Jugando con el poliedro

Corría el ’82, ya había pasado Malvinas, el gobierno militar hacía agua y un grupo de jóvenes idealistas nos juntamos en el Sindicato de Empleados de la Construcción (SEC) para fundar la Coordinadora de Técnicos y Profesionales de la Construcción.

Con ese sello de goma y la posibilidad de reunirnos en la sede sindical, salimos a visitar empresas, toda una aventura y una osadía juvenil.

Después de armar una frustrada charla en la UTN de Medrano (CABA), quisimos ir por más. ¿Por qué no un acto callejero en una plaza, convocando a los medios? Ya nos creíamos casi capaces de cambiar la sociedad.

Sin medios económicos todo era mucho más difícil, hasta que en una reunión apareció un estudiante de arquitectura del PC que ante cada necesidad aportaba una solución:

Necesitamos volantes. Yo me puedo ocupar, los hago en la Facultad que tenemos fotocopiadora.

Necesitamos publicidad. Yo me puedo ocupar, lo hago publicar en el diario del PC y en el de la Fede (Federación Juvenil Comunista), y desde Prensa llegamos a los medios.

Así con cada cosa, hasta que el mayor del grupo, un socialista avezado, cortó por lo sano: Acá la democracia empieza de nosotros para abajo. Y al que saca los pies del plato, se los cortamos.

El muchacho de la Fede no habló más y, obviamente, no volvió. Quizás cometimos un error: al final, nunca pudimos hacer el acto.

Este hecho autorreferencial me vino a la mente tras escuchar las palabras del presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, cuando afirmó que él era el vicepresidente del partido a nivel nacional (LLA) y que había un solo candidato para el 2027: Javier Milei.

Palabras más, palabras menos, casi 45 años después se repite la historia: somos todos muy libertarios, respetamos la libertad de todos, pero las decisiones las tomamos nosotros; al que no le guste, que se aguante, y si saca los pies del plato, se los cortamos.

Esta respuesta tenía una destinataria directa: la única dirigente que entiende de política, tiene experiencia y goza del mayor nivel de aceptación y valoración por lejos en LLA.

Aunque a alguno le pueda doler, es la única que podría discutir de igual a igual con Cristina Kirchner y la única que se le plantó con todas las de la ley a Hugo Moyano en televisión.

Debe entenderse bien: no digo que Patricia Bullrich sea lo mejor que le puede pasar al país, quizás sí, quizás no, ni tampoco supongo que en una interna tenga el triunfo asegurado.

Lo que resulta imposible de aceptar es este Liberalismo Bolchevique, donde la libertad es restringida, solo para los temas que quieren y con la gente que quieren.

Bullrich ha dado muestras de interpretar las necesidades y reclamos de la gente de a pie (sin suponer siquiera que sea empatía, que ya sería demasiado; con entender un poco lo que le pasa a la gente común alcanza).

Algunos dirán que esa virtud se llama picardía u oportunismo. Supongamos que sí. De ser así, ¡qué falta de picardía y de oportunismo han tenido quienes mandaron un presupuesto olvidándose de incluir unas chirolas, al menos, para la gente con discapacidad!

Según algunos le han hecho llegar a la senadora Bullrich, o quizás ella misma lo percibió, las formas vehementes con las que el Presidente se dirige a los que piensan distinto no caen demasiado bien en la gente.

Ya está bien de insultar, degradar y minimizar a periodistas, actores, intelectuales, cantantes u economistas. No es necesario; muy por el contrario, lejos de destruirlos, los potencia, los convierte en relevantes y ya no interesa si lo que dicen es cierto o no: simplemente, gracias a los tratamientos escatológicos, son escuchados con mayor atención.

Hasta parece hecho adrede para posibilitar el retorno del populismo al poder.

A veces pienso que somos pocos los que nos damos cuenta de que la estabilidad es valorada por Kristalina Georgieva y sus equipos en el FMI, quienes destacaron a la Argentina como ejemplo de disciplina fiscal, pero lanzaron aquella frase poco feliz: «Hay que cortarle la cabeza al populismo».

Esa expresión enlaza perfectamente con la pronunciada por el presidente Javier Milei durante un discurso en la Fundación Faro: «Tener piedad con los hijos de puta es ser injusto con los buenos, y acá a los buenos les tiene que ir bien; los que se tienen que quemar en la hoguera son los hijos de puta», aludiendo a periodistas y comunicadores específicos.

Resulta claro que se trata de simbolismos expresados en sentido metafórico, pero hay cosas que no se dicen ni se hacen ni en chiste. Lo mismo ocurre con los comentarios descalificatorios hacia presidentes democráticos: los de acá ya lo tenemos internalizado, pero fuera del país las palabras suenan diferente.

El otro tema inentendible es que en CABA se hable de un posible acuerdo con el PRO, que bastante seguidismo ha practicado, gratis o casi gratis, hasta el presente, y al mismo tiempo se los ataque y descalifique.

Quizás los dirigentes entiendan el juego porque el premio son las candidaturas, secretarías o direcciones generales, pero la gente de carne y hueso no tiene por qué entender lo que hay detrás y probablemente no le guste lo que alcanza a ver.

Algo similar ocurre con los gobernadores y los acuerdos que no se cierran.

En virtud de cómo vienen las cosas en la economía real, si la tendencia no cambia rápidamente, en breve ni atenderán el teléfono. No alcanza con Vaca Muerta, las mineras y el campo para hacer vivir a 45 millones de personas: la gente habla de que no le alcanza la plata aun trabajando, no de la inauguración de una planta de litio en Catamarca.

Que le corten las alas a la senadora Bullrich, los ataques a periodistas, los insultos a presidentes extranjeros, las jubilaciones miserables, las promesas rimbombantes que no se cumplen y los conflictos con el Garrahan o las universidades no son hechos aislados.

Son todas caras de un mismo poliedro que ni a propósito se podría fabricar mejor.

Edmundo Fuster

(Bs. As., ARG, 1956) Analista y Consultor independiente, residió en España entre 2003 y 2013.

Actualmente es Gerente Técnico en Consultores Técnicos BFL, colaborador habitual en medios de comunicación sobre temas de actualidad nacional y autor de diferentes colecciones de libros.

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