Biblioteca Pública Piloto, ¿desacato o desagravio?

El 21 de abril quedará marcado en la historia de la Biblioteca Pública Piloto por la censura que el alcalde Federico Gutiérrez, atendiendo a un prejuicio y a un abierto desconocimiento de sus funciones, impuso sobre la presentación de la obra académica El M-19: De la guerra a la política. En calidad de editor de la mencionada obra participé en la organización de su presentación como moderador y comentarista. También alenté y promoví la acción de resistencia civil pacífica ante la evidente censura de la primera autoridad administrativa de la ciudad. Recientemente un juez de la República en resolución de una acción de tutela confirmó que se trató de una censura que vulneró los derechos fundamentales de quienes participamos del evento e instó al alcalde a reconocer y reparar el daño causado.

No hay lugar a discusión o interpretación: el alcalde Gutiérrez incurrió en un acto de censura. Lo dice un juez al margen de cualquier controversia política.

Pero más allá de la acción ya consumada y sancionada por el juez -así el alcalde no haya atendido inicialmente las medidas de la tutela y se haya visto expuesto a un incidente de desacato-, quisiera, en la presente carta, muy respetuosamente, invitar al personal administrativo y humano de La Piloto a promover una acción simbólica y colectiva de desagravio. Porque en medio de la censura del alcalde, motivado seguramente por su sistema de creencias, La Piloto quedó en entredicho ante buena parte de la opinión pública, especialmente, a raíz de un escueto comunicado que no se ajustaba a la realidad de los hechos y que secundó la postura del alcalde al considerar que la presentación del libro era tanto un acto de “proselitismo electoral” como de “apología al terrorismo”.

En lo personal, amo profundamente lo que representa La Piloto para Medellín y el país. Hace un par de meses volví a ser su usuario activo después de una década, dado que por cerca de doce años estuve vetado para préstamo, puesto que, en mi temprana juventud, en un acceso de irresponsabilidad, intenté hurtar un libro de Paul Auster. Ese veto me persiguió por muchos años, pero el año pasado, comprendiendo lo pasajero de la existencia -como para tener un veto de por vida- y el daño que en su momento le hice a la Biblioteca, a su personal y a mí mismo, me sacudí de la vergüenza y pedí respetuosamente que se me diera otra oportunidad para volver a prestar libros y habitar sus instalaciones con tranquilidad. También propuse un acto de desagravio. Agradezco de corazón a quienes me dieron esa oportunidad.

De ahí que la censura del 21 de abril me haya resultado tan dolorosa. Además de los comentarios estigmatizantes del alcalde ante la presentación de una obra académica que ni siquiera se había leído y que desde ninguna perspectiva plantea una visión apologética a la violencia, resultó intimidante sentir a los agentes de la Policía merodeando por el hall, no contar con los medios para avanzar en la conversación -nos quedamos sin voz-, pensar que en cualquier momento seriamos desalojados a la fuerza. Acciones de violencia simbólica que generaron intranquilidad y temor en un espacio como La Piloto que ante todo debe ser un lugar seguro como centro de la cultura, el diálogo, la lectura y el respeto, fue muy doloroso.

Por eso, a título personal, me animo a escribir la presente carta. Porque algo sí tengo claro: independiente de la visión política del alcalde de turno, la Biblioteca es y debe seguir siendo ese lugar seguro. Y así ese 21 de abril desde un escueto comunicado publicado en sus redes sociales se haya secundado la censura del alcalde, estoy seguro que eso no representa el sentir del personal humano y la tradición de la Biblioteca. Mi invitación es a que promovamos una acción simbólica y colectiva de desagravio, donde se reconozca, inicialmente, que a quienes estuvimos ese día en el hall se nos vulneró el derecho fundamental, y seguidamente, disipar la imagen que quedó en buena parte de la opinión pública de una Biblioteca que se acopla al poder de turno para promover la censura y la estigmatización. Por encima de todo se trata de un desagravio a la historia, tradición e importancia de La Piloto.

Nosotros pasamos, con nuestras diferencias políticas o culturales, pero la Biblioteca permanece. ¿Y qué biblioteca permanece?

Pueden contar conmigo para promover esa acción, porque reconozco la importancia de enmendar el daño y porque amo a la Biblioteca Pública Piloto como ese espacio maravilloso al que le debo tanto.

Atento,

Cordialmente

Fredy Chaverra

 

Fredy Chaverra Colorado

Politólogo, UdeA. Magister en Ciencia Política. Asesor, investigador y editor.

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