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Resumen Ejecutivo
La última semana de mayo estuvo marcada por una reducción de las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo, lo que permitió una fuerte corrección de los precios del petróleo y una recuperación del apetito por riesgo en los mercados financieros. Sin embargo, detrás del optimismo de corto plazo persisten desafíos estructurales relacionados con inflación, crecimiento y sostenibilidad fiscal.
En Estados Unidos, la inflación volvió a mostrar resistencia mientras el crecimiento económico continúa moderándose. La inversión asociada a inteligencia artificial sigue siendo el principal soporte de la actividad y de los mercados accionarios, pero la Reserva Federal mantiene escaso margen para considerar recortes de tasas en el corto plazo.
Europa enfrenta un escenario más complejo. La economía permanece cercana al estancamiento y el repunte de los costos energéticos ha comenzado a trasladarse a otros componentes de la inflación, fortaleciendo las expectativas de nuevos aumentos de tasas por parte del Banco Central Europeo.
En Asia, China continúa enfrentando dificultades para reactivar el consumo y estabilizar su sector inmobiliario, mientras Japón consolida una recuperación apoyada en exportaciones, industria y demanda interna, aunque con crecientes presiones inflacionarias.
En América Latina, México conserva la confianza de las agencias calificadoras, pero la informalidad sigue limitando su potencial de crecimiento. Brasil sorprendió con una expansión económica superior a la esperada, aunque el impulso fiscal y la persistencia inflacionaria podrían retrasar futuros recortes de tasas.
En Colombia, el desempleo se mantuvo en 8,8%, aunque el dinamismo laboral provino principalmente de actividades relacionadas con el sector público. Al mismo tiempo, persisten preocupaciones sobre la trayectoria fiscal, la seguridad energética ante un eventual fenómeno de El Niño y el aumento de la incertidumbre financiera previo a las elecciones presidenciales.
Los mercados financieros cerraron la semana con valorizaciones en renta variable y renta fija, favorecidos por la caída del petróleo, la debilidad del dólar y la expectativa de una menor presión inflacionaria global. No obstante, las valoraciones continúan dependiendo de un escenario optimista sobre crecimiento tecnológico, estabilidad geopolítica y moderación de precios.
La economía global entra al segundo semestre con un entorno menos tensionado que hace algunas semanas, pero aún condicionado por tres variables que seguirán definiendo el comportamiento de los mercados: la evolución de la inflación, las decisiones de los bancos centrales y la estabilidad geopolítica internacional.
I. Estados Unidos: un PCE que no cede, un PIB que decepciona y una Fed que ya no descarta subir las tasas
La semana cerró con una acumulación de datos que terminó de sellar un cambio de régimen en las expectativas monetarias de Estados Unidos. No se trató de un solo número adverso, sino de la coincidencia de varios frentes simultáneos: inflación más alta de lo que el ciclo permite tolerar, crecimiento más bajo de lo que el mercado esperaba, un consumidor que empieza a mostrar grietas reales y una Reserva Federal que ya no descarta formalmente un nuevo ciclo de alzas. La combinación transformó la conversación sobre política monetaria de forma más definitiva que cualquier declaración individual de sus miembros.
El dato central de la semana fue el deflactor del consumo personal (PCE) de abril, que registró una variación interanual del 3,8%, el nivel más elevado desde mayo de 2023 y el tercer mes consecutivo por encima del 3,5%. El PCE subyacente, indicador de referencia preferido por la Fed por excluir alimentos y energía, avanzó hasta 3,3%, su punto más alto desde noviembre de 2023. La lectura mensual del componente subyacente fue de apenas 0,2%, ligeramente por debajo de lo estimado, señal que algunos interpretaron como moderación incipiente. Sin embargo, ese matiz no cambia el diagnóstico estructural: el núcleo de la inflación lleva más de cuatro años por encima del objetivo del 2% y los factores que hoy la sostienen no son exclusivamente energéticos. La inflación de servicios avanzó 0,3% en el mes, los precios de vivienda registraron su mayor aumento mensual desde enero de 2025 y los servicios distintos de energía, alimentos y vivienda apenas moderaron su ritmo. El traslado de costos energéticos ya está tocando capas más profundas de la estructura de precios.
El crecimiento tampoco entregó alivio. La segunda revisión del PIB del primer trimestre confirmó una expansión anualizada de apenas 1,6%, cuatro décimas por debajo de la estimación preliminar y claramente inferior a las proyecciones del consenso. El ajuste a la baja respondió principalmente a menor consumo privado —que avanzó 0,3% trimestral frente al 0,4% inicial— y a una acumulación de inventarios más modesta. En términos interanuales el crecimiento se mantuvo en 2,6%, sostenido por la inversión no residencial vinculada a inteligencia artificial, que siguió siendo el motor más dinámico del período. Sin ese componente, el cuadro de actividad del primer trimestre habría lucido considerablemente más frágil.
Abril confirmó además que la pérdida de tracción del consumidor no fue un fenómeno pasajero. El gasto de los hogares creció apenas 0,1% real en el mes, la tasa más baja desde el inicio del conflicto en Oriente Próximo, mientras la renta disponible real retrocedió por tercer mes consecutivo. La tasa de ahorro personal cayó al 2,6%, mínimo de los últimos cuatro años, señal inequívoca de que los hogares están financiando consumo corriente con erosión de ahorro y no con mayor ingreso. El índice de confianza del consumidor de la Conference Board registró su primer retroceso desde el inicio del conflicto, mientras las expectativas de inflación a un año repuntaron hasta 3,5%. Las de largo plazo permanecen relativamente estables —2,6% a cinco años, 2,5% a diez—, pero ese anclaje empieza a sentirse más frágil cuanto más se prolonga el choque energético.
