¿La culpa es de “la vaca”?

Antioquia y el peligro de la agitación populista de extrema derecha.

La “Vaca” de Uribe y Andrés Julián Rendón que busca recolectar recursos para terminar las vías 4G, especialmente las obras que corresponden al llamado “Túnel del Toyo”, se ha convertido en debate nacional. La iniciativa que para algunos parece ser un propósito noble y loable, tiene un trasfondo político que va más allá de la posibilidad de culminar obras de infraestructura en el Departamento, su propósito es poner nuevos condimentos a la narrativa liderada por el uribismo antioqueño, según la cual, “Como Petro desprecia a Antioquia, los antioqueños deben resistir”.

Más allá de las precisiones  jurídicas, técnicas y presupuestales sobre el tema de las 4G ( que pueden conocerse en la misiva, que sobre el particular, el Ministro William Camargo envía  al Gobernador[1]), lo cierto es que el Gobernador Andrés Julián, reproduce la matriz explicativa de un problema que ha sido – consciente y voluntariamente- mal planteado, este es: “la no terminación de las vías 4G que pasan por Antioquia, se debe a la decisión de Petro – en el marco de su desprecio por Antioquia- de no financiar los tramos que impactan el suelo antioqueño”.

Es un problema conscientemente mal planteado, porque sin un adecuado sustento, la razón que atribuye el Gobernador a los “riesgos de convertirse en elefante blanco” que tiene la obra del Túnel del Toyo, es un supuesto odio del presidente Petro hacia Antioquia. Nada dice el Gobernador sobre los sobrecostos, presunta corrupción y retrasos que ha tenido la obra desde antes de que Petro fuera presidente, tampoco sobre los recursos que el gobierno del presidente Petro ha girado para esta obra, desde que asumió la dirección del Gobierno Nacional (más de 1.1 billones).  De manera no inocente, en la narrativa del Gobernador se omite dicha información[2].

Así como el problema, la solución también es conscientemente mal planteada, la dinámica de recaudo propuesta es cuando menos irrisoria: “que 1 millón de antioqueños pongan de a millón de pesos”.  ¿De dónde sacarán los donantes en un Departamento con poco más de 6 millones 400 mil habitantes, en donde 490 mil familias tienen inseguridad alimentaria (5 millones de personas aguantan hambre) y en donde, los menos de un millón cuatrocientos mil de personas restantes, en su mayoría cuentan con empleos precarios y bajos estándares de calidad de vida?

Pero ojo, no es que Uribe y el Gobernador no conozcan la realidad de pobreza y hambre del Departamento a la hora de invitar a los ciudadanos a donar “el milloncito de pesos”, allí cobra fuerza la idea de “conscientemente mal formulado”. La estrategia de Uribe y Andrés Julián no está orientada a culminar las 4G y el Túnel del Toyo, esa no es su preocupación principal. Su apuesta es más simple y concreta, y para eso da igual el monto que se recaude: su estrategia es mantener vivo el fuego anti-Petro en Antioquia. Para ello, la estrategia populista de generar “legitima rabia” bajo cualquier argucia, es su valor principal. Su estrategia es exitosa no porque exaltan “la berraquera y solidaridad antioqueña” para materializar las obras, sino porque apelan al resentimiento, al arribismo y chovinismo de algunos paisas (y a la inocencia de otros tantos).

Por otro lado, la “vaca” de Uribe y Andrés Julián tiene un enfoque claramente neoliberal que se sustenta en la imposición directa de cargas de inversión pública al ciudadano de a pie (aunque en este caso sea apelando a la alienación y no al tributo directo o indirecto), mientras quienes se han enriquecido a partir de la inversión pública, mantienen y aumentan su tasa de ganancia. No se imponen adecuados pagos por valorización a quienes se han hecho millonarios con la focalización de inversión pública cerca a sus propiedades, tampoco se persiguen (o por lo menos rechazan) contratistas y políticos presuntamente involucrados en sobrecostos y corrupción.

