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A finales de la semana pasada se viralizó una publicación del reconocido periodista Rafael Poveda que generó debate nacional. El periodista hizo pública la conversación que tuvo con las periodistas Juanita Gómez, Mónica Rodríguez y Laura Palomino del movimiento Yo Te Creo Colega que surgió para apoyar a mujeres que denuncian haber sufrido acoso sexual (Ver publicación 1 de Rafael Poveda). Las periodistas contactaron a Poveda porque tenían dos denuncias de mujeres que decían haber sufrido acoso por parte del periodista
(Video explicación periodistas Juanita Gómez, Mónica Rodríguez, Laura Palomino. Pintaba ser otro caso del “Me Too colombiano” pero Poveda le dio la vuelta a la situación: grabó toda la conversación y luego la hizo pública para evidenciar a la opinión pública lo siguiente:
- Las periodistas ya iban a publicar la denuncia de las mujeres, pero sin incluir el testimonio de Poveda.
- El testimonio de este, en caso de que decidieran publicarlo, saldría después de la primera publicación, cuando la reputación del personaje quedaba en entredicho.
- Las periodistas ya estaban sesgadas y partían de que Poveda era culpable sin antes darle la oportunidad de demostrar si las denuncias tenían objeto. Era el testimonio de una persona contra otra sin pruebas de fondo. Es decir que les faltó rigor.
Poveda pasó rápidamente de la defensa al ataque y anunció que denunciaría a las investigadoras por tratar de afectar su reputación. Si gana el pleito puede recibir una cuantiosa indemnización (Respuesta Rafael Poveda a video de periodistas que denuncian).
Como seres humanos estamos permeados por sesgos, creencias y por tanto somos subjetivos. Eso nos lleva a estar llenos de prejuicios, como en este caso, creer, sin las suficientes pruebas, que toda denuncia hecha por una mujer frente a un hombre lo hace automáticamente un acosador.
Estoy de acuerdo en que cuando hay denuncias se debe proteger a las personas que dicen ser afectadas, como mujeres que están en una condición de vulnerabilidad frente a relaciones de poder, pero asimismo debe hacerse investigaciones rigurosas que demuestren que el supuesto acosador sí ha vulnerado a la contraparte. Hacer estos hechos públicos como lo pretendían las periodistas mencionadas sin el debido sustento es caer en prácticas amarillistas, pero a la vez dañinas que afectan irremediablemente la reputación de las personas.
Como hay hombres malintencionados también existen mujeres que por rabia, resentimiento o mala fe frente a un hombre, dicen que lo van a denunciar por abuso o acoso sexual solo por hacer el daño sin tener ningún soporte. La justicia debe dar garantías a todas las partes y cuando haya hechos contundentes y concretos, obrar en consecuencia.
Esta es una lección también para los medios de comunicación y periodistas, que desde la utopía se plantea que sean objetivos pero que en la práctica no siempre se materializa. Cada medio tiene una agenda y una tendencia ideológica. Como cuarto poder que son muchas veces actúan como jueces sin el sustento debido y peor aún sin escuchar sin prevenciones y sin la objetividad que deberían tener a los distintos actores involucrados en la historia que pretenden contar o denunciar.
No sólo se ve en casos de acoso sexual, también en el sector corporativo donde periodistas o influencers se creen con una superioridad moral para destapar lo malo que supuestamente hacen las empresas, pero sin hacer la tarea de sentarse con estas, como contraparte, para escuchar su visión o explicación ante los hechos que estos pretenden dar a conocer. Sólo les interesa su verdad.
Escuchar sin prejuicios también hace parte del crecimiento de una sociedad.
*Mis artículos no representan a mi empleador.














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