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“el país no es una economía del subdesarrollo como muchos quieren hacerla ver, es más bien un país donde la velocidad de ajuste de las políticas macro es rezagada”
El territorio en Colombia se ha venido pensando como el eje de transformación social y económica capaz de acelerar la dinámica interna, está dotado a nivel comparativo de distintas fuentes de generación de riqueza, culturalmente se diferencia por su connotación histórica que ha forjado la supervivencia en modelos de mercado que difieren entre sí, ya que no es correcto afirmar que el territorio nacional sigue las leyes naturales del mercado, si esto fuera así, la legislación económica tendería a fluir con menores costos sociales.
Pero al remitirnos al análisis micro del territorio y en especial del municipio como célula donde ocurre la transformación socioeconómica más pura, el panorama dicta contradicciones, un ejemplo es tratar la convergencia como un objetivo para reducir brechas y lograr verdaderas transformaciones pero que además de costosa implica líderes políticos que sepan de tal. Esto último es lo más difícil que pase, porque a pesar de que la constitución dio al territorio autonomía bajo un modelo de descentralización administrativa, las iniciativas son escasas y el centralismo persiste. Algunos académicos se han atrevido a cuestionar la calidad de las políticas públicas en el territorio.
Lo anterior no es nuevo, otro ejemplo es que, a nivel de dependencia de las transferencias de la nación, la mayoría de los departamentos están entre el 48% y el 63% al revisar el índice de desempeño fiscal (IDF) del DNP. Pareciera que falta algo a nivel territorial, de tipo estructural, más que de Ley, pues Colombia se ha esforzado en una batería legislativa fuerte y moderna, a nivel latinoamericano somos de los países que mejor comprenden el desarrollo y la política social, pero gran parte del territorio sigue amarrado.
Por otro lado, hay que dejar claro que el país no es una economía del subdesarrollo como muchos quieren hacerla ver, es más bien un país donde la velocidad de ajuste de las políticas macro es rezagada en especial por un factor determinante; la corrupción, otro podría ser el desconocimiento del mismo territorio y otro la hiper influencia de los expertos de la red social. En fin, son muchos los problemas internos, pero a nivel institucional el país es sólido para abarcar el territorio.
Esta discusión se da como preámbulo a la construcción del Próximo Plan Nacional de Desarrollo, que debería profundizar en las competencias del Territorio para avanzar en la transformación social y económica, que siempre se visualiza pero que termina dejando a la imaginación los escenarios probables que casi no se cumplen, esta Ley es de las más complejas en su elaboración y proyección, su alcance tiene en promedio un cumplimiento del 70% incluye el plan de inversiones del cuatrienio, deroga aquellas normas caducas y actualiza las que son prometedoras, tiene una estructura sólida y es una hoja de ruta poderosa para el desarrollo del país.
Si vamos a mirar lo territorial, este nuevo PND tiene que corregir los rezagos, promover los grandes proyectos de transformación y traer de nuevo el territorio, lo más importante, tiene que buscar la forma de obligar al cumplimiento de los ejes transversales por parte de los gobiernos subnacionales, lo mínimo es que estos últimos converjan a Plan Nacional, algo que preocupa mucho es la disponibilidad de recursos para financiarlo, hoy el país no tiene caja, se envolataron billonarios recursos y la Contraloría General de la República ha emitido función de advertencia por la onerosa movilización de fondos con destino cuestionable. No hay plata.














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