El PMI de Chicago entregó la señal contraria más llamativa de la semana: el índice se disparó desde 49,2 hasta 62,7 puntos, su nivel más alto en más de cuatro años. El movimiento refleja el impulso manufacturero derivado de acumulación preventiva de inventarios ante costos energéticos y disrupciones logísticas, el mismo patrón que el sector manufacturero global viene mostrando desde el inicio del conflicto. Es fortaleza de demanda anticipada, no de demanda final. Los pedidos de bienes duraderos también sorprendieron al alza en abril, con un incremento total del 7,9%, aunque la lectura subyacente de bienes de capital excluido transporte y defensa —el mejor indicador adelantado de inversión empresarial— retrocedió 1,1% frente a una estimación positiva de 0,4%, señal de que la inversión productiva real comienza a desacelerarse pese a la solidez aparente de los titulares.
Las solicitudes semanales de desempleo alcanzaron 215.000, levemente por encima de las estimaciones, aunque permanecen dentro de niveles consistentes con un mercado laboral estable. El dato no genera por sí solo alarma, pero se suma a un contexto donde la creación de empleo ya moderó hasta 115.000 puestos en abril y donde la tasa de desempleo se mantiene cerca del 4,3%. Un mercado laboral que sigue siendo razonablemente sólido le quita urgencia a la Fed para actuar en cualquier dirección, pero también le impide utilizar el empleo como argumento para relajar su postura antiinflacionaria.
La verdadera novedad de la semana fue el giro de tono dentro del propio cuerpo de la Fed. Michelle Bowman, considerada hasta hace pocas semanas una de las voces más inclinadas hacia la flexibilización, reconoció explícitamente que si las interrupciones de suministro persisten en la segunda mitad del año podría reconsiderar su postura. Neel Kashkari, uno de los tres disidentes de la reunión de abril, fue más directo: el riesgo de que la inflación siga escalando y las expectativas se desanclen ya lo tiene “prestando más atención”. Jeffrey Schmid planteó incluso la posibilidad de utilizar el balance de la Fed como herramienta adicional de restricción. La presidenta de la Fed de San Francisco, Mary Daly, insistió en que la política monetaria está “bien posicionada” y que no hay urgencia para moverse, aunque condicionó cualquier evaluación futura al desenlace del conflicto con Irán.
Los mercados llegaron a descontar probabilidades superiores al 40% de una subida de tasas hacia finales de 2026, con el escenario más probable apuntando a un rango de 3,75%-4,00% para 2027. Es un reposicionamiento sustancial respecto al consenso de hace apenas dos meses, cuando el mercado descontaba recortes para la segunda mitad del año.
El telón de fondo geopolítico siguió dominando la narrativa energética y monetaria. El presidente Trump reiteró en Truth Social que el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto sin peajes ni restricciones, mientras Irán insistió en que la “futura administración” del estrecho forma parte de sus responsabilidades soberanas. El Secretario del Tesoro Scott Bessent, en una reunión de gabinete del 28 de mayo, calificó el impacto petrolero de “transitorio” y aseguró que el precio del crudo volverá a niveles previos al conflicto una vez que este concluya. La palabra “transitorio” —que carga el peso de su uso fallido por parte de la Fed en 2021— refleja la apuesta de la administración sobre la naturaleza y duración del choque. Los mercados de predicción no comparten esa confianza: operadores de Kalshi estimaron un 39% de probabilidad de que la inflación supere 5% antes de que termine el año.
En el crédito privado, una señal adicional de estrés comenzó a hacerse visible. Un análisis sobre 51 sociedades de desarrollo empresarial reveló que las pérdidas no realizadas agregadas equivalieron al 2,35% del valor liquidativo en el primer trimestre, el nivel más elevado desde el segundo trimestre de 2022. Los ingresos en especie (PIK), que permiten a deudores diferir el pago de intereses añadiéndolos al saldo, se mantuvieron en niveles históricamente altos. Son señales tempranas de que las tasas altas sostenidas ya están generando tensiones en segmentos del mercado crediticio menos visibles que los grandes índices de renta variable o renta fija.
Valoración. La economía de Estados Unidos llega al cierre de mayo en un punto de inflexión que el mercado comienza a procesar con mayor seriedad que hace apenas semanas. El consumidor pierde capacidad adquisitiva real, el ahorro alcanza mínimos de cuatro años, la inversión empresarial subyacente muestra señales de desaceleración y el crecimiento del primer trimestre resultó decepcionante. Al mismo tiempo, la inflación no cede: el PCE en 3,8%, el núcleo en 3,3% y múltiples miembros de la Fed reconociendo públicamente que el próximo movimiento podría ser al alza. La narrativa de “esperar y ver” que en enero aún sonaba cómoda hoy empieza a sonar como una postura defensiva frente a datos que se acumulan en la dirección equivocada. El verdadero riesgo del ciclo actual no es una recesión técnica inminente, sino una economía que pierde crecimiento mientras la inflación se consolida —una combinación que históricamente obliga a los bancos centrales a elegir entre dos males y raramente elige bien.
II: Europa: el BCE se prepara para subir y la inflación confirma que el choque energético ya no es solo de primera ronda
La semana cerró con un mapa inflacionario europeo que despejó las últimas dudas sobre el rumbo del Banco Central Europeo: la subida de tipos en junio ya no es una posibilidad sino prácticamente un hecho consumado. Los datos preliminares de inflación de las cuatro grandes economías de la eurozona, la publicación de las actas de la reunión de abril del BCE y las declaraciones de varios miembros clave del Consejo de Gobierno convergieron hacia una conclusión común: el choque energético derivado del conflicto en Oriente Próximo está dejando de ser un fenómeno de precios relativos para convertirse en una presión más generalizada sobre la estructura de costos de la economía europea.
