LOGOI – VERSALLES

Esta columna es un espacio dedicado a la búsqueda del sentido de las palabras. Un ejercicio arqueológico, etimológico y, si se puede decir, biográfico. Cada entrega nos permitirá conocer la historia, el significado, el uso y el sentido de una palabra.  Mauricio A. Montoya.

Versalles, actual territorio de la región parisina y capital del departamento de Yvelines, fue en sus orígenes la denominación de un linaje familiar noble (Versalis) que era el dueño de los terrenos en donde se levantan hoy la ciudad y un palacio real que lleva el mismo nombre. Registros del siglo XI (1038) documentan a Hugo Versalis como uno de los primeros propietarios del lugar, que era usado para labores agrícolas.

Tras un periodo de prosperidad, la peste negra (siglo XIV) y la guerra de los 100 años (siglos XIV y XV) diezmaron a la población y destruyeron la infraestructura. La recuperación se hizo lenta. Sin embargo, en el siglo XVI Albert de Gondi, un florentino que había arrivado a Francia con Catalina de Medici, adquirió los predios y posteriormente sus herederos invitaron, con frecuencia, al delfín Luis XIII para que practicara allí la caza, una de las mayores aficiones del futuro monarca.

En 1622, el rey Luis XIII compró una parte de los bosques de la zona y años antes de su muerte (1643) ya era dueño del señorío entero, en el que construyó un castillo colindante con un pueblo que contabilizaba, para ese momento, un total de 1000 residentes. Versalles se vislumbraba como un nuevo centro del poder.

Con Luis XIV en el trono, los rumores sobre un traslado de la regencia a Versalles se hicieron cada vez más fuertes. El rey sol, como era conocido, conminó a un grupo de arquitectos y artistas para que adecuaran el palacio y en 1682 desplazó la corte hasta allí. Por aquellos mismos tiempos se hicieron famosas las aventuras de los mosqueteros –Athos, Porthos, Aramis y el joven D’Artagnan–, inmortalizados en el siglo XIX en las novelas de Alejandro Dumas.

El palacio de Versalles fue epicentro de otros reinados y testigo de cómo una muchedumbre revolucionaria irrumpió en él, en octubre de 1789, para obligar a Luis XVI y a su esposa, Maria Antonieta, a regresar a París. Los agentes revolucionarios subastaron algunos de los objetos lujosos que se guardaban en el palacio para financiar la revolución; mientras que otros enseres, como las obras de arte, fueron enviados al edificio que años más tarde albergaría al museo del Louvre. El palacio se convirtió en museo por orden del rey Luis Felipe I en 1837. El objetivo central era honrar la memoria gloriosa de Francia.

Pero fue la Galería de los Espejos, uno de los salones más imponentes de la construcción, la que alcanzó un protagonismo sin par en los años venideros. En febrero de 1871, delegados de Francia y Prusia se reunieron allí para firmar la capitulación francesa tras su derrota en la guerra franco-prusiana. Un par de meses después, en el Tratado de Frankfurt, Francia tuvo que indemnizar a Prusia con 5.000 millones de francos y ceder los territorios de Alsacia y Lorena al segundo imperio Alemán (II Reich) que se había proclamado en el mes de enero en la misma Galería de los Espejos en Versalles.

Para 1919, el mismo salón de los espejos presenció la firma del Tratado de Versalles, con el que se daba fin a la Primera Guerra Mundial, pero que se transformó en el caldo de cultivo para el inicio de la Segunda Guerra Mundial, todo debido a las sanciones impuestas a los alemanes, quienes despertaron su nacionalismo y deseo de venganza, materializado en el proyecto nacionalsocialista predicado por Adolf Hitler y su movimiento político.

Hace tan solo unos días y en los márgenes de la cumbre del G7, el presidente francés, Emmanuel Macrón, acompañó a su homólogo norteamericano, Donald Trump, a la Galería de los Espejos de Versalles, en donde, en esta ocasión, Trump firmó un memorando de entendimiento con el propósito de poner fin al conflicto con la República Islámica de Irán y reactivar la economía del mundo en espacios estratégicos como el estrecho de Ormuz. El texto de 14 puntos ha sido visto por políticos y analistas estadounidenses como una estrepitosa derrota. Senadores como Bill Cassidy han afirmado que “Reagan debe estar revolcándose en su tumba”.  

Todo esto último puede resultar paradójico. No obstante, para el suscrito no es más que una estrategia de Trump que busca beneficiar sus emporios económicos y los de sus amigos en la reconstrucción de Irán y la explotación de sus recursos, así como también lo ha manifestado para los casos de Gaza y Ucrania. No podemos olvidar que el mismo Trump,  cuando ejercía como presidente en su primer mandato, suscribió, en febrero de 2020, el Acuerdo de Doha en el que se comprometía a retirar las tropas de Afganistán y entregarle el gobierno a los talibanes afganos, siempre y cuando estos accedieran, tácita o soterradamente, a que las empresas norteamericanas tuvieran contratos o concesiones para reconstruir el país. En asuntos de la geopolítica no hay que ser tan ingenuos.

 

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Esta columna es un espacio dedicado a la búsqueda del sentido de las palabras. Un ejercicio arqueológico, etimológico y, si se puede decir, biográfico. Cada entrega nos permitirá conocer la historia, el significado, el uso y el sentido de una palabra. Por: Mauricio Montoya y Fernando Montoya

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