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Yo me pongo la vacuna

“Ahora el problema no es que no haya vacunas sino el miedo a ponérsela por los mitos y temores que se han venido generando.


En este mes que llevamos de paro, el Covid-19 ha pasado a un segundo plano a pesar de que a mediados de mayo, el Ministerio de Salud reportó la cifra más alta de fallecidos en un día (ver), los desmanes, bloqueos y protestas han copado la agenda nacional junto con la pésima noticia de que Standard & Poors le bajó el grado de inversión a Colombia. Un símbolo de la desconfianza que generamos hoy ante el mundo.

En medio de esta convulsa situación y de los “palos” que viene recibiendo el Gobierno Nacional, quiero destacar la labor que viene realizando el Ministerio de Salud para cumplir con el plan de vacunación y cumplir con la meta de tener más de 30 millones de colombianos vacunados para final de año. Mirar los toros desde la barrera es muy fácil y lanzar juicios de valor mucho más. Recuerdo, antes de que llegaran las vacunas, que líderes de opinión contradictores del actual gobierno, afirmaban que Colombia había hecho una pésima gestión para comprar las vacunas contra el Covid-19, que seríamos uno de los últimos países en recibirlas, según ellos, por falta de competencia del equipo negociador. 

El Covid-19 es El cisne negro que plantea Nassim Nicholas Taleb, ningún gobierno en el mundo estaba preparado para afrontar una situación parecida, por la misma razón, en un escenario de lo altamente improbable que pone al mundo patas arriba, en lugar de revanchismos y manipulaciones políticas se debe trabajar en conjunto por superar las dificultades. Da tristeza que todo el tiempo tengamos ese ojo agudo para criticar, pero tan poco agudo para plantear soluciones.

Cuando el gobierno demostró que el plan de vacunación se empezó a cumplir según lo pactado, voces empezaron a decir que eran muy poquitas vacunas, que eran paños de agua tibia. Es difícil construir país cuando el sesgo ideológico o los celos, impiden reconocer los logros y virtudes que tiene el otro. Es cierto que en Colombia estamos a años luz de países como Estados Unidos, que en materia de vacunación desarrollaron en tiempo récord sus propias vacunas y hoy tienen tanta oferta que, fieles a su ADN empresarial, han acelerado el turismo de vacunas, promoviendo los viajes a su país para que los turistas aprovechen y se pongan la vacuna como lo han hecho varios colombianos. 

En estados como Ohio, hay incentivos para los norteamericanos como becas universitarias o billetes de lotería para participar por 1 millón de dólares, para quien se ponga la vacuna con el fin de acelerar la vacunación (ver).  

Volviendo a Colombia, por esta época tenemos más de 5 millones de personas vacunadas, las personas de tercera edad que conozco ya tienen las dosis completas al igual que los mayores de 60. He empezado a identificar que el problema ahora no es que no haya vacunas sino el miedo a ponérsela por los mitos y temores que se han venido generando, como que la vacuna tiene efectos secundarios y desarrolla otras enfermedades más graves, o que tiene chips que se incrustan en el cuerpo para que los gobiernos o agencias de inteligencia sepan los movimientos de cada vacunado, nada más alejado de la realidad.

La vacunación en la historia de la humanidad ha jugado un papel protagónico para aumentar la esperanza de vida. En 1800 una persona vivía en promedio 40 años. Para el siglo XXI, la expectativa de vida se encuentra en más de 70 años, gracias a los desarrollos en ciencia, tecnología y salud. La vacuna contra el Covid-19 no es la excepción.

Cuando tenga la oportunidad, no dudaré en ponérmela. Es otra de las formas para aportar a esa normalidad que venimos reclamando y extrañando desde hace un tiempo que parece siglos. Es un motivo para ir recuperando la esperanza en estos días caóticos donde parece que hemos perdido el rumbo.      

Esto fue escrito por

José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

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