divertido, lo indignante y lo polemico, pero eso no significa que el dia de las elecciones vaya a madrugar, hacer fila y votar por quien vio durante treinta segundos en Instagram.
Ahi esta una de las grandes trampas de esta nueva politica digital: confundir ruido con respaldo. Algunos pueden llegar a 2027 con millones de reproducciones y descubrir, demasiado tarde, que son conocidos en el feed, pero no en el territorio.
Y eso no solo termina perjudicando al precandidato improvisado. Tambien termina cansando al ciudadano. Cuando todos prometen cambiarlo todo, cuando todos tienen el mismo discurso y cuando cada semana aparece una nueva cara diciendo que ahora si llego el momento del cambio, la gente deja de escuchar. Y cuando la ciudadania se cansa de escuchar, paradojicamente, terminan ganando los mismos de siempre: quienes ya tienen estructura, reconocimiento y equipos construidos durante anos.
Entonces, cual es la diferencia entre construir una imagen y simplemente hacer ruido? La respuesta esta en la intencion. Quien construye sabe para que habla. Cada video, cada reunion, cada publicacion y cada aparicion publica tiene un proposito dentro de una historia mayor. Quien dispara al aire, en cambio, publica porque siente que tiene que publicar, porque alguien le dijo que “hay que moverse en redes” o porque vio que al vecino le funciono.
Uno construye una casa. El otro simplemente apila ladrillos.
Por eso, para quienes estan pensando en dar el paso hacia una precandidatura, la pregunta mas importante hoy no deberia ser “que publico esta semana?”, sino “que historia estoy construyendo y para quien?”. Porque la politica empieza mucho antes de prender la camara. Empieza cuando hay claridad sobre lo que se quiere defender, a quien se quiere representar y que se esta dispuesto a transformar.
Las redes pueden ayudar a construir comunidad, generar conversacion y ganar visibilidad. Pero por si solas no construyen legitimidad. Para eso todavia hacen falta territorio, coherencia, escucha y una causa que la gente pueda entender sin necesidad de traductor.
El estallido de precandidatos seguramente seguira creciendo de aqui a 2027. Veremos mas logos y flyer con IA, mas videos, mas drones, mas reuniones y muchas mas promesas de “cambiar la historia”.
La verdadera pregunta sera otra: cuantos seguiran disparando al aire y cuantos habran aprendido, por fin, a apuntar?














Comentar