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Un hombre imprescindible

Libros que van y vienen, le permite al de a pie llevarse libros a su hogar para luego retornarlos y así lograr que otras personas disfruten de la lectura de manera más accesible”.


Bertolt Brecht, brillante poeta alemán, dijo: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

Sé de un hombre imprescindible que habita las montañas del oriente antioqueño, Jorge Iván Ospina, una vida entregada a la filantropía, en ayudar a los demás, en querer día a día compartir conocimiento y dar cosas que hagan crecer a la gente. Él despierta la imaginación con su proyecto que nació en Estados Unidos mientras vivía por allá: Libros que van y vienen, con ello encontró el arte de brindarle a los ciudadanos la opción de encontrar en parques, calles, entre otros lugares, historias que podrían estar guardadas en algún armario, caja e incluso bibliotecas donde para realizar el préstamo de uno de ellos, hay que hacer todo un procedimiento burocrático y en muchas ocasiones hallar una respuesta negativa por el hecho de no cumplir con los requisitos exigidos, por lo tanto, Libros que van y vienen, le permite al de a pie llevarse libros a su hogar para luego retornarlos y así lograr que otras personas disfruten de la lectura de manera más accesible.

Claro que todo tiene una noción, una razón de ser y es promover la lectura, promover la confianza y brindarle al mundo un mensaje contundente: la literatura es la forma más sublime de imaginar mundos que por supuesto no es la vida real. Por ello, soñar e intentar llevar a la acción este tipo de iniciativas, especialmente a donde el acceso a la cultura por ahora es una utopía, es crucial para apostarle a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pues el ser humano y su identidad se cohesiona con la cultura, con lo que aprendemos, ese es nuestro patrimonio cultural inmaterial, nadie no lo va a quitar, lo que aprendemos en algún momento le dará a nuestra alma una catarsis y al mundo un granito más de humanidad.

Por todo lo anterior, resalto a Jorge Iván Ospina, un hombre que le apuesta a la cultura y que gracias a ello, hizo detenerme cierto día a las afueras de su casa mientras caminaba por la vereda Santa Ana, Rionegro, a observar una caja de madera llena de libros al servicio de todos, cuya descripción prevalece: “Un libro que viaja de mano en mano ofreciendo sus aventuras a quien lo quiera leer y aprender de él”, siento y debo admirar también a quien lo inspira en contribuir con el bienestar de la comunidad: Fanny Botero de Ospina, su madre, quien su nombre se resalta en aquellas bibliotecas como la precursora y la que ha inspirado a realizar estos proyectos.

Anhelo y deseo que el mundo se transforme gracias a todas las personas anónimas que le apuestan a la cultura y educación, ya lo decía Nelson Mandela “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo” y está en nosotros hacer que la cultura y la educación sean ese puente que reúna a todos a un bien común: el conocimiento.