“La guerra ya está ganada”

La semana pasada, en uno de sus arrebatos habituales, Donald Trump declaró que ya se ganó la guerra en Irán: que “la guerra ya está ganada”. Entiendo que vivimos en la época de la posverdad y todo ese cuento, no obstante, resulta insólito constatar que las operaciones militares, los asesinatos y las refriegas siguen en ambos bandos. No se ha declarado ningún tipo de armisticio, mucho menos se ha firmado un acuerdo de paz.

Todavía más extraño es que, inicialmente, Trump decía que el ataque a Irán, o la serie de ataques a ese país, no representaba el ingreso de Estados Unidos a una guerra, sino que se trataba simplemente de operativos militares. En suma, bajo el propio relato oficial del gobierno estadounidense hace unas semanas, no había guerra.

Ahora, por el contrario, no nada más se afirma que siempre sí hubo guerra: encima se afirma que ya se ganó. Los comediantes en los talk shows norteamericanos hacen su agosto con las contradicciones del discurso trumpista. Yo no entiendo qué pasa o cómo fue que el ecosistema mediático de los Estados Unidos, el más crítico y duro del planeta, se convirtió en un mero reproductor de esa narrativa, con todo y sus inconsistencias.

Trato de dar seguimiento diario a los reportes de Kaitlan Collins, la corresponsal de CNN en la Casa Blanca y una de las conductoras más talentosas de dicha cadena. Collins ha tenido varios encontronazos frontales con el presidente de su nación, pero nunca se arredra. Es muy alentador contemplar que aún existen figuras capaces de defender la libertad de expresión y cuestionar al poder en sus fisuras. A diferencia de lo que sucede en México durante las conferencias mañaneras, Kaitlan no renuncia a cuestionar a Trump en su cara, un día sí y otro también. Recordemos que en la Ilustración, la libertad de expresión fue la primera y principal batalla de los enciclopedistas franceses antes de exigir todas las demás libertades civiles.

Las implicaciones

Más o menos por las fechas de la primera victoria presidencial de Trump, Michiko Kakutani, crítica de libros del New York Times, publicó una obra excepcional: La muerte de la verdad. Ahí explicaba cómo todas las tiranías del siglo XX empezaron por hacer dudar a la gente de lo que veían sus mismos ojos. No hay guerra, luego sí hay, y después ya la ganamos, aunque los combates continúen. Esa desinformación fue parte esencial de la propaganda bélica de las potencias totalitarias en el curso de la Segunda Guerra Mundial; con el tiempo, además, se normalizó incluso en “épocas de paz”.

Si damos por buena la aseveración de que “la guerra ya está ganada”, quedan por discutir las implicaciones de una supuesta victoria tan paradójica como la que estamos atestiguando: ¿Ganar la guerra ya significa la paz en Irán y Medio Oriente? No tenemos idea de momento de las repercusiones y represalias que adoptarán grupos como Hamás, patrocinado por la dictadura iraní. Asimismo, desconocemos si el nuevo gobierno podrá garantizar la gobernabilidad local, por no hablar de la dinámica internacional con el resto de los países de la región.

En el lenguaje propio de aquella región del mundo: solo Dios sabe qué nos espera con esta “victoria” impuesta por las armas.


Esta columna fue publicada con anterioridad en El Insubordinado.

Raudel Ávila

Licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México y magíster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Essex. Ha sido asesor en la Presidencia de la República, la Secretaría de Educación Pública y el Instituto Nacional Electoral (INE) de México. Es colaborador habitual del diario El Universal y de la revista Vértigo Político, y ha publicado también en Letras Libres.

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