
![]()
Faltan días para la segunda vuelta. Conviene mirar la economía con frialdad, no con fervor.
El 1 de junio, un día después de la primera vuelta, el COLCAP subió cerca del 7% y fue, medido en dólares, la bolsa que más ganó en el mundo. El peso se fortaleció hasta su nivel más alto en más de cinco años. El riesgo país cayó de 220 a 180 puntos básicos. No fue un entusiasmo pasajero. Fue una reasignación de expectativas. Y dos semanas después, las encuestas confirman lo que la bolsa había anticipado. De la Espriella aventaja a Cepeda por cerca de ocho puntos.
Aquí conviene hablar claro. Los mercados no premian ideologías. Premian certidumbre. Un inversionista no pregunta si un candidato le cae bien. Pregunta si su capital estará protegido, si la regla fiscal se respetará y si la deuda del país es sostenible. Cuando esas respuestas se vuelven creíbles, el riesgo baja. Y cuando el riesgo baja, todo lo demás se abarata. El crédito, la inversión, el empleo formal.
Esa es la primera razón económica. La fórmula lleva a un técnico al lado. José Manuel Restrepo fue ministro de Hacienda y de Comercio, es economista con maestría en la London School of Economics y goza de respeto en los mercados. No es un detalle estético. Es una señal de que las cuentas tendrán a quien las entienda.
La segunda razón es el alivio a quien produce. La propuesta plantea eliminar el 4×1.000 y el impuesto al patrimonio, y reducir la carga tributaria de las empresas, en especial las pequeñas. Menos peso sobre el que invierte se traduce, tarde o temprano, en más empleo formal.
La tercera es la disciplina fiscal. El programa propone un plan de ajuste y una gestión activa de la deuda para mejorar el perfil de vencimientos. Un país que ordena sus cuentas paga menos intereses. Y cada peso que no se va en intereses es un peso disponible para colegios, hospitales y vías.
La cuarta es menos obvia, pero quizá la más importante. El Banco de la República mantiene su tasa en 11,25% y la inflación cerraría el año cerca del 6,45%, lejos de la meta. Parte de esa tensión nace del pulso entre el Gobierno y el Emisor. Un gobierno que no compita con el banco central por el control del relato económico crea condiciones para que las tasas bajen. Y tasas más bajas son crédito más barato para todos.
La quinta es de eficiencia, no de tijera ciega. Modernizar la DIAN con inteligencia artificial, simplificar la estructura tributaria y ampliar la base permite recaudar mejor sin necesariamente subir tarifas. Es la frontera fiscal del siglo XXI, y va en la dirección correcta.
Conviene, sin embargo, no confundir las cosas. Que los mercados celebren no significa que el bienestar esté garantizado. Las metas más ambiciosas del programa, como crecer al 6% o al 7% y financiar un ajuste cercano a los 70 billones, enfrentan dudas técnicas legítimas sobre su viabilidad. El Observatorio Fiscal de la Javeriana advirtió que ninguno de los candidatos detalló a fondo el impacto y el recaudo de sus propuestas. La dirección es nítida. La ejecución será la prueba.
Porque al final una economía no se gobierna con consignas. Se gobierna con confianza, reglas claras y cuentas que cierren.
Los ciudadanos votarán con el corazón y con el bolsillo. La calculadora, esta vez, ya hizo su parte.













Comentar