
“Como papás, contribuimos a una mejor sociedad dando buen ejemplo a nuestros hijos. No controlamos lo que ellos van a ser en el futuro, pero sí lo que nosotros les podemos enseñar”.
El Día del Padre en Colombia estaba inicialmente previsto para el domingo 21 de junio, pero como coincide con la segunda vuelta presidencial, el gremio de los comerciantes -Fenalco-, promovió que se celebrara este domingo 14 de junio que además coincide con lunes festivo.
Para mí, ser papá es uno de los privilegios más grandes que he tenido en la vida. Ha sido una oportunidad para ser una mejor persona y darle el mejor ejemplo a mi hijo. El trabajo de padre es una escuela de nunca acabar.
Soy un convencido de que este rol es una responsabilidad con la sociedad. ¿Qué clase de personas estamos formando para el mundo? A la vez es una relación que requiere de tiempo, compromiso y amor. Cuando me enteré de que iba a ser papá -hace 8 años-, sentí nervios y temor al sentir una gran responsabilidad que debía asumir y de no tener certeza de estar a la altura del reto.
Este es el amor más grande y puro que he sentido, es un amor incondicional que no necesita ser alimentado como en otras relaciones. Es el mejor aliciente para ver la vida con optimismo, ilusión y ganas de salir adelante.
El mejor regalo que le podemos dar a los hijos -sobre todo en etapa de crecimiento- es tiempo de calidad y acompañarlos en sus momentos más importantes; tal vez es la única forma de crear un vínculo poderoso con ellos. Bastante razón tiene Viktor Kuppers cuando dice que las personas, así como los hijos, no nos definen por los títulos académicos que tengamos, ni por el cargo laboral o los negocios que poseamos. No nos definen por nuestro éxito sino por nuestra forma de ser.
A propósito, me permito presumir en este artículo -perdón a los lectores- el mensaje que me escribió mi hijo con motivo de esta celebración que además de hincharme el corazón, corrobora la tesis de Kuppers: “Papá, te amo. Gracias por acompañarme en todos los deportes. Eres el mejor de todos. Te amo mucho y siempre te amaré”.
Anteriormente -sobre todo en una cultura machista y tradicional como la antioqueña-, el rol de padre se supeditaba exclusivamente a ser el proveedor del hogar; el acompañamiento a los hijos, como el de ayudarles con una tarea, reclamar las calificaciones, estar presente en sus pequeñas victorias; prepararles el desayuno, jugar con ellos, etc., era tarea exclusiva de la madre. Hoy, por fortuna, eso ha venido cambiando. Aunque aún falta cerrar la brecha para que haya más equidad de género, observo a papás más involucrados con la crianza de sus hijos y no delegan esa tarea.
Estar presente es fundamental para que los hijos, que están en formación, tengan un buen referente. No todo el tiempo podemos estar con ellos, pero el ejemplo que les damos les ayudará seguramente a tomar las mejores decisiones para sus vidas, aun cuando tengan dilemas.
Como papás, estoy convencido de que contribuimos a una mejor sociedad dándoles buen ejemplo. No controlamos lo que ellos van a ser, pero sí lo que les podemos enseñar.
*Mis artículos no representan a mi empleador.













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