Contrario a eso, se “invita” al ciudadano pobre a participar en igualdad de condiciones en la adjudicación de las “cargas del desarrollo” aunque claramente no participe en condiciones similares cuando se trata de la distribución de los beneficios. Es decir, el Estado sirve de instrumento para captar recursos de la ciudadanía de a pie, en procura de, no solo no “incomodar” tributariamente a los ricos del Departamento, sino también valorizar más sus predios y seguir aumentando su tasa de ganancia. Como dice las abuelas, “quieren pan y pedazo”.  Es decir, el enfoque neoliberal de “la vaca” materializa una apuesta de desarrollo de corte regresivo en materia de justicia social y espacial. Los pobres haciendo más ricos a los ricos.

Por otro lado, hay un elemento que no se puede soslayar: la participación del Clan del Golfo en la “vaca”.  Por más que el Gobernador quiera subestimar el hecho, los presuntos aportes del Clan del Golfo a la “vaca” plantean preguntas no solo en el orden de lo legal, también en el espectro ético de la función pública. No puede ser que en Antioquia estemos destinados a la máxima Fico-Uribista de “plata es plata”. Valga recordar que ante el conocimiento de la intención de aportar a la vaca por parte de este grupo ilegal y posteriormente, ante el hecho fáctico de la publicación en redes sociales donde este grupo mostraba los recibos de sus aportes, el Gobernador no consideró suspender la colecta, por el contrario, ha afianzado su propaganda por todos los medios, pareciendo más un agitador y organizador de eventos que un gobernador. Pero más grave aún, permitiendo que los dineros de antioqueños honestos y trabajadores que de buena fe aportaron a la vaca, se vean mezclados con dineros provenientes de la extorsión, el sicariato y el narcotráfico, haciendo creer que para los antioqueños que aportan a la vaca, también vale la máxima de “plata es plata”.

 “La vaca”, una excusa para exacerbar la disputa de los “antioqueños de bien” contra el “Petro anti-paisas”.

Algo que se debe reconocer a Uribe y parte del uribismo, es su capacidad para movilizar emociones como herramienta de acción y justificación de decisiones políticas. Gracias a esa capacidad, buena parte de Colombia llegó a considerar que existían “buenos muertos”, que jóvenes pobres asesinados por militares “no estaban recogiendo café” o que era justificable bombardear a niños campesinos por parte del Ejército Nacional. Gracias a esa capacidad movilizadora de emociones, millones de colombianos votaron contra la posibilidad de una solución negociada al conflicto armado y apoyaron “hacer trizas el Acuerdo de Paz”. En fin, este señor es tan infame como hábil y, luego de estar ad-portas de su retiro, ha alcanzado un nuevo aire en Antioquia.

Hoy, haciendo uso de sus dos nuevos discípulos preferidos (Fico y Andrés Julián) ha logrado exacerbar un espíritu chovinista en buena parte de la sociedad antioqueña, exaltando unos supuestos “valores antioqueños” en contra de una amenaza extranjera: “el centralismo representado en Petro”. En este propósito, quien mejor ha asumido la tarea de agitador ha sido el Gobernador Andrés Julián.

El Gobernador, venido del corazón de José Obdulio Gaviria, acaso el más recalcitrante de los uribistas y cercano a las entrañas de personajes como Rubén Darío Quintero, condenado por parapolítica, ha dedicado los 3 meses de mandato a hacer campaña contra el Gobierno Nacional , a azuzar el espíritu revanchista de “ los antioqueños de bien” contra el Gobierno y a posicionar una peligrosa – además, cercana a la sedición-– idea de “ unidad de la antioqueñidad” para “salvar” a Colombia de Petro ( valga recordar su mayor consigna “ si Antioquia resiste, Colombia se salva”).

Haciendo uso de la dicotomía populista, Andrés Julián Rendón con el respaldo legitimador de Uribe, posiciona la narrativa de un “nosotros”, el pueblo antioqueño contra un “otro” que atenta contra la seguridad y el bienestar del “nosotros”, ese “otro” a veces parece ser Petro, a veces la izquierda política y a veces Colombia entera. La tesis es más o menos esta: ese “otro” es el culpable de que Antioquia con sus propias potencialidades y capacidades superiores, no sea más grande de lo que es. Ese “otro” es una carga, ese “otro” es un obstáculo, ese “otro” es una amenaza.

