Sobre enseñar el conflicto colombiano en las aulas de clase

Los colegios deben ser constructores de paz y aportar a las comprensiones del conflicto y las violencias en nuestro país, pero desde el carácter formativo y plural, no ideológico ni unidireccional, que debe tener la educación integral.


El hecho de que la televisión y otros medios de comunicación sean quizá las principales fuentes de información que tienen los niños y jóvenes sobre el conflicto armado en el país, exige que la educación fortalezca e innove en las políticas y pedagogías para la paz y en los relatos de las violencias en Colombia desde un punto de vista objetivo, veraz y que incluya la diversidad de miradas que pueden existir sobre el conflicto.

Comprender lo que ha pasado en el país es crucial para transformar las realidades de la guerra en oportunidades verdaderas de perdón y reconciliación. Y en este propósito los Maestros, como agentes decisivos en la formación crítica, ética y política de los estudiantes, son de vital importancia para orientar una interlocución sana sobre los sentidos del conflicto colombiano para los niños y jóvenes del país.

Pero estas interlocuciones en las aulas de clase deben tener un carácter formativo, partir del contexto territorial y evitar todo sesgo ideológico, para lo cual es indispensable el apoyo en múltiples fuentes de información e interpretación. Adicionalmente, y para que el aprendizaje sea significativo y movilizador, profundizar sin miedo en las raíces del conflicto, e incluso en las distintas formas de violencias como respuesta a las diferencias, no solamente en el ámbito político sino también cultural.

Entre las múltiples fuentes a las que podría acudir el docente para alimentar su apuesta formativa y la interlocución de los estudiantes alrededor del conflicto colombiano, el Informe de la Comisión de la Verdad puede dar elementos historiográficos valiosos sobre la violencia en Colombia, pero no como producto terminado sino como punto de partida a un debate más plural, a un análisis más profundo y a unas propuestas de transformación construidas desde los propios estudiantes y su relación, lejana o cercana, con el conflicto.

Lo que sí resulta fundamental es evitar las conclusiones definitivas y tendenciosas sobre una verdad oficial (que no tiene por qué haberla) o narrativas que terminen romantizando a los grupos armados ilegales,  justificando su violencia e impunidad y convirtiendo al Estado y a la institucionalidad en los enemigos y victimarios principales.

De ahí que conclusiones como las de “todos hemos sido responsables” sean inapropiadas, pues si bien todos, consciente o inconscientemente, hemos participado de algún tipo de violencia, no todos hemos sido culpables. En la historia del conflicto colombiano en particular han existido personajes y organizaciones que han elegido, ejercido y sacado provecho de la violencia contra la sociedad colombiana. Los mismos que no pueden convertirse en héroes o referentes ante una población envestida por todas sus formas de terror.

Los Colegios deben ser constructores de paz y aportar a las comprensiones del conflicto y las violencias en nuestro país, pero desde el carácter formativo y plural, no ideológico ni unidireccional, que debe tener la educación integral.

About the author

Santiago Orozco Carmona

Politólogo y Magíster en Estudios Políticos de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín; diplomado en docencia, currículo y didácticas y en convivencia escolar. Es fundador de la corporación Por la Gente Somos Más y Creador de El Líder Sos Vos. Se ha desempeñado como investigador y escritor en el área de las ciencias sociales, políticas y humanas; docente de básica primaria, secundaria y media durante más de dos años; docente universitario, asesor de despacho y coordinador del Programa de liderazgo "El Líder Sos Vos" de la Secretaría de Educación de Medellín durante el 2016-2019.

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