Al que le caiga el guante

“Mientras casi todas las mujeres de nuestro país realizan trabajo doméstico y de cuidado no pago, uno de cada tres hombres en Colombia no lo hace. La sobrecarga es evidente para las mujeres.”

A finales de 2025, mientras iba sentado en el transporte público de Bogotá, presencié una llamativa conversación entre dos jóvenes. Era una tarde de viernes y el bus estaba lleno. Junto a mí, se plantó un muchacho sudoroso y embarrado, con uniforme de futbolista y mal olor. Tan pronto como logró acomodar su maletín en el pasillo, se sostuvo del pasamanos y sacó su celular para llamar en altavoz. Al instante, su amigo contestó y comenzaron a hablar: el primero le contó detalles del entrenamiento al otro; mientras el segundo le comentó que estaba en casa, barriendo y organizando, porque otros amigos irían a visitarlo al anochecer. De repente, el deportista dijo en tono burlón: “¡Tan marica! ¿Se va a poner a limpiar para recibir a esos güevones! ¡Nooo! ¡Ni que fuera vieja! ¡Yo sólo echo una barrida a mi cuarto cuando invito a mi novia, y eso! ¡jajaja!”.

Según la última Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) del DANE (2025), en el periodo comprendido entre octubre de 2024 y marzo de 2025, sólo el 65.5% de los hombres en Colombia hacen trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, frente al 90% de las mujeres que también lo hacen. Esto quiere decir que, mientras casi todas las mujeres de nuestro país realizan trabajo doméstico y de cuidado no pago, uno de cada tres hombres en Colombia no lo hace. La sobrecarga es evidente para las mujeres. Pero la encuesta dice más: el tiempo promedio que esos hombres dedica a estas actividades diarias es de 3 horas y 12 minutos, frente a las 7 horas y 35 minutos que dedican las mujeres. Si no es clara la diferencia, piensen ustedes en quién invierte más tiempo en sus casas para realizar actividades como cocinar, barrer, trapear, limpiar los baños y el polvo, lavar y colgar ropa, hacer el mercado, cuidar de los menores y los mayores, etc.; seguramente es una mujer.

Histórica y culturalmente a todos se nos han impuesto determinados roles y conductas sociales para llevar una vida “normal” y “buena”, adjetivos ciertamente cuestionables desde muchos puntos de vista. Así, los hombres hemos sido determinados por nuestra capacidad de desenvolvernos en la vida pública, de salir del hogar para trabajar y proveer, hacer política, dirigir, e incluso divertirnos entre amigos; mientras que a las mujeres se les ha decretado los oficios del hogar, la crianza de los niños, la alimentación de todos, y el cuidado en general. Esos roles de género han venido cambiando con los años, pero para nadie es un secreto que la brecha aún persiste entre hombres y mujeres.

Las cuestiones del cuidado no atañen solo a las mujeres o a quienes definen las políticas públicas en el Estado, sino que deberían corresponder a cada uno de los individuos que hacen parte de la sociedad. Por eso, para empezar, deberíamos llevar a cabo actos continuos y cotidianos como el asearnos. Lo que nos conduce a volver sobre los dos jóvenes del inicio de esta columna: uno de ellos podría representar ese porcentaje de hombres que en Colombia aún defienden los roles de género tradicionales, y no mueven un debo para procurar, en principio, su autocuidado y el de los demás; el otro, en cambio, podría ser uno de los hombres que está encaminado en la tarea de hacer de este país un lugar más justo, igualitario y equitativo; pero no hay que celebrarlo. Cuando se sabe lo que hay que hacer, no hay excusas para no hacerlo ni motivos para aplaudirlo.

Quizás, cuando terminemos las labores del hogar, el cuidado propio y el de quienes estén a nuestro cargo, podremos sentarnos a la mesa para discutir por qué, por ejemplo, si las mujeres y los hombres somos igual de profesionales y capaces de desempeñar cualquier trabajo, ellas siguen ganando menos que nosotros y aún no hacemos algo para que eso cambie. O, por poner otro tema sobre la mesa, cómo hacemos para llevar las finanzas del hogar, cuando poner a partes iguales no es justo para ellas. ¿Qué proponemos los hombres para cuidar de nuestros vínculos de pareja? ¿Estamos realmente preparados para hablar de cuidado, sin antes habernos fijado en lo poco cuidadosos que hemos sido con nosotros mismos y con los demás?

Al que le caiga el guante, que se lo pregunte.

 

Bibliografía

Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). (2025). Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT). Boletín técnico: octubre 2024 – marzo 2025. https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/pobreza-y-condiciones-de-vida/encuesta-nacional-del-uso-del-tiempo-enut

Juan Sebastián Rueda Peñaloza

Escritor y lector. Profesional en Estudios Literarios y Magíster en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia.

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