Ando leyendo el libro If Russia Wins: A Scenario, de Carlo Masala, un bestseller en Alemania durante 2025 y en 2026 en Holanda. Disponible en una buena traducción al inglés, constituye un planteamiento de las configuraciones venideras del sistema internacional en caso de que se consume la victoria rusa en la guerra de Ucrania.
Desde luego, esta victoria sería resultado exclusivo del desgaste y la fatiga de los actuales gobiernos y comicios de Occidente. Después de años de subsidiar a Ucrania, los Estados Unidos y los principales gobiernos de Europa Occidental obligarían a Volodímir Zelenski a firmar un “acuerdo de paz” que ceda el territorio perdido a Rusia.
A partir de ese momento, Rusia se envalentonaría para atacar otros territorios. En ese caso, comenzaría por países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Podría empezar con una isla noruega o una pequeña población estoniana, según la interpretación del autor.
Hecho esto, Rusia transmitiría a Occidente, por todos los canales diplomáticos, su disposición a usar armas nucleares si alguien se atreve a oponerse a sus aventuras militares. Bajo el pretexto de reanexión de antiguos territorios soviéticos con hablantes rusos, Moscú estaría interesado en conquistar gradualmente una nueva posición imperial.
La división interna en la OTAN, debida a la posición estadunidense —encabezada o no por Donald Trump, pero ciertamente por alguien afín a su apreciación del pacto del Atlántico—, produciría el golpe mortal a la organización. Varios países considerarían que no tiene sentido ir a la guerra por territorios tan insignificantes, y mucho menos a una guerra nuclear. Incluso partidos políticos europeos en la oposición podrían pensar lo mismo que sus gobiernos.
La advertencia
El hartazgo frente a la guerra podría llevar a hacerle concesiones excesivas al Kremlin. Adicionalmente, China apoyaría a su aliado estratégico Rusia mediante la creación de focos de tensión bélica potenciales en Asia para distraer la atención y los recursos del ejército o la marina estadounidenses.
En tales condiciones, Rusia multiplicaría sus posibilidades de éxito a largo plazo en la redefinición del orden mundial. No tiene mucho sentido esperar que Alemania, por ejemplo, defienda la OTAN si Francia no está dispuesta a hacerlo. El mero incumplimiento del Artículo N.º 5, que obliga a defender a cualquier integrante de la organización de toda forma de agresión militar, conduciría a la pérdida inmediata de credibilidad de dicha institución.
Y aquí aplican aquellas famosas palabras de Milan Kundera: «los amores son como los imperios: cuando desaparece la idea sobre la cual han sido construidos, perecen ellos también». Ocurre lo mismo con las instituciones internacionales. El autor insiste en que su planteamiento no es un pronóstico inequívoco del futuro: se trata, precisamente, de conjurar la posibilidad de que se produzca.
Escribe, dice, con la finalidad de que se tomen las medidas pertinentes para evitar la materialización de su escenario. No obstante, a un año de su publicación, el libro parece más una obra profética que un ejercicio de prospectiva.
Si usted quiere leer un texto profesional sobre la evaluación de escenarios políticos, no deje de leer este libro. Encontrará no solo una advertencia premonitoria, sino una muestra de seriedad intelectual en el análisis de la realidad internacional.
Esta columna fue publicada originalmente en El Insubordinado.














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