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Rionegro tiene una paradoja: por nuestro municipio pasan más viajeros que por casi cualquier otro lugar de Antioquia, sin embargo muy pocos se quedan.
El aeropuerto José María Córdova movió más de 14 millones de pasajeros en 2025, con una capacidad instalada de 11 millones. A Antioquia llegaron ese año 1,19 millones de visitantes extranjeros, el 26,6 % de los que recibió el país, pero solo unos 28.000 reportaron haberse alojado en el Oriente. Aunque son mediciones distintas y deben leerse dentro del contexto de lo que estamos hablando, el mensaje es claro: somos el lugar donde se aterriza, no donde se duerme, se come y se compra.
No es por falta de posibilidades. Rionegro es la Cuna de la Libertad, tiene un centro histórico con la Casa de la Convención, parroquias y parques patrimoniales, una gastronomía propia y una comunidad que sabe recibir. El turismo ya es el 17,8 % del tejido empresarial del Oriente, y el Altiplano concentra casi dos tercios de esa oferta. Lo que falta es convertir ese potencial en una estrategia que se mida y se sostenga.
La Navidad es la mejor oportunidad para empezar. Medellín recibió en diciembre de 2025 más de 220 mil visitantes y un impacto económico de 143,7 millones de dólares. En Rionegro tenemos con qué competir: los alumbrados, un centro histórico que podrá usar el espacio público para el comercio y un parque de San Antonio de Pereira que acaba de ser renovado.
Son buenos pasos. Pero una temporada no es una estrategia.
Por eso propongo cuatro cosas concretas.
Medir. Hoy Rionegro no publica cifras de ocupación, gasto ni visitantes por temporada. Lo que no se mide no se puede mejorar ni vender. Un observatorio turístico municipal, con datos abiertos, permitiría decidir con evidencia y atraer inversión.
Una agenda cultural que no termine en diciembre. Ya tenemos piezas valiosas: “Rionegro Sacro” en Semana Santa, “Rionegro es una Arepa”, que reunió a más de mil personas en su cuarta edición, las Fiestas de la Empanada y el MAR. Falta ordenarlas en un calendario anual, promovido y difundido ampliamente para que el viajero sepa qué hacer aquí en cada época.
Guías y vigías de nuestra propia historia. En todo el Oriente hay apenas 71 guías de turismo inscritos. El programa Vigías del Patrimonio Cultural ya vincula a niños y jóvenes al centro histórico. Podemos formar y certificar guías rionegreros que cuenten la Convención de 1863, los templos y los barrios, y generar empleo local.
Que el turismo llegue a las microempresas. El 91 % del tejido empresarial de Rionegro son microempresas. Las artesanas, cocineras, panaderas y emprendedoras de nuestros barrios y veredas deben ser protagonistas de la oferta, con formación, formalización y acceso a vitrinas como los alumbrados y las ferias. Es la misma lógica del Fondo de Emprendimiento para la Mujer: que la economía crezca desde abajo.
Aprendí en el trabajo con las familias que una ciudad se mide por lo que hace con su gente. Cuando en Navidad entregamos más de 24.000 regalos a niños y niñas, entendí que las fiestas pueden ser también un motor de encuentro y de ingresos. Lo mismo vale para el turismo si lo hacemos con visión: que no sea solo el que visita, sino el que se queda y compra en el negocio de la esquina.
En esta Navidad, cuando las luces se enciendan, tenemos la oportunidad de decidir qué clase de municipio queremos ser: uno por el que se pasa, o uno al que se viene a quedarse.
















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