El Índice de Sentimiento Económico (ISE) de la eurozona apenas recuperó 0,3 puntos en mayo, hasta 93,5, nivel que permanece entre los mínimos desde finales de 2020 y muy por debajo del umbral de 100 que indica un ritmo de crecimiento cercano a la media histórica. Las caídas de confianza en industria, construcción y comercio minorista eclipsaron una mejora marginal en servicios. Al mismo tiempo, los componentes de expectativas de precios no se alejaron de los máximos de casi tres años alcanzados en abril, señal de que la inflación futura percibida por empresas y hogares sigue en terreno elevado. El resultado es el peor de los entornos posibles para un banco central: economía que pierde dinamismo mientras las presiones inflacionarias se consolidan.
Las cifras de Alemania ofrecieron el dato más seguido por el mercado previo a la publicación agregada de la eurozona prevista para el martes. La inflación nacional cayó al 2,6% en mayo desde el 2,9% de abril, ligeramente por debajo de las estimaciones, apoyada por un subsidio al combustible implementado por el gobierno de Berlín para los meses de mayo y junio. Sin ese factor de política fiscal, la moderación hubiera sido considerablemente menor. Lo que el mercado interpretó como señal de alerta fue el comportamiento de la inflación subyacente alemana, que subió al 2,5% desde un mínimo de cinco años del 2,3% en abril, mientras la inflación de servicios se aceleró al 3,1%. La estructura interna del dato alemán confirma lo que varios economistas venían advirtiendo: el choque energético ya está filtrándose hacia componentes de mayor persistencia.
Francia registró una inflación general del 2,8% en mayo, frente al 2,5% anterior, con un repunte significativo en alimentos frescos del 4,1% y un ligero incremento en servicios. La inflación de precios de producción en términos interanuales saltó al 2,0% desde el 0,2% de marzo, señal de que los costos industriales comienzan a acumularse en la cadena de producción. En sentido contrario, Francia continuó registrando deflación en precios de manufactura, lo que algunos economistas interpretan como evidencia de que el choque actual sería de menor magnitud que el de 2022. El PIB francés retrocedió 0,1% en el trimestre, confirmando el deterioro de una economía que combina inflación al alza con contracción de actividad.
Italia mostró uno de los saltos más pronunciados: la inflación general avanzó al 3,2% desde el 2,7% de abril, mientras la subyacente subió al 1,8% desde el 1,6%. Los precios de producción industriales registraron en términos interanuales una variación del 6,8%, el nivel más alto desde mediados de 2023, reflejando con claridad el impacto acumulado del encarecimiento energético sobre los costos de fabricación. El PIB italiano avanzó 0,3% en el trimestre, sostenido principalmente por un incremento del 2,2% en exportaciones, aunque la solidez de la demanda interna sigue siendo frágil.
España confirmó una inflación del 3,2% en mayo, estable frente a abril, con una subyacente que subió una décima hasta 2,9%. La cifra armonizada se ubica en 3,6%, la más alta del bloque entre las grandes economías. El dato de ventas minoristas entregó la señal más preocupante del consumo español: una caída del 1,5% mensual en abril —el nivel más bajo desde marzo de 2022—, arrastrada por el desplome de las ventas en estaciones de servicio del 4,1% mensual. El traslado del costo energético al gasto de los hogares ya es visible y directo.
La señal común entre las cuatro economías es que los costos de transporte y ocio comienzan a reflejar el encarecimiento de la energía, lo que indica que la transmisión inflacionaria ya no se limita a los surtidores de gasolina. Es el primer indicio observable de efectos de segunda ronda, precisamente el umbral que el BCE ha identificado como determinante para la magnitud de su respuesta de política monetaria.
Las actas de la reunión de abril del BCE, publicadas esta semana, confirmaron lo que los mercados ya sospechaban. La decisión de mantener tipos fue el resultado de una mayoría que reconoció la intensificación de los riesgos inflacionarios, pero que prefirió esperar a los datos de mayo y junio para evaluar la persistencia del choque. No fue una señal de comodidad sino de cautela táctica. Dos miembros del Consejo de Gobierno, Isabel Schnabel y Philip Lane, fueron más explícitos durante la semana: Schnabel declaró directamente a Reuters que ve necesario un aumento en la reunión de junio; Lane anticipó revisiones al alza en las proyecciones de inflación del BCE y reconoció que el escenario de impacto benigno del conflicto ya no es el caso base de la institución.
El gobernador del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau, fue el más enfático: el BCE “hará lo que sea necesario” para devolver la inflación al objetivo del 2%, añadiendo que los mercados “pueden estar seguros” del compromiso institucional. La frase evoca deliberadamente el “whatever it takes” de Draghi, aunque con propósito inverso: en 2012 se usó para contener una crisis de deuda soberana; hoy se usa para señalar disposición a endurecer política monetaria. El mercado tomó la señal con claridad: la probabilidad de subida de tipos del BCE en junio supera el 90%, con el tipo de depósito pasando del 2,00% al 2,25%. Una segunda subida en septiembre hasta el 2,50% también cotiza con probabilidad superior al 90%, y un tercer incremento hacia el 2,75% antes de fin de año tiene cerca del 40% de probabilidad implícita.
El Banco de Inglaterra tomó una postura diferente y más cautelosa. El gobernador Andrew Bailey, en una conferencia en Reikiavik, reconoció que permitir cierto exceso temporal de inflación sobre el objetivo del 2% está justificado dado el deterioro económico y la incertidumbre sobre el conflicto. Dejó claro que el Comité de Política Monetaria no tiene prisa para endurecer y que cualquier decisión futura dependerá del desenlace en Oriente Próximo. El mercado descuenta actualmente un único aumento de 25 puntos básicos por parte del Banco de Inglaterra en noviembre de 2026 y apenas un 30% de probabilidad para un segundo movimiento, marcando un contraste significativo con los más de tres incrementos que se descontaban en marzo.
