Poder

La derecha cool

El poder en el hemisferio occidental se ha transformado. Casi desde la aparición de los “Indignados” y de la Primavera Árabe, las bases del poder se han removido poco a poco. Las voces desde entonces se han venido dirigiendo contra las élites políticas y económicas, contra el statu quo y sus estructuras. Ha surgido una nueva ola anti-establishment.

Ahora la balanza se ha inclinado del lado de los ciudadanos y ha puesto a tambalear a los políticos tradicionales. Para acceder al poder, ahora hay que contar primero con el apoyo directo de aquellos, antes que de los grandes conglomerados económicos y de las microempresas electorales.

Y con este renovado aliento de indignación y de acción, nuevos movimientos y figuras, desde Europa hasta América Latina, han venido consolidándose en torno a la imagen outsider, partidos y personajes que vienen fuera del establecimiento, de aquel que ha sido el detonante de esa indignación, pese a que algunos incluso vengan de su propia entraña.

De esa tendencia outsider han surgido dos corrientes que, tras enfrentarse, han venido reemplazando paulatinamente el anquilosado debate entre derechas e izquierdas. La primera tendencia ha optado por un discurso populista, con referencias a lo religioso, proteccionista y nacionalista tanto en lo económico como en lo cultural.

La otra corriente es más internacionalista, centrada y defensora de la economía de mercado, el libre comercio y las libertades individuales. Sus líderes coinciden en ser jóvenes que rondan los 40 años de edad, con discursos disruptivos, con una formación académica robusta y casi todos, curiosamente, han tenido relaciones con la banca o el sector financiero. Esta es la derecha cool, como los bautizó el portal PlayGround, y aquí les presentamos a sus figuras más notables.

 

Justin Trudeau

En 1972 Richard Nixon en una visita oficial a Canadá dijo: “Quisiera brindar por el futuro Primer Ministro de Canadá, Justin Pierre Trudeau”. Y así fue. El bebé de un año del entonces Primer Ministro Pierre Trudeau, alcanzó a los 44 años de edad la magistratura que ocupó su padre.

Trudeau, ingeniero, licenciado en literatura inglesa y magíster en Geografía Medioambiental, no se haría conocido hasta la muerte de su padre, cuando llamó la atención con su emotivo discurso. Para entonces, era profesor de francés y matemáticas en una escuela.

Su llegada a la política, como la de casi todos los de la derecha cool, fue sorpresiva. Comenzó apoyando modestamente a Gerard Kennedy al interior del Partido Liberal canadiense en 2006 hasta hacerse con la candidatura de su partido y ganar el Primer Ministerio a finales de 2015.

Su estrecha relación con la farándula (su esposa fue presentadora de televisión y él mismo fue actor) y su discurso en favor del multicuralismo y el diálogo con las comunidades indígenas, así como el declararse abiertamente “feminista”, ha hecho que se le reconozca como un outsider pese a ser hijo de otro Primer Ministro.

Desde la salida de Barack Obama y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, Trudeau se ha convertido en el contrapeso a las medidas proteccionistas del magnate norteamericano, defendiendo la economía de mercado y tratados comerciales como el Acuerdo Transpacífico y el NAFTA. También ha mostrado su desacuerdo con medidas discriminatorias contra la población musulmana al establecer una política de puertas abiertas para refugiados del Medio Oriente, a la par que Trump en Estados Unidos restringía el ingreso de ciudadanos de países mayoritariamente musulmanes.

 

Albert Rivera

La crisis política española ha hecho que los dos partidos tradicionales (PP -derecha- y PSOE -izquierda-) tengan que compartir el escenario con dos fuerzas en ascenso: Podemos y Ciudadanos. Podemos reúne a la izquierda radical española con el populismo que caracteriza a otras nuevas fuerzas políticas europeas.

Ciudadanos, en cambio, agrupa a los sectores más abiertos y pluralistas de la sociedad. Con énfasis en derrotar la corrupción, el jóven líder de Ciudadanos, Albert Rivera, ha logrado impedir el avance de populismo en España.

Rivera, de apenas 37 años y proveniente de la clase media barcelonesa, viene de la política regional en Cataluña, donde siempre defendió la unidad de España frente al populismo independentista. Antes de iniciar su carrera política, al igual que otros exponentes de la derecha cool, tuvo un trabajo en la banca como asesor legal de La Caixa.

Inició su recorrido político en 2006, obteniendo el liderazgo de su movimiento político regional y accediendo al parlamento catalán, en el cual se caracterizó por su firme apoyo a la unidad de España. Ahora es un líder reconocido en la política nacional por su defensa de un Estado menos burocrático y corrupto, una economía de mercado dinámica y una mayor participación de España en el escenario internacional como miembro de la Unión Europea.

