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¿Te vacunarías o no contra el Covid-19? | Parte 2


Por: Valeria Montes Ruiz & Juan David Solarte Eraso


Parte I en el siguiente Link: https://alponiente.com/te-vacunarias-o-no-contra-el-covid-19-parte-1/

 

¿POR QUÉ NO?

En este punto, cabe resaltar que existen un sinnúmero de factores que le proporcionan a la persona el poder de cuestionarse sobre si la vacunación es, además de ser estrictamente necesaria, segura; uno de estos factores fue un artículo publicado a finales del año 1998 en The Lancet, una revista de medicina general con largos años de trayectoria y conocida a nivel mundial por su relevancia en publicaciones. En ese entonces, el Doctor AJ Wakefield, se refirió en su escrito a la posible relación que había con la Vacuna MMR y el desarrollo de autismo en quienes se les aplicaba el fármaco; este rechazo hacia dicha vacuna, surge netamente de propuestas arraigadas a conflictos de interés por parte del grupo investigativo y del cual, a la postre, pudo darse un veredicto completamente diferente al propuesto por los autores que emergían en contra de ésta. Lo anterior, debido a que dicha asociación –“vacuna MMR-autismo”– no contó con bases suficientes para su determinación –tuvo apenas ocho (8) casos experimentales– y, además, se vio sumergida dentro de una serie de errores en el desarrollo de la misma investigación; lo que generó, la posterior anulación y eliminación de un artículo en la revista Gaceta Sanitaria [Segura Benedicto, A. (2012). The putative link between the MMR vaccine and autism and refusal to vaccinate. Gaceta Sanitaria, 26(4), 366-371].

A pesar de la eliminación del artículo en la revista, tuvo tal efecto en la población, que a partir de 1999 e inicios del 2000, se contó con un descenso en la aplicación de la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR) en todo el mundo; lo que trajo consigo un aumento de casos registrados y muertes causadas por estas enfermedades.

Es bien conocido por gran parte de la población que, todo medicamento presenta en cierta medida efectos adversos al momento de ser introducido dentro del organismo, efectos que pueden ser a corto o largo plazo y que van desde leves a graves; esto considerando un manejo excesivo del mismo, debido a que todo suministro de un compuesto para tratar una enfermedad debe manejar un uso establecido bajo las normas y puesto en escena junto a las necesidades de la persona.

De nuevo en el tema de las vacunas contra el COVID-19, todo el proceso de investigación por parte de la entidad encargada (FDA), toma normalmente el tiempo necesario –meses o años– para establecer la garantía de un funcionamiento adecuado al momento de suministrar la vacuna; sin embargo y debido a la situación actual, se establece un caso especial, en donde se determina una autorización de emergencia de uso de estas, que claro está, cuentan con menos información de la que normalmente se suministra, pero que de igual modo, supera los estándares de seguridad. La aplicación de este fármaco ha demostrados los posibles efectos que no van más allá de: dolor, enrojecimiento o hinchazón donde se dio la vacuna, fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares, fatiga, escalofríos y dolor en las articulaciones; síntomas que se manifiestan sólo por uno o dos días, es decir, son las reacciones comunes que puede producir la aplicación de cualquier fármaco.

Hasta el momento, no se han presentado verdaderamente complicaciones que puedan afectar la cotidianidad de las personas y mucho menos, comprometer su salud de forma agresiva.

FINALMENTE

Hoy en día, a pesar de los hechos históricos y al desarrollo de la ciencia, aun la población se encuentra sumergida en un mar de divisiones frente a la aplicación de la vacuna contra el COVID-19, pero del mismo modo, hay una mayor fracción a favor de ésta. A nivel general, un sondeo realizado en el año 2018 por Wellcome Global Monitor, aseguró que el 92% de la población mundial aún confiaba en las vacunas; lo cual se atribuye a: I) El desarrollo científico a lo largo del tiempo –desde que surgió la primera vacuna–, siempre ha ido ligado estrechamente al gran desarrollo tecnológico que hoy conocemos; y II) No olvidar que gracias a la ciencia, la esperanza de vida del hombre aumentó significativamente, paso de un promedio de 30 años de vida a más de 70 años, esto, en poco menos de dos siglos.

Una percepción más concreta nos refleja el DANE en Colombia en una encuesta realizada en el mes de noviembre del 2020, la cual fue aplicada en 23 ciudades del país, logró determinar un sondeo general sobre la llegada y posterior aplicación de la vacuna contra el COVID-19 en el territorio nacional. Los resultados fueron los siguientes: el 55,8% de los encuestados aseguraron que si se vacunarán, mientras que un 44,2% de la población encuestada aseguraron que no estarían dispuestos a aplicarse el fármaco. Un mes después, para finales de diciembre e inicios de enero del 2021, se volvió a realizar la misma encuesta por parte del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en esta ocasión, el sondeo fue diferente: paso de 44,2% a 40,1%, es decir, que hubo una disminución de 4,1 puntos de las personas escépticas frente a la aplicación de la vacuna.

Lo anterior, es muestra de que las campañas de promoción de la vacuna, el cumplimiento de las fases de prueba y la aplicación en vivo de la misma a gobernantes y a los principales líderes alrededor del mundo, han creado confianza en la población, generando así, que cada vez, nos alejemos todavía más de la paradoja del “cinturón de seguridad”. Donde antes cabía la concepción de que el uso o no del cinturón de seguridad en el vehículo, era una “decisión propia y nadie podía obligar a su uso”, los accidentes de vehículo demostraron lo contrario: aquellas personas que no contaban con la faja ancha de seguridad en el momento del accidente fueron en mayor número las víctimas fatales, generando así, traumas psicológicos en las demás personas e incluso, ocasionando accidentes a terceros.

Dicha paradoja también se refleja en la vacunación masiva, pues, cuando se logra asegurar un evento tal, se está generado la “inmunidad de rebaño” frente al virus en toda la población, beneficiado así, a aquellas personas que por motivo de edad, de salud o por alergia a determinados medicamentos, no podrán vacunarse contra el COVID-19. Luego de analizar este sentido, el sí a la vacuna se trata de un acto de humanidad y fraternidad con nuestros semejantes: un acto de solidaridad.

Ya para finalizar, se nos hace necesario enfatizar en que a lo largo de la historia, jamás un grupo antivacuna ha detenido la aplicación masiva de una de ellas, esto debido al éxito del fármaco; por el contrario, nosotros pensamos que un grupo antivacunas no debe cumplir la función de exigir y motivar a la no aplicación, sino, centrarse en exigir una mayor seguridad para los fármacos, es decir, mayores estudios y mayor control; lo que se traducirá en una calidad excepcional para las vacunas.

Como lo dijimos en la primera parte de esta columna: usted será quien dé su propia conclusión sobre todo esto ¡Y YA LLEGÓ EL MOMENTO!


Nota

Este artículo fue redactado en conjunto con Valeria Montes Ruiz (Twitter: @vmr0112): Estudiante de medicina en la Pontificia Universidad Javeriana (Cali Colombia). Vicepresidente de la Asociación científica de estudiantes de medicina de la Pontificia Universidad Javeriana (ASEMPUJ) e integrante del Grupo de interés en medicina interna (IMIG).

Esto fue escrito por

Juan David Solarte Eraso

Estudiante de derecho en la Universidad Libre (Seccional Cali, Colombia), y miembro del Semillero de Investigación de Conflicto, Derechos Humanos y Cultura de Paz. Estudioso de la historia.

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