La inflación del Reino Unido cayó del 3,3% al 2,8% en abril, aunque parte de esa moderación obedece a ajustes en tarifas energéticas reguladas más que a una normalización estructural. Las ventas minoristas retrocedieron 1,5% mensual en abril, con el componente de combustible como principal responsable de la caída. La dependencia energética del Reino Unido lo deja más expuesto que otras economías del bloque ante un choque que aún no ha terminado: el Brent, que tocó 118 dólares a finales de abril, cerró la semana en torno a 92 dólares, todavía 22 dólares por encima de los niveles previos a la guerra.
El gobierno británico respondió al deterioro del mercado laboral juvenil con un paquete de 2.500 millones de libras para financiar 300.000 plazas de formación y prácticas en construcción y sanidad, en un entorno donde uno de cada ocho jóvenes enfrenta riesgo de desempleo. La medida refleja la tensión entre la presión inflacionaria desde el lado de los costos y la necesidad de sostener el empleo en una economía que, como reconoció el propio Bailey, “no está en gran forma”.
Valoración. Europa entra en junio con una señal macroeconómica que pocas veces se da con tanta claridad: el banco central que más había recortado antes de la guerra será probablemente el primero de las economías desarrolladas en subir tipos en respuesta a ella. El BCE no actúa desde una posición de fortaleza económica sino desde la urgencia de preservar credibilidad antiinflacionaria en un momento donde el choque energético empieza a mostrar la capacidad de propagarse más allá de los combustibles. La divergencia con el Banco de Inglaterra —que espera, observa y tolera el exceso transitoriamente— refleja diferencias reales en exposición energética, ciclo económico y margen de maniobra institucional. El riesgo central para el segundo semestre en Europa no es que la inflación se dispare de forma descontrolada, sino que el endurecimiento monetario necesario para contenerla llegue justo cuando la actividad ya muestra señales claras de agotamiento.
III. Asia: China administra tensiones comerciales y Japón acelera en medio del ruido energético
Asia continúa reflejando dos realidades económicas muy diferentes. Mientras China enfrenta crecientes desafíos para reactivar su demanda doméstica y estabilizar el sector inmobiliario, Japón comienza a mostrar señales más consistentes de recuperación apoyadas en consumo, exportaciones e inversión empresarial.
El dato más relevante de China esta semana no fue de actividad sino de posicionamiento geopolítico y comercial. El PMI manufacturero oficial de mayo se aproxima al umbral de expansión con una lectura en torno a 50 puntos, ligeramente por debajo de los 50,3 de abril, señal de que la demanda interna sigue sin generar impulso propio suficiente para sostener el sector industrial. La desaceleración marginal no es alarmante en sí misma, pero sí confirma un patrón persistente: la manufactura china depende más de la demanda externa y de los flujos de exportación que de un consumidor doméstico cuya confianza permanece deprimida.
En ese contexto de demanda interna débil, el acuerdo arancelario bilateral entre China y Estados Unidos por más de 30.000 millones de dólares representa una señal de alivio táctico relevante. El acuerdo no elimina las tensiones estructurales entre ambas economías, pero sí reduce la presión sobre algunos sectores exportadores chinos en un momento donde el margen de maniobra fiscal doméstico es limitado. La paradoja de fondo sigue intacta: China y Estados Unidos continúan profundamente integrados en cadenas de suministro que ninguno de los dos puede desmantelar con rapidez, independientemente del discurso político de cada administración.
Las tensiones con la Unión Europea añadieron otra capa de complejidad. Bruselas avanza hacia posibles aranceles sobre bienes industriales chinos, lo que generó amenazas de restricciones recíprocas desde Pekín. El patrón es conocido: China responde a presiones arancelarias con señales de retaliación selectiva, buscando identificar sectores donde su capacidad de represalia sea suficientemente costosa para el interlocutor. La novedad de esta semana es que el frente europeo se añade al norteamericano en un momento donde la economía china necesita sostener exportaciones para compensar la debilidad del mercado interno.
El sector inmobiliario chino siguió proyectando un panorama de ajuste prolongado. Las estimaciones apuntan a una caída de precios del 3,5% en 2026, acompañada de una contracción del 8,3% en ventas de viviendas nuevas y una caída del 12% en inversión del sector. Son magnitudes que ya no sorprenden al mercado, pero que confirman que el inmobiliario chino no está en proceso de recuperación sino de reacomodo estructural hacia un modelo donde el peso del sector en el PIB y en el balance de los hogares necesariamente disminuirá. El problema es que ese ajuste ocurre precisamente cuando el consumidor doméstico necesita confianza patrimonial para expandir su gasto.
La visita del canciller Wang Yi a Canadá —la primera de un ministro de Exteriores chino en una década— ilustró la estrategia de diversificación de vínculos comerciales que Pekín viene ejecutando con creciente sistematicidad. Wang señaló que las exportaciones canadienses a China podrían duplicarse, en un contexto donde Ottawa también busca reducir su dependencia de los mercados estadounidenses tras los aranceles de la administración Trump. El acuerdo inicial entre ambos países para reducir aranceles sobre vehículos eléctricos y canola es modesto en volumen pero relevante como señal: China está construyendo activamente relaciones bilaterales con economías que enfrentan fricciones con Washington, convirtiendo la fragmentación comercial global en una oportunidad de reposicionamiento estratégico.
La visita, sin embargo, también mostró las tensiones que subyacen a cualquier acercamiento con China. El tránsito de un buque de guerra canadiense por el estrecho de Taiwán días antes de la llegada de Wang Yi y la visita de un legislador conservador canadiense a Taipéi generaron rispideces que Beijing no dejó pasar sin señalar. La coexistencia entre apertura comercial y fricción geopolítica sigue siendo la constante de las relaciones de China con las democracias occidentales.
