¡Usted no sabe en qué quintil estoy yo!

Este artículo se titula con una frase que probablemente usted nunca ha escuchado, aunque si debe recordar muy bien a Nicolás Gaviria y su famoso “¡Usted no sabe quien soy yo!” Incluso es posible que recuerde un escándalo de menores proporciones que se le armó al líder indígena y ex candidato presidencial Feliciano Valencia, por intentar evadir las consecuencias de sus presuntos actos en estado de embriaguez. Casos similares han sucedido recientemente: el político Carlos Moreno de Caro, por una parte trató de evadir el día sin carro en Bogotá con engaños a unos agentes de la Policía que lo detuvieron y por otra parte, una mujer haciéndose pasar por funcionaria del Distrito increpó a un bachiller señalándole que percibía mayores ingresos que él para justificar que se había colado sin pagar en Transmilenio.

 

Además de un profundo irrespeto por la autoridad, esta serie de casos nos muestra que Colombia es una sociedad profundamente desigual, donde es permitido que nuestros apellidos, los cargos de poder que ejercemos o nuestro nivel de ingreso influyan en el tratamiento que recibimos por parte del Estado. Esto refleja que en el fondo, de alguna forma, muchos Colombianos apelen a estos argumentos porque creen que los hacen mejores o los ponen por encima de los demás, es decir que la posición social, determinada a su vez por la situación económica define en últimas las relaciones “des-iguales” en las que nos desenvolvemos a diario.

 

En efecto, de acuerdo con las cifras del Banco Mundial, comparando los datos disponibles para 90 países durante los últimos 5 años, Colombia ocupa el puesto 6 en el ranking de países más desiguales del mundo, con base en el índice de Gini (un medida indicativa del nivel de distribución de los ingresos en una sociedad), solo después de cuatro países africanos y Honduras. Algunos podrían sorprenderse con esta deshonrosa posición, debido a que el país ha venido mejorando su comportamiento en esta materia. Analizando las mediciones del DANE se encuentra que desigualdad se ha reducido en 5,9% desde 2002. Sin embargo, poco se ha discutido el crecimiento de 3,8% que tuvo la desigualdad en las áreas rurales durante el último año.

 

Ahora bien, ¿sabe usted en qué quintil está? En primer lugar aclaremos, sólo para quienes tengan dudas al respecto, que un quintil no es más que uno de los cinco grupos en los que se divide la población[1] según sus niveles de ingreso. Los límites inferiores y superiores de esta distribución puede apreciarse en la tabla que sigue:

Cifras en pesos de 2013
QUINTIL DESDE HASTA
1 0 513.333
2 513.500 900.000
3 900.000 1.437.000
4 1.437.500 2.517.333
5 2.518.834 120.000.000
Fuente: Cálculos del autor con ENCV[2] 2013.

 

Sin lugar a dudas, pocas personas tienen certeza del quintil en el que se encuentran ubicados y por lo general consideran que su ubicación socioeconómica se encuentra por debajo de los niveles reales. La verdad es que pocas personas son conscientes de que hacen parte del 20% más rico del país, por el solo hecho de que los ingresos en su hogar sean superiores a un poco más de 2,5 millones pesos.

 

En el país persiste la desigualdad y más importante que ello, sus consecuencias en como interactuamos los unos con los otros, las cuales se perciben de forma cada vez más aguda, sin que el promedio de los Colombianos seamos conscientes de ello. Lo más preocupante es que en vez de molestarnos, parecemos disfrutar de nuestros altos niveles de desigualdad, pues nos encanta sacárselos en la cara a los demás cada vez que podemos.

[1] Más específicamente los hogares.

[2] Encuesta Nacional de Calidad de Vida.

 

Óscar Escobar

Economista de la Universidad Icesi de Cali, aspirante a magíster en políticas públicas de la Universidad de Los Andes. Con experiencia en el análisis, seguimiento y evaluación de políticas públicas y proyectos de ley, del ciclo presupuestal y las finanzas públicas.

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