Disfrutemos de los grandes

Como seres humanos, somos competitivos y por eso tenemos tendencia a comparar para ver quién es mejor. Ahora que estamos en modo Mundial, el que será el último de Messi y Cristiano Ronaldo, recuerdo que en el prime de estos dos históricos del fútbol, cuando el primero estaba en Barcelona y el segundo en el Real Madrid, yo era fan del portugués y siempre quería que venciera al argentino. Incluso hoy, me sorprende ver a niños que los siguen teniendo de referentes -a pesar de están en sus últimos años de estar al más alto nivel- y que a la vez corroboran esa tendencia nuestra de comparar. He oído a niños que les gusta Cristiano, menospreciar a Messi diciéndole “Pessi”.

En Fórmula 1, otro deporte que me apasiona se suele comparar a los pilotos de distintas épocas para tratar de establecer cuál es el mejor de todos los tiempos, cuando en realidad es difícil hacerlo porque cada época tiene contextos diferentes, en el caso de la Fórmula 1 antes había menos carreras y autos con menos tecnología que hoy. Por lo tanto, los pilotos de hoy pueden batir récords como lograr mayor número de victorias y podios.

Lo objetivo sería medir a los mejores de acuerdo con sus títulos, pero en deportes colectivos como los anteriormente mencionados, no siempre el talento se ve recompensado. Jugadores como Johan Cruyff, que para muchos está entre los mejores de la historia, nunca logró ser campeón del mundo con su país y otros grandes pilotos como Fernando Alonso quien destronó al siete veces campeón del mundo Michael Schumacher, se quedó en dos campeonatos mundiales cuando muchos analistas del deporte lo veían logrando más mundiales que desde hace veinte años no consigue.

El hecho de tengamos preferencias o gustos particulares no significa que no podamos reconocer la grandeza de los que no están dentro de nuestros afectos. La riqueza que tenemos como seres humanos y lo que nos ha hecho avanzar más que cualquier otra especie animal es la diversidad de talentos y pensamientos que poseemos.

Esto para decir que considero importante reconocer las virtudes de las personas y que, en el caso de los futbolistas, está bien tener favoritos pero  eso no nos debe impedir reconocer a otros jugadores que pueden ser rivales pero que también juegan bien. Es mejor disfrutar de los múltiples talentos y gozar del show.

No es necesario desconocer o descalificar a quien también tiene méritos. Lamentablemente con la resonancia que generan las redes sociales, lo que más vende son los descalificativos, los montajes y la creación de noticias falsas para acabar la reputación del otro. ¿Será posible que algún día haya una sociedad que reconozca la grandeza que pueda tener su rival y que pueda construir en medio de su diversidad? ¿Una sociedad que no tenga que descalificar al otro por pensar diferente?

Messi y Cristiano lo han logrado. Se reconocen mutuamente. Hamilton y Verstappen que en 2021 tuvieron una de las luchas más intensas por un campeonato mundial en la historia de la Fórmula 1, que terminó a favor del neerlandés con polémica, hoy también lo hacen.

Cuando reconocemos a nuestro contrincante -sin verlo como enemigo- tenemos empatía y las condiciones para que haya un entorno en el que quepamos todos.    

*Mis artículos no representan a mi empleador.

 

 

José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

Nota al pie: El columnista tiene o ha tenido vinculación laboral con la minera AngloGold Ashanti. 

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