Noviolencia: Una filosofía, un camino, una esperanza necesaria

Cuando el gobernador Guillermo Gaviria Correa decidió que la Noviolencia sería el eje filosófico de su mandato llovieron preguntas: las de los detractores, por supuesto, que hasta lo acusaron de violar la Constitución; las de los escépticos, tan necesarios siempre porque ayudan a pulir las ideas y a encontrar los límites, y las de quienes buscábamos entender cómo iría a gobernar representando un proyecto de resistencia a la segregación, la discriminación, la injusticia o la ocupación del país; me confieso entre los últimos, aunque ignorante porque hasta entonces apenas si me interesaba oírle a mi hermana sus ideas sobre paz y Noviolencia.

Cuando el gobernador de Antioquia tomó esa opción por supuesto también era necesario preguntarse si esa filosofía de Noviolencia se enfocaría exclusivamente en la búsqueda de salidas al conflicto desatado por guerrilleros y paramilitares y agravado por políticas equivocadas del Estado. Era una esperanza para un momento en que los guerreros se mostraban las armas -como hoy se muestran las opciones de fuerza- pero no podía ser tan limitada, decíamos quienes esperamos que algún día, no lejano, sea posible que Colombia quiebre la desigualdad, la corrupción, los crímenes contra la vida humana y la naturaleza, la impunidad y las injusticias.

Escribo con gratitud con los hombres que extrañaré por siempre; con respeto inmenso por quienes han enfrentado la injusta pérdida o amenaza a su libertad, y con pudor que no voy a callar, dada mi cercanía con quienes se empecinaron, se empecinan, en buscar nuevos caminos. Me disculpo por lo personal.

Durante su secuestro y silenciamiento por las Farc, el gobernador Guillermo Gaviria Correa y el comisionado de paz, exministro Gilberto Echeverri Mejía, siguieron entregándolo todo a la Noviolencia y Antioquia. Cada día escribieron cartas o testimonios que evidencian sus convicciones y liderazgo. El Diario de un gobernador secuestrado y Bitácora del Cautiverio, explicaron con esperanza la visión, ideales y proyectos, a través de los cuales un gobernante Noviolento puede transformar el Estado y su relación con la sociedad. Su legado es ruta para hacer posible el bien para todos, camino de transformación para vivir juntos entre distintos.

La propuesta, un reto inmenso en los años 2002-2003, cuando fue escrita, es necesidad apremiante hoy: Habla de gobernar mirando a quienes más necesitan del Estado para acceder a los derechos constitucionales; de trabajar por la paz con justicia material y social; de cómo generar oportunidades que sí forjen equidad, y de la participación ciudadana eficaz, que produzca transformaciones en las vidas, como pilar del reconocimiento de los otros, de la inclusión. Leerlos hace añorar a quienes gobernaban para todos, para cuidar y mejorar la vida.

El 5 de mayo de 2021, el día en que se cumplían los 18 años del asesinato de su hermano, Aníbal Gaviria era el gobernador de Antioquia secuestrado por orden de la Fiscalía General de la Nación, tan presta por aquellas calendas a los falsos positivos judiciales. Ese día empezó a escribir las conversaciones mentales que había mantenido con su hermano Guillermo, de quien recibió el legado, casi mandato, para seguir trabajando por la Antioquia Nueva desde los principios de la Noviolencia. A esa primera conversación    le siguieron otras quince que también son un fuerte testimonio de cómo gobernar desde la filosofía de Cristo, Tolstoi, Gandhi, Martin Luther King, Mandela.

En Cartas a mi hermano no hay grandes pretensiones literarias de quien no se destaca por su elocuencia, queda, sí, un testimonio de pensamiento, diálogos y acciones, del líder pragmático que recogió, continuó, reformó, transformó y adecuó los sueños de su legatario, para que la Marcha de la Noviolencia siguiera su camino hacia la reconciliación integral de una sociedad herida por la falta de libertad, la segregación, la exclusión, la inequidad, la violencia. Participar para darle forma a los sueños; tender puentes para más oportunidades y nuevos encuentros; cuidar todas las vidas, los ecosistemas; construir oportunidades para forjar sueños.

Tres libros, tres hombres diferentes, logran encontrar un camino de esperanza, diálogo para buscar acuerdos posibles, respeto para todos y reconocimiento de lo común. Qué lección grande para volver a empezar a soñar.

Luz María Tobón Vallejo

Periodista. Exdirectora del periódico El Mundo, profesora, investigadora en comunicación.
Actualmente lidera la Iniciativa por la Minería Consciente, un proyecto de la sociedad civil por el diálogo social y la comunicación pública en entornos mineros.

Comentar

Haga clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.