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Salud o economía, ambiente o minería:  dos dilemas absurdos

En la industria minera son bien conocidas y muy exitosas las medidas de prevención, mitigación, restauración y compensación por los impactos ambientales de dicha actividad

La pandemia del COVID-19 que hemos venido padeciendo y las medidas tomadas casi de forma universal han implicado serias afectaciones a la economía de los países, de las ciudades y de las familias. Esto ha llevado a plantear en muchos escenarios el dilema de proteger la salud de los ciudadanos o mantener el desarrollo económico.

La repercusión social, las implicaciones éticas y la prevención frente a  esta  pandemia han sido investigados en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España en el proyecto Análisis científico filosófico y social del COVID-19 y producto de este proyecto se ha publicado el interesante artículo de opinión :” El dilema entre salud y economía por la covid-19, un debate estéril a la luz de la Ciencia y la Historia” (www.larevista.cr).

En dicha contribución se establece que hay dos hitos históricos esenciales en la historia de la humanidad como son la publicación en 1776 del libro sobre La riqueza de las naciones, del filósofo escocés Adam Smith, considerada como el documento fundador de la economía clásica como ciencia social y del liberalismo económico. El otro hito fue la publicación del libro sobre El origen de las especies del naturalista británico Charles Darwin, pilar de los estudios sobre la evolución del hombre, la cual ha sido una historia continua de la búsqueda de la salud y que ha progresado de forma paralela con los grandes avances y revoluciones económicos y sociales.

Por su parte, la Paleopatología, ciencia que estudia las enfermedades en los grupos humanos prehistóricos muestra que existe una fuerte correspondencia entre las enfermedades y las prácticas económicas y las relaciones sociales de cada época. Así, al pasar el hombre paleolítico con un sistema de vida nómada basado en la cacería y la recolección a un sistema neolítico sedentario basado en la agricultura y la ganadería, se produce una revolución económica trascendental y es en este momento que aparecen las enfermedades parasitarias e infecciosas, algunas de ellas derivadas del contacto con los animales domésticos, proceso conocido como zoonosis.

Además, a lo largo de la evolución de la especie humana hay numerosos episodios que han mejorado paulatinamente su salud, y, como consecuencia de ello, han permitido cambios significativos en su actividad económica. Por ejemplo, la inversión en la investigación de fármacos e implementos de salud permitió el descubrimiento de la penicilina, la vacuna contra la poliomielitis, las técnicas de los trasplantes de órganos y notables avances en la ingeniería biomédica.

Finalmente, la investigación citada concluye así: “La relación entre economía y salud no debe plantearse como enfrentamiento o debate, sino más bien en términos de diálogo, de entendimiento. En dinámicas biológicas, podríamos decir que debería plantearse sobre la base de cooperación, de mutualismo o simbiosis. No de competencia, y mucho menos en términos de relaciones de explotación, depredación o parasitismo, en las que una de las partes resulta claramente perjudicada en detrimento de las otras. En definitiva, consideramos que el debate entre salud y economía es estéril en términos científicos y peligrosamente contra evolutivo”.

La controversia suscitada en las últimas décadas entre protección ambiental o desarrollo económico ha llevado al otro dilema absurdo y contraproducente el cual consiste en tener que decidir entre “Ambiente o Minería”, particularizado sobre todo en otro sub-dilema que es “Oro o Agua”.

La minería ha dado buena cuenta de la evolución de la sociedad hasta llegar hoy día a la profunda transformación tecnológica expresada en la 4ta Revolución Industrial. Así, a la par de la evolución del hombre se dieron en el periodo Paleolítico la Edad de Piedra o Etapa Lítica y con el descubrimiento y uso de los metales se originó luego la Edad de los Metales (cobre, bronce y plata). Posteriormente, los recursos minerales se usaron en la construcción de los templos faraónicos del antiguo Egipto, los romanos los utilizaron también para construir sus acueductos, templos, coliseos, baños colectivos, paraninfos, anfiteatros y carreteras como la vía Apia.

Luego en el siglo XVI Georgius Agricola publicó el célebre libro De re metallica que es un tratado del arte de la minería y el procesamiento, fundición y refinado de los metales de la época y que fue secundado en el año 1630 por Alonso Barba quien publicó el libro El arte de los metales, en la imprenta del Reino de España.

En el mundo oriental, los chinos construyeron la famosa Muralla y formaron el amplio grupo de soldados de Terracota. En América Latina las etnias precolombinas Aztecas, Mayas, Incas, Chaviles y Quimbayas, construyeron hermosos templos y pirámides, así como la joyería artesanal de jade y de filigrana de oro que está muy bien representada en los museos de oro de Colombia, Perú, Costa Rica y México.

Más recientemente, con el desarrollo del acero (mezcla de hierro y carbón) se dio en Gran Bretaña la Revolución Industrial en la segunda mitad del siglo  XVIII y en el siglo XX y lo que llevamos del XXI la minería ha contribuido enormemente a la industria de la construcción, a la navegación aérea y aeroespacial, la electrónica, las telecomunicaciones, las tecnologías de la información, hasta llegar a lo que se conoce actualmente como la 4ta. Revolución industrial que contempla la digitalización, la automatización, la robotización, el Internet de las cosas y la Inteligencia artificial.

Es claro que toda interacción o actividad desarrollada por el hombre tiene un impacto en el ambiente, considerado este en sus componentes del medio físico, el medio biótico y el medio antrópico.  Esto ha llevado a que la comisión Económica para América Latina (CEPAL) haya convocado recientemente a expertos ambientalistas de la región para analizar el deterioro ambiental y ha editado el libro La tragedia ambiental de América Latina en el que se reconoce que: “Todo esfuerzo en favor de la sostenibilidad ambiental entra en conflicto con un estilo de desarrollo en que sigue primando la explotación de los recursos naturales con escasa agregación de valor”

Sin embargo, en la industria minera son bien conocidas y muy exitosas las medidas de prevención, mitigación, restauración y compensación por los impactos ambientales de dicha actividad. Además, existen muchos y muy buenos ejemplos de cierres y abandonos de operaciones mineras, con la construcción de museos, actividades recreativas, parques, lagos y plantaciones de especies en vías de extinción y corredores biológicos. Por tanto, la gestión ambiental orientada al aumento de la productividad, así como la implementación de la estrategia de la EcoMinería, cuyo eje central es dar valor agregado ambiental y social a las comunidades convierte en un absurdo dicho dilema, ya que no se ha podido establecer hasta ahora un modelo de desarrollo económico que prescinda de los recursos naturales no renovables.

Por último, y entrecruzando los dos dilemas citados, las empresas mineras en Colombia reaccionaron de forma muy positiva a la pandemia del COVID-19 ya que implementaron los protocolos de bioseguridad, no suspendieron las actividades productivas, no despidieron empleados y han contribuido de manera determinante con el aporte de comida a la población más afectada y con la donación de equipo e insumos médicos.

Por: Alfonso Monge, PhD, MBA. *

Economista minero

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Iniciativa Antioquia por la minería sostenible

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