Trilogía de Auschwitz parte dos: La sinfonía del Lager

Este silbido es algo importante: lo hemos oído tantas veces, lo hemos asociado tantas con el sufrimiento del trabajo y del campo, que se ha convertido en su símbolo y evoca directamente sus imágenes, como ocurre con algunas músicas y algunos olores

Primo Levi, Si esto es un hombre


Los dos símbolos de la revolución industrial y la modernidad -junto con su progreso-, la locomotora y el vapor, fueron usados como máquinas de exterminio en los campos de concentración.

«El tren va a llegar: se oye el jadeo de la locomotora» expresaba Primo Levi. los mismos que lanzaban la piedra para lastimar al condenado -portador de todos los males- al leproso encadenado, ahora le abren los brazos, le pide perdón, exponen que solo seguían órdenes, que el arrepentimiento -como la furia con la que actuó cubierto por la criminalidad hecha sistema y poder político- es sincero, reconoce que se equivocó; el pueblo que adoro la efigie del genocida ahora le da la espalda, pero con el también le da la espalda a sus crímenes.

No quieren escuchar más de los percances y atrocidades, no quieren saber de esos trenes Decauville que sellados llevaban a las víctimas, no quieren saber de connivencia entre fuerza pública y paramilitares, de las tragedias familiares donde se han perdido kilos de cocaína y fortines políticos; quieren negar los pactos de Ralito, el de Chivolo, el pacto para refundar Urabá; de los familiares que han detenido y se siguen deteniendo por tener alguna relación con los gremios más oscuros y violentos del país.

Ellos, con las manos manchadas de sangre, con las que recibieron las coimas por su labor de agiotistas con la muerte; ellos que fusilaron para quedarse con predios, sirviéndose del venda ahora o le compro a la viuda; ellos que luego pretendieron reintegrarse  a la sociedad que asesinaron con total impunidad, dicen que solo fueron víctimas, no tienen nada que ver con el exterminio y la exclusión -según Kertezs- elevada al plano de lo absoluto, lo que suele devenir en el exterminio del yo molesto e incómodo; esa exclusión absoluta  que según Primo Levi habita en todos nosotros y en todos los pueblos, pero cuando deviene en dogma solo puede conducir- como los trenes destinados a la solución final- a un único destino: al lager.

Saturados de violencia, de matanzas, cuerpos desmembrados, incursiones militares a pueblos lejanos, bombardeos de menores, fosas comunes, de caminar sobre minas, de existir en el paisaje de la crueldad, de contemplar las pinturas de la barbarie,  de la repetición incesante de los medios tradicionales con su sensacionalismo amarillista de los espectáculos de perversidad, del regodearse de la muerte violenta a sabiendas de que controla el poder político, la justicia y el dinero en este país de hundidos.

Por años nos han prometido el reino de los cielos al costo de la muerte de nuestro pueblo; nos han acostumbrado a la guerra como única forma de vida, al chivateo del vecino, al acoso violento del detractor. Han impuesto a su pueblo las cosas más abominables que un hombre puede hacer a otro -como afirmaba Levi-. No nos permiten la paz y la tranquilidad, conspiran desde las alas esferas del poder para mantener sus prerrogativas y reducir cualquier rayo de luz en este inmenso purgatorio.

No deja de revolverme las entrañas el hecho notorio de que todo aquello derivado de la modernidad y el progreso solo ha sido usado puntualmente para la muerte, jamás para mejorar la existencia humana – a excepción de mezquinos usos médicos-. Ahora comprendo a Grey cuando afirmaba que había una especie de fe ciega en creer que todo lo que se derivaba del proyecto de la modernidad era bueno; aquello que pensaba Marcuse de la ciencia y la tecnología como mecanismos para afianzar la dominación en la sociedad unidimensional afirmaba ya dicha superchería.

No más guerra, no más lugares del terror, no más masacres y desplazamientos violentos, no podemos permitir que esta sea la generación que vio morir la posibilidad de paz, la generación que volvió al país del realismo macabro, de la guerra total; tenemos la voluntad ciudadana de construir un mejor país, mientras ellos silban su sinfonía del lager, nosotros bailamos en Cali, Pereira, Bogotá e incontables ciudades más; mientras ellos arremeten con su maquinaria de exterminio, nosotros organizamos festivales de cine, conversatorios populares, escuelas de capacitación para el pueblo; tenemos la voluntad y la convicción de paz, mas no la voluntad del Estado de tramitar dicha demanda. Si el estado no tiene la voluntad para afrontar esta exigencia de paz, lo señalamos entonces como precursor de la guerra; y frente a un poder ilegítimo no queda más que la rebeldía y la resistencia.

Vicente Rojas Lizcano

En mis inquietudes esta la búsqueda de una forma autentica y novedosa de retratar las problemáticas sociales (conflictos armados, emergencias ambientales, actualidad política, la cultura). Ello me ha llevado a incursionar en la novela de ideas, el cuento, y demás formas narrativas como herramienta de teorización sobre la política y la sociedad.

Comentar

Clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.