El Pacto Histórico en modo desesperado: improvisación, excusas y amenazas

Gustavo Bolívar revela en la entrevista en Semana el pánico que invade al petrismo tras no ganar en primera vuelta. Admite que su exceso de optimismo hizo que entre 400 y 500 mil votantes se quedaran en casa creyendo que el triunfo estaba asegurado. Ahora prometen “recuperar” casi un millón de votos perdidos por pereza o falta de transporte. Esta confesión desnuda una campaña que subestimó al electorado y que, en lugar de ofrecer propuestas concretas, se dedica a culpar a la abstención y a pedir más plata para logística. Colombia no puede premiar con la Presidencia a un proyecto que gestiona tan mal sus propias expectativas y recursos.

Lo más grave es la defensa descarada de la candidatura vicepresidencial de Aida Quilcué. Bolívar justifica que no terminó el bachillerato argumentando “sabiduría ancestral” e “inteligencia indígena”, como si Colombia estuviera eligiendo chamán en lugar de vicepresidenta. En un país con narcotráfico desbordado, crisis fiscal y instituciones frágiles, poner a alguien sin formación básica a un paso de la Presidencia no es inclusión: es irresponsabilidad temeraria. Bolívar mismo reconoce los traumas que genera un cambio de gobierno por desconocimiento de las entidades. ¿Y pretende que Quilcué lidere eso con “carácter” y folclor? Es un salto al vacío.

Bolívar insiste en que Cepeda leerá discursos escritos para garantizar “coherencia”, mientras acusa a Abelardo de cambiar posiciones. Pero un presidente que necesita papel para todo proyecta rigidez y falta de dominio, no honestidad. Peor aún, confiesan que mantendrán ministros del actual gobierno porque “ya hicieron la curva de aprendizaje”. Traducción: ni Cepeda ni su fórmula tienen equipo propio ni capacidad para gobernar desde cero. El petrismo reconoce implícitamente su propia improvisación y la mediocridad de su relevo generacional.

Otra perla absurda: Bolívar justifica no haber debatido en primera vuelta porque se sentían “seis contra uno”. Ahora, en segunda, ponen excusas y condiciones. Un candidato que huye del contraste de ideas no inspira confianza; revela miedo a que se exponga su vacío programático. Mientras tanto, prometen “conquistar” votos huérfanos y abstencionistas con miedo y narrativa identitaria, en lugar de propuestas serias. La democracia colombiana merece candidatos que defiendan sus ideas abiertamente, no que las escondan tras papeles o excusas.

Finalmente, Bolívar advierte que sin garantías para la oposición podría haber “defensa” popular, mientras promueven a una vicepresidenta sin credenciales técnicas y amenazan veladamente con conflicto si pierden. Esta mezcla de improvisación en la fórmula, excusas por los errores propios y lenguaje intimidatorio muestra el verdadero ADN del petrismo: radicalismo sin competencia. Los colombianos ya conocen los resultados de cuatro años de este modelo. Es hora de rechazar la continuidad de la mediocridad, la demagogia étnica y las amenazas encubiertas. Abelardo de la Espriella representa la seriedad que este país necesita para no seguir hundido en el mismo pantano.

Hernán Augusto Tena Cortés

Columnista, docente y director de Diario la Nube con especialización en Educación Superior y maestría en Lingüística Aplicada. Actualmente doctorando en Pensamiento Complejo, adelantando estudios en ciencias jurídicas y miembro de la Asociación Irlandesa de Traductores e Intérpretes.

Comentar

Haga clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.