Japón entregó la sorpresa positiva más clara de la semana dentro del bloque asiático. Las ventas minoristas de abril avanzaron 2,1% interanual, superando ampliamente las estimaciones del 1,3% y acelerando frente al mes anterior. La producción industrial creció 2,3% interanual, también por encima de lo esperado. La confianza del consumidor subió a 33,6 puntos en mayo desde 32,2 en abril, apoyada por mejores perspectivas de empleo e ingresos. La bolsa japonesa respondió con una subida superior al 2,7% en la sesión, el mejor desempeño entre los mercados asiáticos en la jornada.
El cuadro de actividad del primer trimestre también fue favorable: la economía creció 2,1% interanual, sostenida por recuperación de exportaciones, inversión empresarial y consumo privado. El gobierno japonés mantuvo su evaluación de recuperación a ritmo moderado en su informe mensual de mayo, aunque introdujo una señal de cautela relevante: los precios mayoristas avanzaron 4,9% interanual en abril, el incremento más rápido en aproximadamente tres años, derivado directamente del encarecimiento del crudo mientras el estrecho de Ormuz permanecía cerrado.
Esa presión sobre precios al productor es el principal factor de riesgo que el Banco de Japón evalúa al considerar su próximo movimiento. La tasa de intervención permanece en 0,75% y el mercado asigna una probabilidad creciente a una elevación hacia 1,0% en los próximos meses. La dificultad del BoJ es la misma de semanas anteriores pero con mayor urgencia: si los subsidios energéticos del gobierno contienen artificialmente la inflación al consumidor, el banco central puede subestimar las presiones reales de costos; si el gobierno retira los subsidios para sanear las cuentas públicas, la inflación importada reaparece con fuerza y la normalización monetaria se complica políticamente.
La caída del 66% interanual en importaciones energéticas desde Oriente Medio en abril, que redujo las ventas de derivados en 11,3%, refleja tanto el ajuste forzado por el bloqueo de Ormuz como la capacidad de Japón para diversificar fuentes de abastecimiento en el corto plazo. Sin embargo, esa sustitución tiene límites físicos y logísticos que el mercado no pierde de vista: Japón sigue siendo uno de los países desarrollados más vulnerables a interrupciones prolongadas del suministro energético desde el Golfo Pérsico.
Valoración. Asia sigue mostrando la doble velocidad del ciclo global de forma más nítida que cualquier otra región. China crece sobre una estructura frágil —consumidor deprimido, inmobiliario en ajuste, manufactura sin impulso interno— y compensa con una diplomacia comercial activa que busca construir alternativas al mercado norteamericano. Japón sorprende en actividad pero sobre una economía donde la energía importada y los subsidios fiscales distorsionan las señales que el banco central necesita para calibrar su política. El riesgo regional de mayor consecuencia no es una recesión visible, sino que la normalización monetaria japonesa —cuando ocurra— genere un reajuste de flujos de capital que afecte simultáneamente a bonos soberanos globales, estrategias de carry y posicionamiento institucional en múltiples mercados.
IV. México y Brasil: empleo informal, crecimiento resiliente y bancos centrales atrapados entre inflación y estímulo fiscal
La semana dejó para América Latina dos lecturas que, aunque provienen de economías con estructuras distintas, convergen en un diagnóstico compartido: el crecimiento existe, pero se apoya en bases que los mercados y los propios bancos centrales observan con creciente incomodidad. México enfrenta un mercado laboral que crece sobre informalidad y una calificación soberana que el mercado principal ya recortó, aunque el universo más amplio de calificadoras matiza ese deterioro. Brasil sorprendió al alza en actividad pero con un impulso fiscal que complica directamente la tarea de su banco central. En ambos casos, el entorno global de tasas elevadas y energía costosa sigue siendo el telón de fondo que condiciona los márgenes de maniobra.
En México, el evento más relevante de la semana no fue un dato macroeconómico sino una señal del mercado laboral que revela la textura real de la recuperación económica. En abril, la economía creó 448.146 empleos en términos de población ocupada, cifra que en titulares luce sólida. El problema está en la composición: 447.538 de esos puestos fueron informales y apenas 608 correspondieron al sector formal. En términos relativos, el 99,86% de la creación de empleo del mes ocurrió fuera de la formalidad. En el acumulado de los primeros cuatro meses del año, la informalidad sumó 450.502 puestos mientras el sector formal eliminó 229.511. La tasa de informalidad promedio en lo que va de 2026 ya se ubica en 55,91%, por encima del 54,87% de 2025 y del 54,27% de 2024, una tendencia de deterioro consistente y acelerada.
La implicación macroeconómica es directa. Una fuerza laboral concentrada en actividades informales de baja productividad limita el crecimiento potencial de la economía, reduce la base tributaria, estrecha el espacio fiscal y debilita la transmisión de la política monetaria hacia los hogares. El nearshoring —que el mercado sigue citando como catalizador estructural para México— requiere precisamente lo contrario: empleo formal, capacitado e integrado a cadenas de valor industriales. La brecha entre la narrativa de reconfiguración industrial y la realidad del mercado laboral continúa siendo uno de los riesgos menos discutidos pero más relevantes de la economía mexicana.
Con ese trasfondo, el debate sobre la calificación soberana adquirió esta semana una dimensión más matizada. HR Ratings ratificó la nota de México en BBB+ y modificó su perspectiva de negativa a estable, destacando la estabilidad financiera del país en un entorno complejo. La japonesa JCR mantiene su calificación en A- con perspectiva estable, cuatro escalones por encima del umbral mínimo del grado de inversión, sustentada en la base manufacturera exportadora y la flexibilidad monetaria y cambiaria. La canadiense DBRS Morningstar ratificó BBB con perspectiva estable, anticipando consolidación fiscal en 2026 y 2027. La japonesa R&I reafirmó BBB+, destacando el T-MEC como ancla estratégica aunque advirtiendo sobre los riesgos de la relación con Washington.
