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Una coalición amplia y diversa se fue configurando ante la amenaza fascista. Desde las comunidades de fe hasta las colectividades libertarias. Una alianza por la vida que logró concitar ambientalistas, feministas, pueblos indígenas, comunidades campesinas, organizaciones agrarias, sindicales, populares, ONG’s y cooperativas; gestores comunitarios del agua y la energía -los verdes-, esa multipartidaria confluencia que fundó el Pacto Histórico y también sectores conservadores y liberales.
Un bloque histórico en crisis muestra esta contienda electoral, pues la hegemonía de los sectores dominantes se hace porosa ante la llegada de un gobierno como el liderado por Gustavo Petro Orrego, que en cuatro años ha logrado generar una movilización sinigual del pueblo colombiano y un cambio en la cultura política de la nación. Esta retoma del poder por parte de las derechas interrumpe ese proceso de cambio social y cultural. La más alta participación electoral en la historia de Colombia y unas elecciones empatadas en las que con seguridad hubo acciones fraudulentas, injerencia extrajera, manipulación a través de la IA y las redes sociales. Se requerían un número contundente de votos de diferencia a favor del Frente por la Vida que marcara la diferencia de manera clara. Este porcentaje de diferencia del 0,95% lleva a una cierta expresión anestesiante: “casi lo logramos”, “crecimos mucho y faltó poco”, solo en el futuro se sabrá con certeza el resultado final y el gobierno ya se habrá establecido y “legalizado”.
Cuando decimos que hay una profunda crisis de esa hegemonía lo comprobamos cuando, para acceder al poder del gobierno, tienen que recurrir a estos ardides, a la violación de nuestra soberanía mediante la injerencia de gobiernos extranjeros en nuestras elecciones, a la mentira en las redes, a la violencia, a la compra descarada de votos; de otra manera no les sería posible ante una participación política incidente de las gentes de la Colombia profunda, que se tomaron en serio la disputa del poder del Estado y del gobierno y comprendieron la importancia de esta participación política.
Este concepto de Gramsci, bloque histórico, puede permitir comprender esta disputa de hegemonías y contrahegemonías en la Colombia de hoy, puede dar cuenta de una realidad histórica determinada y sirve para comprender el momento y sus desenlaces posibles. Se está constituyendo en Colombia una nueva hegemonía dentro de ese bloque histórico en crisis, y es este un proceso acumulativo que no se da de golpe, es acumulativo y con altibajos. Una perspectiva republicana popular se asienta en la expresión autónoma de las juventudes y las mujeres, de los pueblos indígenas y las comunidades campesinas, de las comunidades afrodescendientes, negras, raizales y palenqueras, de las trabajadores y trabajadoras sindicalizadas, de las organizaciones de víctimas, de las organizaciones ambientalistas, de las redes, de Gestores comunitarios del agua, de plataformas y de federaciones agrarias y sindicales que aumentaron su protagonismo y resonaron con voz propia en este gobierno que termina, en una actuación política incidente buscando transformaciones legales y normativas y políticas públicas favorables a sus intereses y luchas.
Se avanzó, se mostró un camino posible, se gobernó sin tener el poder del Estado y en colisión con estos poderes, tomados por agentes de la hegemonía neoliberal y mafiosa que controlan magistrados, jueces, funcionarios de los organismos de control, los medios de comunicación y además tienen la mayoría en el congreso. Queda una agenda de reformas inconclusa y que puede reversar en sus logros básicos.
Se avanzó en la recuperación de lo público en ámbitos estratégicos como la salud, la educación, las instituciones agrarias, la dignificación y modernización de la fuerza pública. Se destaca una cierta aproximación a una reforma agraria, pues en las condiciones de correlación de fuerzas actual es muy difícil hacer una revolución agraria como la que el país necesita. Con el reconocimiento al campesinado como sujeto de derechos, los avances en la materialización del Acuerdo de Paz en lo que a entrega de tierras se refiere, se estaban creando las condiciones para una profundización de este proceso, condición básica para la soberanía alimentaria y la paz de Colombia: la materialización en normativas más concretas de los derechos humanos, sexuales y reproductivos de las mujeres, y las prevención y sanción de las violencias basadas en género. Se entrega un país con una tasa de inflación en el 5,84%, el desempleo en el 8,8% -dato histórico y el más bajo del siglo XXI-, un salario mínimo en dos millones de pesos, un déficit fiscal en el 6,4%, un aumento notable de la inversión extranjera y un gran etcétera de logros que se han destacado en informes y columnas. Se destaca también la agenda a una transición justa y sus avances, la postura ante la crisis ambiental, el cambio climático y la defensa de la institucionalidad de un gobierno mundial basado en los derechos humanos como consenso global, el cual está en crisis por el unilateralismo de Estados Unidos e Israel y sus crímenes contra la humanidad.
