A la COB: un manifiesto que Bolivia ya no puede callar

Durante años hablaron en nombre de los trabajadores. Del pueblo. Del país. Hoy corresponde hacerles una pregunta que Bolivia lleva demasiado tiempo guardándose: ¿a quién representan realmente?

Represéntame esta, COB.

Se los digo con la calma de quien ya no tiene edad para engaños ni paciencia para gritos huecos. Se los digo desde el país real: el que ustedes nombran tanto y conocen tan poco. Desde la calle, el mercado, el transporte público, la mujer que hace milagros con lo que tiene y la rutina de millones de bolivianos que trabajan todos los días sin reconocimiento alguno, aunque empujan este país con su esfuerzo.

Ustedes dicen representar a los trabajadores. Lo repiten tanto que ya parece reflejo. Dense entonces un momento para mirarlos a los ojos y preguntarse cuándo fue la última vez que realmente los vieron. No estuvieron cuando salieron antes del amanecer a buscarse el pan, ni cuando volvieron de noche con el cuerpo agotado. Tampoco cuando una semana de protestas les impidió trabajar y tuvieron que explicar en casa por qué había menos comida en el plato. Son millones los que viven así: sin sindicato, sin privilegios, sin garantías. Los que no aparecen en su narrativa, mas sí cargan con el peso de sus decisiones. Esa Bolivia somos muchos, ¡y ustedes no la representan!

Represéntame esta, COB.

No lo digo con rabia contenida. Lo digo desde la lucidez y el cansancio de quien ya no quiere hacerse la distraída. Durante años se asumió que la COB hablaba en nombre de Bolivia, que la representación podía mantenerse por antigüedad, ruido o tradición. La Bolivia real hace mucho dejó de caber en ese molde.

Bolivia es otra cosa. Más amplia. Más diversa. Más libre de lo que ustedes admiten. Está en el que se levanta temprano, en la señora de la esquina, en el conductor que no puede detenerse, en el joven que trabaja y estudia, en el técnico independiente, en el comerciante, en la madre que saca adelante su casa sin que nadie la invite a una asamblea. Está en quienes generan valor real sin necesitar estructuras que hablen por ellos. A esa Bolivia no la representan. La bloquean, la usan de argumento, la nombran cuando conviene y luego la olvidan.

Represéntame esta.

Representen al trabajador que no tiene sindicato. Al comerciante que pierde con cada bloqueo. Al transportista que arrastra consecuencias ajenas. A la madre que vuelve posible lo imposible. Al joven que ya no espera salvación de ninguna instancia de poder. Al boliviano común, que no quiere intermediarios entre su esfuerzo y su destino.

¡No pueden!

No pueden porque representar exige haber vivido aquello de lo que se habla; no alcanza una oficina ni un discurso. Hay que saber lo que es contar monedas, sumar horas, estirar la semana y aguantar la incertidumbre. Hay que estar del otro lado, en ese país que no se detiene para que sus ciudadanos descansen, mientras los ciudadanos se detienen para que el país avance.

Y no se lo tomen a mal: esa diferencia importa.

Lo que millones piensan, aun si no siempre lo dicen con estas palabras, es que ustedes dejaron de representar al trabajador para representarse a sí mismos. A su estructura, su lugar, su peso político, su capacidad de presión. Y cuando una institución cae en eso, deja de ser un puente y termina convirtiéndose en un muro.

Eso no es representación. Es otra cosa.

El problema es que todavía pretenden hablar en nombre del pueblo, atornillados al poder. Hablan de dignidad para conservar posiciones. Continúan diciendo “Bolivia” como si les perteneciera.

¡Bolivia no les pertenece! No es su sigla, su estandarte ni su patrimonio moral. Bolivia somos millones que trabajamos y a quienes ustedes dejaron de ver. Por eso esta frase duele: porque no es un insulto, sino una verdad que ya no cabe detrás de la retórica solemne.

Represéntame esta, COB.

Y si no pueden, tengan al menos la honestidad de admitirlo. Digan que representan a un sector. Declaren sus intereses. Llámense como quieran, solo dejen de hablarnos en nombre de todos. Dejen de invocar al trabajador para justificar una estructura que cada día se parece más a sí misma y menos al país.

Bolivia necesita conversar sin tapujos. Necesita dejar atrás la obediencia automática frente a quienes creen estar por encima del cuestionamiento. La representación tiene que volver a ser conquista, no imposición. Y el trabajador real —el que no tiene altavoz— tiene que regresar al centro de la historia.

¡Porque ya es demasiado!

Represéntame esta, COB.

Mírenlos bien. Escúchenlos con cuidado. No los reduzcan a consignas. No los tapen con la historia. Porque detrás de ese grito está el cansancio de un país que trabaja y no se siente representado. Está la dignidad del hombre común. Está la libertad de quienes no quieren tutores. Está ahí una Bolivia que ya no soporta vivir bajo el chantaje de estructuras que no la representan.

Con respeto, pero sin reverencia, una boliviana común: una entre los millones que trabajan sin micrófono y sin permiso.

#DejenChambear ⚙️


Este manifiesto fue publicado originalmente en El Insubordinado.

Lourdes Romero

Destacada líder y firme defensora de las libertades individuales y económicas, así como de los principios democráticos, tanto en su natal Bolivia como en toda Latinoamérica. En su rol de Coordinadora Local de Students for Liberty Bolivia, Fundadora de LOLA Bolivia (Ladies of Liberty Alliance) y Líder Regional para América Latina de dicha organización, además de ser Founder Member de El Insubordinado, ha dedicado su trayectoria a empoderar a nuevas generaciones de líderes y a promover políticas públicas basadas en las libertades civiles, el libre mercado y la responsabilidad individual.

Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, ha demostrado un compromiso constante con el estudio riguroso y la comprensión profunda de los sistemas políticos y económicos. Su vocación por el aprendizaje continuo y por el fortalecimiento de la democracia y la participación ciudadana la llevaron a completar los diplomados: «Democracia, liderazgo y libertad: ejes para una prosperidad incluyente», impartido por la Escuela de Gobierno de la Organización de los Estados Americanos (OEA), y «Comunicación Política», ofrecido por la Fundación Konrad Adenauer (KAS) y la Asociación Civil de Estudios Populares (ACEP).

Estas experiencias académicas le han brindado herramientas sólidas para analizar, comunicar y defender ideas políticas con claridad, así como para fomentar el diálogo público y contribuir a la construcción de sociedades más libres, abiertas y prósperas.

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