El conjunto de estas calificaciones no revierte el deterioro que Moody’s señaló semanas atrás al recortar a Baa3, pero sí matiza la narrativa de riesgo soberano inminente. México mantiene el grado de inversión en todas las agencias relevantes, lo que preserva el acceso al financiamiento institucional. El problema no es el nivel actual sino la dirección: la combinación entre crecimiento moderado, presión sobre Pemex, rigidez del gasto y mercado laboral en informalización creciente configura una trayectoria que las calificadoras monitorean con mayor escrutinio que hace un año.
En Brasil, la sorpresa de la semana fue el PIB del primer trimestre: la economía creció 1,1% trimestral, ligeramente por encima del 1,0% esperado por el consenso y representando una aceleración significativa frente al 0,3% del cuarto trimestre de 2025. En términos interanuales el crecimiento se ubicó en 1,8%. Los motores fueron el consumo de los hogares —que avanzó 1,0% apoyado por exenciones tributarias para ingresos medios y aumentos reales del salario mínimo— y la formación bruta de capital fijo, que creció 3,5%, señal de que la inversión privada todavía responde pese al costo financiero elevado. La agricultura aportó 2% de expansión gracias a una cosecha de soja sólida, la industria creció 1% liderada por extracción minera y construcción, y los servicios avanzaron 0,5%.
El dato es positivo en titulares pero genera una tensión específica y reconocida por los propios analistas: buena parte del impulso proviene de medidas fiscales y cuasifiscales del gobierno de Lula da Silva, que enfrenta elecciones en octubre y ha acelerado créditos subsidiados para vehículos y programas de renegociación de deudas con garantías federales. El economista jefe de Banco BV lo señaló sin rodeos: el estímulo fiscal va en sentido contrario al mandato del banco central, lo que implica que las tasas podrían necesitar permanecer elevadas por más tiempo del que el mercado descontaba hace apenas un mes.
La tasa Selic se encuentra actualmente en 14,5% tras dos recortes consecutivos de 25 puntos básicos. Con una inflación anual del 4,64% y un objetivo del 3%, la brecha sigue siendo significativa. El mercado ajustó sus expectativas esta semana: Capital Economics revisó su pronóstico y ya no anticipa un nuevo recorte en la reunión de junio del banco central, esperando en cambio que la tasa se mantenga inalterada. El argumento es directo: el buen dato de crecimiento del primer trimestre, combinado con la inflación al alza y un mercado laboral que se mantuvo sólido, reduce el margen para nuevos alivios monetarios precisamente cuando el gobierno presiona en la dirección contraria.
La creación de empleo formal en abril —85.888 puestos registrados, un 62,3% menos que en marzo— confirmó que el mercado laboral comienza a sentir el efecto acumulado de las tasas altas. La caída fue del 63,9% interanual, el segundo resultado más bajo desde 2020, afectado también por la estacionalidad del sector agropecuario al cierre de la cosecha de soja. El número total de trabajadores con contrato formal cerró el mes en 47,8 millones, creciendo apenas 0,18% frente a marzo.
Valoración. México y Brasil ilustran esta semana dos versiones del mismo dilema latinoamericano. México crece sobre informalidad, pierde empleo formal y enfrenta preguntas sobre la sostenibilidad de su posición fiscal en un entorno de mayor costo de financiamiento global, mientras el potencial del nearshoring permanece más como narrativa que como realidad medible en el mercado laboral. Brasil sorprende en actividad pero sobre la base de un estímulo fiscal que el banco central no puede ignorar, y que complica la trayectoria de normalización monetaria en un año electoral donde las presiones sobre el gasto difícilmente cederán. En ambos casos, el entorno externo de tasas altas y energía costosa sigue siendo el factor que más limita el margen de política disponible, precisamente cuando más se necesita.
V. Colombia: riesgo electoral, autonomía del BanRep y una crisis energética que se incuba en silencio
La semana cerró en Colombia con una acumulación de señales que, tomadas por separado, podrían parecer manejables. Juntas configuran un mapa de riesgos que el mercado ya comenzó a descontar con movimientos concretos en el costo del financiamiento soberano y en el comportamiento del tipo de cambio. El deterioro del empleo formal, la presión inflacionaria de alimentos, la advertencia de desabastecimiento energético, la controversia técnica sobre el manejo de deuda y la suspensión judicial de la norma que obligaba la presencia del ministro de Hacienda en la Junta del Banco de la República convergieron en una semana donde el ruido electoral amplificó cada señal.
El indicador que más concentró la atención del mercado fue el riesgo país, que registró su mayor repunte del trimestre en los cinco días previos a la primera vuelta presidencial del 31 de mayo. El movimiento no responde a un deterioro puntual de los fundamentos fiscales sino a la prima que los inversionistas internacionales exigen cuando el resultado electoral es incierto y los programas económicos de los candidatos plantean cambios relevantes en tributación, explotación de recursos estratégicos y gestión del gasto. Los portafolios de renta fija reflejaron esa cautela en incrementos de rendimiento exigido sobre los papeles de deuda externa de mediano y largo plazo, mientras el mercado cambiario experimentó oscilaciones derivadas de liquidaciones preventivas de posiciones por parte de firmas extranjeras. Si la primera vuelta no define un ganador con margen suficiente para calmar la incertidumbre, la tensión financiera se prolongará inevitablemente hasta la segunda vuelta.
En ese contexto llegó esta semana una decisión judicial que añadió una dimensión institucional al debate. El Consejo de Estado suspendió provisionalmente la norma contenida en el artículo 35 del Decreto 2520 de 1993 que exigía la presencia del ministro de Hacienda como condición para que la Junta Directiva del Banco de la República pudiera sesionar y tomar decisiones. La medida cautelar responde a una demanda de nulidad que argumenta que esa exigencia vulnera la autonomía constitucional del banco central. Mientras avanza el estudio de fondo, la Junta puede ahora deliberar y decidir sin que la ausencia del ministro bloquee el quórum.
