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“Qué buscamos los trabajadores en la salud pública? Obviamente, una población sana. ¿Es eso posible en Colombia, en la Colombia actual o en la Colombia futura? La respuesta a esta pregunta fundamental no puede ser ni sí ni no. La única respuesta a esta pregunta, de un salubrista que se respete es la siguiente: tiene que ser posible.”
Ganamos los colombianos el primer partido del mundial que juega nuestra selección, aunque es cuestionable este año el mundial, porque según investigadores estiman que el Mundial este año generará cerca de nueve millones de CO2, casi el doble del promedio de la historia. (Scientist Global Responsibility and Environmental Defense Fund).
Celebrando gol tras gol, que por cierto estuvo muy bien nuestra selección, sin desmeritar el trabajo del contrincante, pero hay una duda que hasta hoy la pongo de manifiesto y es: ¿cuándo ganaremos entre nosotros los colombianos? ¿Hasta cuándo ganaremos eso tan elemental que es el derecho por la vida? ¿cuándo nos los vamos a ganar por pensar diferente, por el simplemente hecho de ser humanos? En el discurso de posesión de la Asamblea Popular por los derechos humano aquel 6 de diciembre de 1985 Héctor Abad decía, “nos estamos matando entre colombianos, colombianos pobres con otros colombianos pobres, ¿Hasta cuándo?” Hoy nos deberíamos seguir preguntando lo mismo ¿Hasta Cuándo?
Hoy, Colombia se disputa entre dos visiones de cómo debería ser el sistema de Salud Colombiano, creado mediante la ley 100 de 1993:
Uno que piensa en entregarle más plata a un sistema que no da cuentas en que se va la plata, mientras los hospitales sufren una crisis financiera, sobre todo los públicos; y otra que propone una reforma integral, una que propone un modelo preventivo, con un enfoque de atención primaria, quiere decir, los Conocidos Equipos Básicos de Salud, que van puerta a puerta realizando tamizajes a todos los integrantes de las familias, para ver cómo está su estado de salud; y así, diagnosticar a tiempo en caso de que la persona tenga alguna patología o que esté expuesto a un riesgo que pueda afectar su salud y que esta persona pueda ser tratada a tiempo. Entre otras cosas, como un diálogo amplio entre todos los sectores involucrados en este asunto tan elemental como es la vida, y no como ha pasado siempre, que la enfermedad es un negocio. Les preguntó a los colombianos y colombianas ¿Qué necesita Colombia en estos momentos? Es lo que uno debería estarse uno preguntando en tiempos electorales, en conflictos de todo tipo que sufre este país, ¿más guerra, más violencia hacia los niños, niñas y adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos? Me parece que la violencia en colombiana no ha cesado.
“La Precariedad Laboral en Colombia: Una crisis social y de Salud Pública…” como lo relata el informe realizado conjunto la Universidad de Antioquia el país, La Escuela Nacional Sindical y la Universidad Nacional” de como las malas condiciones de trabajo afectan la salud de los trabajadores en todas sus esferas, mental, física, social, los bajos salarios…
Como dice el Médico, Salubrista, pionero en Salud Pública en Colombia. Justicia Social es respetar y garantizar los derechos básicos de un ser humano, una vivienda digna, un trabajo digno, una educación para todos y de calidad, agua potable, alimento; Pero eso aún no pasa en Colombia, me pregunto o es lo que debería estanos preguntando ¿qué necesita Colombia? “¿Explotar el suelo a diestra y siniestra” Sabiendo que el suelo es el que no permite tener los nutrientes suficientes para cosechar los alimentos? ¿y qué pasaría si el suelo pierde su fertilidad? En plena crisis climática, que no solo es una crisis climática, sino una crisis social, que no solo vive Colombia, sino también el mundo en general, (Revista Science Direct) (Programa marco Naciones Unidas para el Medio ambiente – PMNUMA) aumento de enfermedades transmitidas por vectores, posibles racionamientos de agua casi que es lo más seguro, movilizaciones sociales, dado que por altas temperaturas ni la vida humana y no humana no van a poder soportar en ciertos lugares del planeta… Un momento tan crucial en dónde se tiene que estar pensando en cómo garantizar la soberanía alimentaria de las naciones, y Colombia que es el segundo país más biodiverso del mundo y cuándo más necesitamos la conservación de los bienes comunes que nos provee la tierra ¿vamos a ver la tierra como mercancía? ¿Qué hay de las generaciones presentes y que se viene para generaciones futuras?
Otro dato que me parece interesante es importante destacar, y en que sabían ustedes que Colombia está dentro de los diez países más ricos de agua dulce en el mundo, según la Organización de las Naciones Unidas, y aún hay cientos de personas que viven sin agua potable en el país, les pregunto ¿Eso es justicia Social? solo basta con mirar las estadísticas de salud: “Así vamos en salud” justamente una iniciativa que nace en 2002 de cara al proceso presidencial de ese entonces, y esa misma estrategia que hoy nos muestra que las personas más afectadas por Hepatitis A, una enfermedad viral que afecta el hígado, que da por consumir alimentos o agua contaminada y que son los niños menores de 5 años, sobre todo menores de 1 año que más padecen esta enfermedad.
Además de las enfermedades sociales que padece este país, como la violencia sexual, física, psicológica Eso por poner un ejemplo de las condiciones materiales con la que se inicia la vida en Colombia. Ni evitar que sucede eso le garantizamos a los niños y niñas. Como ordena la constitución; dicho por el Maestro Abad: el fanatismo, la intolerancia, la poca empatía entre nosotros mismos, como muchas otras enfermedades padece este país, Colombia es un país enfermo, “no podemos tratar una enfermedad con otra enfermedad” …
Dicho todo esto, les pregunto una vez más: ¿Colombia necesita más división, más conflictos o necesita una unión de fuerzas, de talentos, de mentes brillantes, de creatividad para alcanzar un estado máximo de bienestar? “No puede, ni debe ser posible, tiene que ser posible”
«No hemos alcanzado ni con mucho las justicias política, económica, social y cultural necesarias para que toda nuestra población pueda llamarse culta y civilizada. Pero el hecho mismo de que muchos de nosotros nos estemos dando cuenta de todo esto y de que lo reconozcamos, humilde y con objetividad y con realismo, es un signo de esperanza». Héctor Abad Gómez
El legado del maestro no murió con el, su legado permanece vivo y seguirá vivo mientras sigamos habitando su casa, la casa de todos.













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