Un infierno llamado Darién (1ra parte)

Una espesa e intransitable selva de 5 mil kilómetros cuadrados de junglas, ríos y montañas, guarida de terroristas, narcotraficantes y coyotes, se volvió el paso obligado de migrantes y nacionales que buscan llegar a Panamá para luego seguir su camino hacia los Estados Unidos en búsqueda de mejores oportunidades y un futuro.

Según las declaraciones del defensor del pueblo, Carlos Camargo, alrededor de 2.720 personas de diferentes nacionalidades transitan diariamente por este muro verde, aunque se especula que hay un subregistro de al menos el 16%, por lo que la cifra real terminaría siendo mucho más alta. A este punto llegan colombianos, venezolanos, cubanos, haitianos, ecuatorianos, personas provenientes de diversos países de África, los cuales encuentran este punto como un lugar de paso obligado en búsqueda de la tierra del tío Sam.

No obstante, el drama no se circunscribe únicamente al recorrido que puede durar hasta una semana desde Turbo, sino a que el Tapón del Darién es considerado uno de los pasos migratorios más peligrosos de toda América, tanto por la complejidad del territorio como la falta de institucionalidad y acompañamiento a esta población, la cual termina sufriendo los vejámenes de los diversos actores ilegales que hay en la zona.

En pocas palabras, no hay control sobre el territorio, lo cual termina haciendo que los migrantes sean víctimas de violencia sexual, trata de personas, asesinatos. Ante esto no hay autoridad alguna que defienda los derechos humanos ni de nacionales, ni de extranjeros.

Pese al drama que se vive, el Gobierno de Gustavo Petro parece no tener el tema migratorio dentro de sus prioridades, ni siquiera ante los enfáticos llamados del Defensor del Pueblo, para que se tomen acciones inmediatas en los diversos puntos migratorios, especialmente en el Darién.

Adicional a eso, el “Gobierno del cambio” eliminó la Gerencia de Fronteras, haciendo que la tarea del Estado colombiano sea mucho más ineficaz e ineficiente, aumentando así las violaciones a los derechos humanos que sufre la población migrante que transita por las fronteras.

Pero recordemos que el hoy presidente, dijo apenas en noviembre del año pasado en Sciences Po, el centro universitario de estudios políticos más importante de Francia, que “la migración va a ser el signo de los tiempos” y dándoselas de adivino, advirtió que por parte de Estados Unidos crecería la xenofobia. Mucho habla Petro de dientes para afuera, poco hace de dientes para adentro ¿Cuáles han sido las acciones concretas del Gobierno para atender a la población migrante? Ninguna.

Y mientras la negligencia del Gobierno Nacional continúa, en el Darién siguen pasando diariamente miles de personas que son violentadas y llegan a Panamá (las que logran llegar) para ser recibidos como parias, deportados a sus ciudades de origen, o incluso terminar recluidos en albergues con problemas de hacinamiento. Para ellos empieza un segundo infierno.

Las cifras

Según ACNUR, desde el 2020 la cifra de personas que han cruzado el Darién se ha disparado, y para marzo del 2022, la cifra ya se había triplicado en comparación con el 2021, esto, debido a múltiples razones como la crisis económica después de la pandemia, inestabilidad y persecuciones políticas, entre otras.

Ante este importante flujo migratorio, tanto ACNUR como la OIM -Organización Internacional para las Migraciones- han incrementado su presencia en Panamá para atender a la población que logra llegar al país con la distribución de unidades de alojamiento temporal, mantas, catres y kits de higiene en los centros de recepción en los que operan, no obstante, la cantidad de personas supera la capacidad logística de estas entidades, y termina siendo insuficiente para atender a toda la población, entre las que se encuentran mujeres embarazadas, niños y ancianos, muchos de ellos violentados por las estructuras criminales que delinquen en el Darién.

Según diversas fuentes, cerca del 60% de las mujeres y niños que cruzan el Darién son víctimas de violencia sexual debido a los altos niveles de exposición, que causa repercusión en su estado físico, mental y los marca de por vida, incluyendo infecciones contagiosas como el VIH. Recordemos que los delitos se comenten en Colombia, y que estas personas en su inmensa mayoría siguen su trayecto hacia Estados Unidos, lo que hace que los tratamientos médicos que reciben en Panamá se vean interrumpidos y la infección se propague; la esperanza de vida de las personas que adquieren el VIH se ve reducida sin continuidad en el tratamiento.

Y esta situación se va a seguir presentando si no hay una determinación real del Estado colombiano de combatir las estructuras criminales en el Darién, así como de ejercer presencia institucional amplia en la zona, para que tanto nacionales como extranjeros no vean vulnerados sus derechos humanos ni su dignidad.

Desconozco si la migración va a ser “el signo de los tiempos” como anuncia Petro, lo que sí puedo aseverar es que es un hecho, una realidad que en los últimos años nos ha atropellado y que este Gobierno en particular parece ignorar o a la que definitivamente no le quiere brindar atención alguna.

Mientras que el Gobierno Nacional no hace nada, tanto colombianos como venezolanos, haitianos, ecuatorianos, cubanos y africanos, siguen transitando un infierno llamado Darién.


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César Augusto Betancourt Restrepo

Soy profesional en Comunicación y Relaciones Corporativas, Máster en Comunicación Política y Empresarial. Defensor del sentido común, activista político y ciclista amateur enamorado de Medellín.

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