La implicación práctica es significativa. En un entorno donde el conflicto entre el Ejecutivo y el BanRep sobre la tasa de política monetaria ha sido uno de los factores de mayor sensibilidad para el mercado local durante los últimos dieciocho meses, la posibilidad de que la Junta sesione sin el ministro reduce un mecanismo de presión que el Gobierno había utilizado de forma visible. El mercado interpreta la suspensión como una señal de fortalecimiento de la independencia institucional del banco central, lo que en el corto plazo puede contribuir a anclar expectativas de inflación. El debate jurídico de fondo sobre los límites constitucionales de los decretos reglamentarios frente a la autonomía del BanRep seguirá desarrollándose, pero el efecto táctico de la semana fue positivo para la credibilidad de la política monetaria.
El mercado laboral entregó una señal de estancamiento que Fenalco interpretó con preocupación justificada. La tasa de desempleo se mantuvo en 8,8% en abril, igual al registro del mismo mes de 2025, cortando la tendencia de descenso progresivo observada en meses anteriores. En la serie desestacionalizada, el indicador empeoró de 8,4% a 8,7%, señal de que el deterioro subyacente es más profundo que lo que muestra la cifra nominal estable. Los 701.000 nuevos ocupados frente a abril del año pasado luce sólido en titulares, pero la composición desmonta esa lectura: el crecimiento estuvo liderado por administración pública, educación y salud —que aportaron 234.000 nuevos puestos—, construcción y actividades artísticas. El comercio, sector barómetro de la demanda privada real, perdió 85.000 puestos frente a abril de 2025.
Fenalco señaló que al excluir el empleo público, el crecimiento real de ocupados fue de apenas 2,27%. Dos de cada tres empresas del sector comercial redujeron su planta de personal en lo que va del año, y cerca del 80% ajustó a la baja sus planes de contratación para el resto de 2026 ante el incremento sostenido de los costos laborales. La tasa de informalidad laboral cayó levemente hasta 54,2%, aunque el nivel sigue siendo estructuralmente elevado. La correlación entre informalidad e inseguridad alimentaria que ANIF documentó esta semana ilustra la dimensión social del problema: departamentos con tasas de informalidad superiores al 80%, como Chocó y La Guajira, concentran tasas de inseguridad alimentaria que superan el 50% de los hogares, mientras que Bogotá, con una informalidad del 33,5%, registra apenas 9,6% de hogares en esa condición.
La presión inflacionaria de los alimentos siguió siendo uno de los factores más determinantes del IPC. Oxford Economics documentó que el 22% de la inflación acumulada de 2026 en Colombia se atribuye al encarecimiento de los alimentos, originado en la combinación de lluvias atípicas del primer trimestre, bloqueos viales y mayores costos laborales. El impacto del conflicto en Oriente Próximo sobre fertilizantes y energía añade una capa adicional de costo que aún no se ha disipado completamente. La consultora proyecta una moderación del precio del petróleo hacia finales de año —de 118 dólares el barril en el segundo trimestre a cerca de 79 en el cuarto—, lo que debería aliviar parcialmente los costos del agro asociados a insumos como la urea. Mientras ese escenario se materializa, la tasa de usura para junio subió al 28,79% efectivo anual desde el 28,17% de mayo, señal de que el costo del crédito de consumo sigue presionado al alza.
El debate sobre el manejo de la deuda pública ocupó un espacio relevante en la semana. El Ministerio de Hacienda celebró la cancelación del 100% del Total Return Swap (TRS) y anunció que la deuda externa como proporción del total de la deuda cayó al 24,1% desde el 41,8% de 2022, mientras la deuda neta como porcentaje del PIB se ubicó en torno al 57%, por debajo de las proyecciones del Marco Fiscal de Mediano Plazo. La liquidez del Tesoro alcanzó 27 billones de pesos en la última semana de mayo.
El problema es que una lectura técnica del anuncio revela que la cifra central —la caída del 42% al 25%— no mide la deuda externa contra el PIB sino la participación de la deuda en moneda extranjera dentro del total del endeudamiento. Medida frente al PIB, la deuda externa del Gobierno Nacional Central pasó de 18,4% a 17,5% entre el primer trimestre de 2025 e igual período de 2026: nueve décimas de punto, no el salto que el titular sugería. Al mismo tiempo, la deuda bruta total alcanzó el 61,2% del PIB en el primer trimestre, casi cuatro puntos por encima del año anterior, y en marzo tocó 64,8%. Lo que ocurrió no fue una reducción de deuda sino una sustitución de moneda: la deuda externa cedió cerca de nueve décimas del PIB mientras la interna creció aproximadamente 4,7 puntos en el mismo período. Parte de esa recomposición coincidió con la apreciación del peso —que pasó de niveles cercanos a 4.500 a rondar los 3.700 pesos por dólar—, lo que abarató aritméticamente el componente en dólares sin que mediara necesariamente una decisión de gestión. El propio director de Crédito Público reconoció públicamente que sus proyecciones de tasas para los TES resultaron erradas después de que estas superaran el 14%.
La señal de riesgo más silenciosa pero potencialmente más costosa de la semana fue la advertencia del Consejo Gremial Nacional sobre el sistema energético. Colombia enfrenta, según el gremio, un riesgo real de desabastecimiento eléctrico y de gas natural durante el fenómeno de El Niño proyectado para el segundo semestre de 2026. Los embalses se encuentran por debajo de los niveles considerados adecuados, el consumo de energía creció 6,7% en abril y 8,57% en lo corrido de mayo frente a los mismos períodos del año anterior, mientras de los 4.475 megavatios que se esperaba incorporar al sistema en 2026 solo han ingresado 294 megavatios, equivalentes al 6,6% de lo previsto. Las probabilidades de consolidación del fenómeno de El Niño alcanzan el 82% entre mayo y julio y escalan hasta el 98% entre agosto y octubre, según proyecciones de la NOAA.