La atribución de la culpa y la definición de a quién culpar, han sido los rasgos centrales y perdurables del discurso populista de derecha. Los populistas como Andrés Julián, ofrecen a la gente común una forma de expresar resentimiento e indignación, una forma legítima y valiosa de ira que responde a errores morales percibidos y/o inventados (Que Petro no quiere a Antioquia, por ejemplo). La estrategia populista de fomentar emociones como el resentimiento no solo implican una sensación de haber sido agraviados, también un impulso a atribuir culpa por la infracción y, consecuentemente, a la búsqueda de “justicia” – a veces a cualquier costo-.

Lo más grave de esa narrativa es que cada conquista simbólica fortalece la imagen del populista y el espectro de influencia, cada conquista simbólica logra desplegar aún más la “legitima ira” y, ese resentimiento, en tanto acción colectiva se convierte en un vertimiento sin control. Mismo, que como en otros momentos de la historia de la humanidad, puede llevar a la justificación (e incluso participación) en acciones de violencia irracional contra la otredad.

Acá es importante recordar que reproducir discursos de odio basados en el “ patriotismo” ( o regionalismo), constituye una amenaza latente para los regímenes democráticos, máxime cuando estos van acompañados de políticas y proyectos de militarización de la sociedad civil como la creación  de frentes ciudadanos de seguridad, redes de informantes  y el resto de estrategias propuestas por Uribe y el Gobernador Andrés Julián, que se asemejan a lo que otrora fue el germen del paramilitarismo en Colombia.

Hoy, en nombre de la gente de Antioquia, están hablando los populistas de extrema derecha. Están cazando pleitos y azuzando guerras a nombre de todo un pueblo.  Están usurpando los valores y las identidades antioqueñas para homogenizarlas bajo un “tipo ideal de Antioqueño”, el hombre blanco, bravucón, avaro y mezquino que se enfrenta “al otro” que limita el crecimiento de su grandeza. Hoy, la elite uribista usurpa la voz de la Antioquia indígena, mestiza, negra, afro y palenquera, la voz de las veredas y barrios populares.

La Antioquia empobrecida por sus propias elites no se puede dejar engañar por la falsa idea de Antioqueñidad, no se puede dejar meter en una pelea que no le corresponde, no puede seguir siendo funcional a sus propios verdugos. La lucha no es de Antioquia contra Colombia, no es Andrés Julián y Uribe contra Petro, la situación que vemos por estos tiempos da cuenta de unas elites políticas y económicas buscando – a toda costa- recuperar el poder político del país. Les duele ver que la inversión pública se dirija a construir justicia social y espacial, saben que un pueblo educado, alimentado y conectado, no se permitirá seguir siendo engañado. Les duele ver que lo que antes eran recursos para sus bolsillos, hoy sea inversión para solucionar deudas estructurales en procura de dignidad para la gente humilde.

Antioquia querida, gente humilde de estas hermosas montañas, no permitamos que la ambición de una elite decadente nos lleve a producir y reproducir odios, mezquindad y violencia. El pueblo pobre de Antioquia es el pueblo pobre de Colombia, el enemigo del pobre antioqueño no son los pobres de otros departamentos, son los explotadores y usurpadores de la riqueza, los generadores de miedo, terror y muerte. Los que no quieren que en Antioquia y Colombia entera haya justicia social.


[1] https://www.semana.com/economia/articulo/ministro-de-transporte-contradice-afirmaciones-del-gobernador-de-antioquia-sobre-avance-de-la-via-al-mar-esta-es-la-carta/202416/ ).

[2] Es conscientemente mal planteado el problema por parte del Gobernador porque asegura que los retrasos en las obras obedecen al “odio” del presidente contra Antioquia, un presidente que lleva dos años de mandato (las obras llevan más de 10 años con sobrecostos que presuntamente ascienden a los 750 mil millones de pesos).

Juancho Muñoz

Diputado de la Asamblea de Antioquia, sociólogo de la Universidad de Antioquia, Magíster en Desarrollo de la Universidad Pontificia Bolivariana y defensor de Derechos Humanos, docente-investigador.

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