Colombia entre el miedo, la esperanza y el cambio

Para nadie es un secreto que las campañas electorales en Colombia se han convertido, con el paso de los años, en escenarios cada vez más tensos, más polarizados y más cargados de emociones. Lo que antes eran debates de ideas, hoy parecen verdaderas batallas donde se enfrentan dos visiones completamente distintas del país.

La campaña presidencial de este año no ha sido la excepción. Por el contrario, ha llevado esa polarización a niveles que pocos imaginaban.

Hemos visto cómo millones de colombianos se han agrupado alrededor de proyectos políticos que representan no solo programas de gobierno, sino también temores, esperanzas y profundas convicciones sobre el futuro de la nación.

Dentro de ese escenario, resulta imposible desconocer el fenómeno político que representa Abelardo de la Espriella. Más allá de las simpatías o diferencias que pueda generar, su llegada a la segunda vuelta constituye un hecho político de enorme relevancia. Se trata de una figura que, sin haber recorrido los caminos tradicionales de la política electoral, logró conectar con un amplio sector de ciudadanos que sentían que nadie interpretaba sus preocupaciones.

Durante mucho tiempo pensé que sería imposible que pudiera derrotar a un aparato político consolidado. Sin embargo, la realidad electoral terminó demostrando que existe un sentimiento ciudadano que las élites políticas y muchos analistas no alcanzaron a comprender a tiempo.

Y si algo debe reconocerse, independientemente de la posición ideológica de cada quien, es que construyó una de las campañas de comunicación política más impactantes de los últimos años. No solo logró transmitir un mensaje; consiguió que miles de ciudadanos se sintieran parte de una causa.

Transformó a sus seguidores en defensores de una idea de país y convirtió una candidatura que parecía improbable en un movimiento político con capacidad real de disputar el poder.

Hoy, quienes acompañamos opciones de centro derecha o de derecha nos encontramos frente a una realidad distinta a la de hace apenas unas semanas. Muchos hemos decidido respaldar su candidatura, no necesariamente porque la consideremos perfecta o porque creamos que posee todas las respuestas para los enormes desafíos nacionales, sino porque interpretamos que representa una alternativa frente al rumbo que actualmente lleva Colombia.

También es cierto que los acontecimientos de las últimas semanas han influido profundamente en la opinión pública. Las constantes controversias políticas, los mensajes contradictorios y las decisiones que han generado preocupación en amplios sectores de la ciudadanía han terminado fortaleciendo a quienes se presentan como una opción de cambio frente al gobierno actual.

Por eso, más allá de las encuestas, percibo algo que suele ser más poderoso que cualquier medición estadística: el sentimiento popular. Ese que se escucha en las calles, en las conversaciones familiares, en los lugares de trabajo y en las redes sociales. Ese sentimiento que muchas veces se equivoca, pero que otras tantas termina anticipando el resultado de las urnas.

Colombia se acerca a una decisión trascendental. Y como ocurre en toda democracia, será el pueblo quien tenga la última palabra. Ojalá que esa decisión no esté guiada por el odio ni por el miedo, sino por la convicción profunda de construir un país más seguro, más próspero y más libre para las futuras generaciones.

Y por eso, llegado el momento de tomar una decisión, no tengo dudas sobre mi posición. Apoyaré al Tigre y espero que sea el próximo presidente de Colombia. Lo haré con la convicción de quien cree que nuestro país necesita un cambio de rumbo y con la alegría de ver cómo las ideas de la derecha vuelven a ocupar un lugar protagónico en la conducción de la nación.

No es mi candidato ideal. No es una persona a la que admire profundamente ni alguien de quien piense que encarna todas las cualidades del mejor presidente que podría tener Colombia. Sin embargo, las elecciones no siempre se tratan de escoger la perfección; muchas veces se trata de elegir entre las alternativas que se presentan y optar por aquella que consideramos menos riesgosa para el futuro del país.

Por eso votaré por él. Porque, aun reconociendo sus limitaciones, estoy convencida de que puede ofrecerle a Colombia un mejor camino que el representado por Iván Cepeda. Esa es mi lectura de este momento histórico y la decisión que asumiré con total tranquilidad, coherencia y responsabilidad frente a mis convicciones, esperemos celebrar un triunfo el próximo 21 de junio, no pensamos en mis posiciones sino en el país.

Ariana Mira

Soy Ariana Mira, abogada, magíster en Derecho, especialista en Derecho Administrativo y en Derecho de Familia, Infancia y Adolescencia.

Soy socia fundadora y líder jurídica de VML Abogados, desde donde trabajo por la defensa de los derechos y la construcción de soluciones legales con impacto real.

Además, soy activista política y una firme creyente en la posibilidad de construir un mejor país, a través del liderazgo, la justicia y el compromiso ciudadano.

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