X333 o la suerte de un esperpento en un sistema de opresión

Foto tomada del perfil en Facebook de El Pulpo Teatro Físico
Foto tomada del perfil en Facebook de El Pulpo Teatro Físico

La puesta en escena es sencilla: un ciudadano asiste a una entrevista laboral, su sonrisa jovial contrasta con la plasticidad de la sala de estar de aquella “oficina” donde buscan empleados. A los pocos instantes, su expectativa por encontrar un trabajo estable se ve reducida a una experiencia tormentosa, en la cual pierde cualquier vestigio de humanidad para pasar a convertirse en un simple digito: X333.

Se transforma, tras ser desechado por los engranajes de un opresivo sistema de producción, en un esperpento.

El anterior párrafo podría simplificar la esencia de Esperpentos o la suerte de X333 una pieza teatral que la compañía artística El Pulpo Teatro Físico presentó en temporada, entre el 1 y 3 junio, en el Teatro Popular de Medellín.

Con la dirección de Juan Fernando Vanegas Vasco, la obra es una adaptación libre de The Applicant del dramaturgo inglés Harold Pinter. Aunque va más allá de la reinterpretación del clásico sketch de Pinter para erigirse en una intensa exploración sonora y visual sobre la pérdida de la identidad en medio de un sistema de opresión.

Aquel ciudadano en busca de empleo se encuentra con un ser automatizado -la representación de todo un sistema- que progresivamente lo despoja de su voz, su nombre, su identidad y en última instancia, de toda su dignidad.

Foto tomada del perfil en Facebook de El Pulpo Teatro Físico

 En un potente contraste de luces y movimientos -que lleva a lo más alto el potencial expresivo de sus intérpretes-, la obra pone en escena una serie de cuestiones sociales no resueltas; entre ellas, la permanente exigencia de perfección en una sociedad sometida por un Big Brother que vigila y orienta los movimiento de seres automatizados.

Curiosamente, ese otro inglés, Eric Arthur Blair, inmortalizado en la literatura universal como George Orwell, ya había prefigurado esa deshumanización tan propia de los sistemas de opresión. Solo hay que recordar uno de los pasajes más crudos de la novela 1984, cuando a Winston Smith -ya convertido en el despojo del último hombre sobre Europa- un torturador anónimo le dice: “Si quieres hacerte una idea de como será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano… incesantemente”.

Orwell publicó su novela en 1948; Pinter escribió The Applicant en 1959; y, Esperpentos o la suerte de X333 transcurre en un presente que a todos nos toca.

Sea esta columna la oportunidad para felicitar a su director, al equipo técnico y especialmente a sus intérpretes, Diego Herrera y Erick Ospina, porque logran que Esperpentos sea ante todo una experiencia estética, sonora y visual deslumbrante.


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Fredy Chaverra Colorado

Politólogo, UdeA. Magister en Ciencia Política. Asesor e investigador. Es colaborador de Las2orillas y columnista de los portales LaOrejaRoja y LaOtraVoz.

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