Además de defender la unidad europea y española frente a los nacionalismos y separatismos, Albert Rivera y su partido, Ciudadanos, se han convertido en los principales defensores de la democracia y la libertad latinoamericana en Europa, y en especial, de la oposición democrática de Venezuela en un continente que mantiene una visión muy romántica izquierda latinoamericana.

 

Emmanuel Macron

El presidente electo de Francia, Emmanuel Macron, de 39 años, también llegó al poder de manera sorpresiva y en reacción a un fenómeno populista. Era tal el temor de buena parte de la sociedad francesa, incluyendo sus partidos políticos tradicionales, a un posible ascenso del populista Frente Nacional dirigido por Marine Le Pen, que todos tuvieron que reunirse en torno a un candidato único para enfrentarla. El hombre que dio la batalla fue Macron, un filósofo con máster en asuntos públicos que le puede aportar a un país con serios problemas económicos sus conocimientos en esa materia, los cuales ya ha puesto en práctica, en parte, como Ministro de Economía del gobierno saliente.

El gobierno socialista de Hollande había impulsado una desastrosa política tributaria que castigaba la generación de riqueza y disparó la tasa de desempleo. El resultado fue tan nocivo que Hollande tuvo que recurrir a hombres liberales, entre ellos Macron, para reparar los daños que sus políticas habían causado. Con hombres como Macron a cargo, las cosas cambiaron, resaltando entre ellas una gran reforma de flexibilización laboral en un país que siempre ha estado atrapado por las garras del sindicalismo más fanático y radical. Siendo ministro también expresó su oposición al impuesto del 75% a los más ricos de Francia diciendo que aquello era “como Cuba pero sin el sol”.

Ahora le espera a Francia un gobierno abierto al mundo y vital para la supervivencia de la Unión Europea y que, probablemente, hará de ese país un nuevo bastión del libre mercado en un planeta donde las voces del proteccionismo y el intervencionismo estatal han vuelto a escucharse con fuerza.

 

Iván Duque

Colombia también tiene entre sus aspirantes a la presidencia un representante de la derecha cool. Iván Duque, de 40 años, bogotano pero hijo de antioqueños, es abogado magíster en Gerencia Pública y con estudios en Políticas de Fomento al Sector Privado de Harvard.

Su aparición en el escenario público se dio solo hasta su elección en 2014 como Senador a través de la lista cerrada que presentó el para entonces naciente Centro Democrático y, gracias a sus estructurados debates, sobresalió aún más cuando fue elegido como el mejor senador en el 2016, año en que lanzó su precandidatura presidencial. De resultar electo, sería el segundo presidente más joven en la historia del país elegido por voto popular, solo superado por Eustorgio Salgar, un presidente del Olimpo Radical del siglo XIX.

Fue Jefe de la División de Cultura, Creatividad y Juventud en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde llevó a cabo varias investigaciones sobre Cultura y Economía Naranja, temas que han sido notables en su discurso político y en su labor como congresista.

Ha sido un férreo defensor de las libertades económicas y ha presentado propuestas puntuales para recuperar la economía (como la reducción de la tasa impositiva a pequeñas y medianas empresas) y contra lo que él ha llamado el “desgreño administrativo” del gobierno nacional, así como una fuerte oposición frente los acuerdos entre el gobierno la organización terrorista FARC, en especial en lo relativo a la justicia y la participación política de exguerrilleros; contrastado con un esfuerzo para impulsar a los sectores culturales, artísticos y de industrias creativas, temas que en Colombia no es común que aborden los líderes políticos tradicionales de derecha  y centro-derecha y que le ha sido útil para llamar la atención de sectores alejados a su colectividad.

Así mismo, y como buen outsider, ha tenido una voz fuerte contra la corrupción llegando con propuestas que pisarían los callos de más de un político tradicional, como limitar a tres el número de periodos que una persona puede ocupar una curul como congresista, diputado o concejal, y darle muerte política a funcionarios que reciban sobornos, así como muerte administrativa a las empresas que los ofrezcan.

Sus principales rivales a la presidencia, que representan precisamente la otra tendencia anti-establishment son el destituido Exprocurador General de la Nación, Alejandro Ordoñez, siendo una de las voces más extremistas y duras al interior del Partido Conservador teniendo el “Dios y Patria” como lema y con un discurso agitador más cercano a las prácticas populistas presentadas en Europa y Norteamérica que al conservadurismo propiamente dicho; y Jorge Robledo, cuyo discurso ha tendido al nacionalismo y proteccionismo económico, mediante diversos debates en torno a la protección de industrias y empresas nacionales y contra empresas extranjeras que se han asentado en el país.

 

Esto fue escrito por

Silvia Bustamante Mejía

Estudiante de derecho de la Universidad Pontificia Bolivariana. Actualmente participo en el consejo de redacción de AP y LB.