¿Qué hacer?
Dice Iván Cepeda que “somos la fuerza serena del cambio social” … y esta frase es en sí misma una convocatoria a la entereza y a la comprensión del momento. Un momento para cuidarse de las derechas fachas y cuidar los derechos conquistados. El bloque histórico que muestra esas grietas, esas fisuras, puede devenir en uno nuevo si el núcleo básico de este partido-movimiento, hoy denominado Pacto Histórico, comprende que no puede ser un partido vertical y autoritario, y que debe saber relacionarse con la amplitud del espectro político y social que se junta. No puede suplantar los movimientos sociales y tiene que aprender a mandar obedeciendo. Sus votos seguros, los de un primer círculo, pueden ser de alrededor cuatro millones, el resto es, con certeza, la multitud multicolor que se movilizó en caravanas por ríos y mares, por calles y montañas, y que tiene la claridad de que su poder esta en el territorio y en esa producción de lo común en el vecindario y la comunidad, en la asociación y la cooperativa, en el acueducto comunitario y la junta de Acción comunal. No estamos para vanguardias iluminadas.
Unas elecciones locales y regionales en las que este frente por la vida tiene que garantizar la unidad para lograr cientos de alcaldías y muchas gobernaciones. Muchas concejalías, muchos y muchas ediles. Un poder desde abajo que va de lo municipal a lo nacional. Un poder instituyente anclado en los territorios con la agenda de consenso que se ha construido en este proceso.
Un nuevo bloque histórico, con la hegemonía de lo popular en su diversidad, se basa en la autonomía popular y comunitaria, en las economías populares, en el poder que somos, base del poder que seremos. En un estado social de derecho que haga realidad la democracia participativa y garantice la sustentabilidad de la vida protegiendo el agua y los bienes naturales comunes, haciendo una transición energética justa. Una empresa productiva y no extractiva ni especulativa y una soberanía sobre nuestra territorialidad toda.
La marcha de cuatro años que anuncia Iván Cepeda en su discurso de agradecimiento a la épica votación chocoana es una senda de pacífica movilización y cuidado de los procesos y movimientos. Es tiempo de cuidarnos, y nos cuidamos en la movilización creativa y propositiva. Crecer la confianza, la solidaridad y el amor. Así como el pueblo se reconoce como sujeto de su destino, el Pacto Histórico como partido-movimiento debe reconocerle en su autonomía y comprender su rol como formación política antiautoritaria. El pacto histórico tiene que hacer y ser en democracia, de lo contrario este proceso acumulativo de poder se truncará en las lógicas que ya reconocemos en la historia de las luchas por el control y el poder en negativo dentro de las formaciones políticas tipo partido.
El proyecto global fascista se nos metió en la casa y si no se responde con la creatividad de la COMUN-UNIDAD puede venir un largo período trágico para nuestro pueblo, como se evidencia en lo que acontece en Argentina, en Ecuador, en Honduras y en El Salvador. Una larga marcha por la Colombia profunda para proteger el derecho a la protesta pacífica y a la desobediencia civil. Una larga marcha para mantener tensos los hilos de la trama de la vida. Una marcha que permita resistir, oponerse y continuar la vida colectiva en paz. Ante un gobierno moralmente ilegitimo ante el mundo democrático mundial, un gobierno impuesto mediante fraudulentas acciones, consolidar las organizaciones y los procesos. No es tiempo de arriesgarse ante la violenta provocación; es tiempo de organización, de estudio, de cuidado. No se puede caer en heroísmos y sacrificios innecesarios. Es necesario juntarse, cuidarse y claro, participar, incidir, proponer y protestar con la seguridad y la confianza que nos da la comunidad, la colectividad.
Con Iván Cepeda y su serena conducción, Colombia tiene la sinigual oportunidad de trocar el sentido común en un buen sentido, con su filosofía de la no-violencia se puede ahondar en la cultura liberadora, en la resistencia que se hace poder, poder hacer, poder vivir, permanecer en nuestros territorios con dignidad, justicia y democracia.













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