Reto fiscal

“Al gobierno entrante le tocó un plan de ajuste como nunca, de salir a buscarlo no tiene oportunidad de fallar, pies de plomo y técnica fiscal, mucha técnica fiscal”

A un país lo caracteriza su escenario macroeconómico como fuente de credibilidad y confianza, si los muros fiscales tienen filtraciones, la economía hace aguas, el capital se ahuyenta y la inversión se estanca. Pero como es debido, los colombianos deben comprender el escenario sobre el que depende su bienestar, si en la casa no hay plata, las expectativas desaparecen.

El reto fiscal que le toca al gobierno entrante parte de una deuda de $1.147 billones, equivalente al 61,9% del PIB eso que llamamos deuda neta se consume las esperanzas de transformación productiva de la economía, ese gigante destroza el mercado laboral, devora recursos para la salud, las transferencias monetarias, la seguridad y todo aquello que el Estado define como gasto en bienestar social, a su vez, espanta el financiamiento externo, aumenta el riesgo país, y es un duro azote a la planificación del Estado, si el gasto primario sigue creciendo por encima de los ingresos de la nación y se le suman bajas tasas de crecimiento económico, el componente fiscal se vuelve insostenible, de por sí con un -7.4% en el balance total.

Para el Comité Autónomo de Regla Fiscal, se requiere un ajuste estructural en el mediano plazo, esto implica reducir el gasto primario, pero siendo sinceros, al gobierno le tocaría entrar viendo como recorta $60 billones al tiempo que buscaría renegociar deuda para bajar las tasas de interés en bonos y generar algo de espacio para financiarse en frentes como infraestructura, transición energética entre otros. El punto es que en Colombia es gasto primario es inflexible, hay compromisos que se deben honrar y son ineludibles, como salud, pensiones y SGP para las regiones.

Por otro lado, las cuentas llevan a describir un escenario de estrés financiero que requiere ajustes, uno de ellos es bajar la presión del gasto, compensada por ingresos adicionales vía una reforma tributaria de alrededor de 1,4% del PIB, la cuestión es que no se conoce cómo debería estar estructurada. También se desconocen las necesidades de financiamiento del Presupuesto General de la Nación que están integradas por un gasto contingente del cual no se tiene certeza de si se puede cumplir, el espacio para vigencias futuras fue acortado por operaciones de manejo de deuda y la tracción de la economía para apalancar confianza bajó estrepitosamente, un ejemplo claro de esto es la caída en sectores como construcción, industria y manufactura.

En el escenario macro, la inflación se estima entre el 6,4% y 6,6% para 2026, con un Banco de la República que ha actuado bien y que ya se acercó a una Tasa de interés de política monetaria del 12%, un aumento de 75 puntos sobre la última cifra. Se estima que el crecimiento económico esté entre el 2.1% y el 2.6% muy lento, pero es que reactivar una economía también requiere de un paquete legislativo inmenso.

Por ahora, los colombianos están a la expectativa, confían en que el mercado laboral se siga recuperando y la informalidad baje del 57,7%, entre otras por que el cuentapropismo es un fenómeno que se expandió y solapa los resultados laborales. Así que si se prevé un gasto primario de $406 billones en ausencia de espacio fiscal el déficit va a seguir creciendo. En este último escenario, al gobierno entrante le tocó un plan de ajuste como nunca, de salir a buscarlo no tiene oportunidad de fallar, pies de plomo y técnica fiscal, mucha técnica fiscal.

Gustavo Sepúlveda

Economista de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Especialista en proyectos de la Universidad Católica de Colombia y Magíster en Economía de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Actualmente analista económico, en temas de legislación económica, crecimiento, sector productivo. Investigador y académico.

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