El Gobierno respondió con la destinación de 67.272 millones de pesos para subsidiar seguros agropecuarios, medida pertinente pero insuficiente frente a la dimensión del problema energético. Las deudas de Air-e con generadoras y transmisoras superan los 2,6 billones de pesos, con más de 1,5 billones correspondientes a energía ya entregada por plantas térmicas. Sin esos pagos, la capacidad de las térmicas para garantizar combustibles durante un período de sequía severa queda comprometida. La reciente subasta del Cargo por Confiabilidad envió una señal positiva para el sistema, pero la energía adjudicada estará disponible únicamente a partir de 2029, sin ningún alivio para el período crítico de 2026-2027.
En el frente comercial, el presidente ecuatoriano Daniel Noboa anunció el levantamiento de la tasa de seguridad que afectaba productos colombianos, tras una conversación con el candidato presidencial Abelardo de la Espriella. La medida tendrá efecto a partir del 1 de junio y representa un alivio para sectores exportadores de las zonas fronterizas. El hecho de que un acuerdo comercial bilateral haya surgido de una conversación entre un jefe de Estado en ejercicio y un candidato presidencial colombiano —no del gobierno actual— es en sí mismo una señal del peso político que el mercado y los actores regionales asignan al resultado electoral inminente.
Valoración. Colombia llega a la primera vuelta presidencial del 31 de mayo con un balance macroeconómico más frágil de lo que sugieren los titulares oficiales. El empleo crece pero sobre burocracia pública y sectores informales mientras el comercio pierde puestos. La deuda se recompuso pero no bajó; el costo del financiamiento soberano sigue en niveles exigentes. El sistema energético acumula déficits de inversión y deudas operativas que el próximo gobierno heredará sin margen de espera. La suspensión de la norma que condicionaba la autonomía del BanRep a la presencia del ministro de Hacienda es la mejor noticia institucional de la semana, precisamente porque no depende de quién gane. El mercado seguirá operando con prima de riesgo electoral elevada hasta que la segunda vuelta —si la hay— defina no solo quién gobierna sino con qué agenda fiscal y energética lo hará.
VI. Mercados financieros
Renta variable: la inteligencia artificial rompe récords mientras el mercado aprende a convivir con la incertidumbre de Ormuz
La renta variable global cerró la semana con un tono inequívocamente constructivo, aunque la fortaleza de los índices agrega dos realidades distintas que el mercado tiende a fundir en un solo número. Por un lado, el ciclo de inversión en inteligencia artificial sigue generando resultados corporativos que superan expectativas con una consistencia que ya no sorprende pero que el mercado continúa premiando con valoraciones crecientes. Por otro, la incertidumbre sobre el conflicto en Oriente Próximo no desapareció sino que simplemente cedió espacio a la esperanza de un acuerdo, y esa diferencia importa para calibrar la solidez del repunte.
El S&P 500 cerró en 7.580 puntos, con un avance semanal del 1,4% que completó su novena semana consecutiva de ganancias, la mejor racha desde 2021. El Dow Jones terminó en 51.032 puntos con una valorización del 0,9%, mientras el Nasdaq alcanzó 26.972 puntos con un alza del 2,4%, reflejando la sobreponderación del apetito por acciones de crecimiento, semiconductores e infraestructura tecnológica. El Nasdaq saltó más del 8% en mayo, el S&P 500 avanzó 5% y el Dow 3%, confirmando que el mes cerró como uno de los más sólidos del año para la renta variable estadounidense.
El catalizador más explosivo de la semana fue Dell Technologies, que se disparó 32,8% —su mejor jornada en la historia de la compañía— tras reportar resultados superiores a las expectativas y elevar su guía sobre la base de una demanda de servidores para inteligencia artificial que sigue sin mostrar señales de agotamiento. Micron Technology acumuló una valorización cercana al 88% en mayo, Qualcomm subió alrededor del 40% en el mes, y Microsoft avanzó 5% impulsado por el respaldo de una nueva ronda de inversión en Anthropic. Oracle subió más del 10%, consolidando la narrativa de que el software empresarial con capacidades de IA sigue capturando flujos institucionales con una selectividad que diferencia ganadores de rezagados dentro del mismo sector tecnológico.
Lo que el mercado sigue procesando con mayor dificultad es la coexistencia de esa fortaleza tecnológica con datos macroeconómicos que apuntan en dirección contraria. El PCE de abril en 3,8% redujo explícitamente el margen de maniobra de la Fed para cualquier flexibilización en el corto plazo, y la posibilidad de nuevos incrementos de tasas —que varios miembros del FOMC ya no descartan— debería presionar las valoraciones de compañías cuyo flujo de caja descontado es especialmente sensible a tasas de largo plazo. El mercado ha resuelto esa tensión con una lógica pragmática: mientras los resultados corporativos del ciclo de IA sigan llegando por encima de lo esperado, el argumento de valoración elevada resulta difícil de sostener frente a un consenso de utilidades que crece más rápido que las tasas de descuento.
La otra variable que definió el tono de la semana fue la evolución de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. Los reportes de un memorando de 60 días que extendería el alto al fuego y comenzaría el proceso de reapertura del estrecho de Ormuz generaron alivio inmediato en los mercados energéticos y, por transmisión, en la renta variable. Los precios de la energía retrocedieron, los rendimientos de los bonos cedieron parcialmente y el apetito por riesgo se amplió más allá del sector tecnológico hacia financiero y consumo defensivo. La firma final del presidente Trump sobre el acuerdo estaba pendiente al cierre de la semana, lo que mantuvo cierta cautela residual y limitó la magnitud del rebote en sectores más expuestos al ciclo energético. Los inversionistas compraron un total neto de 457 millones de dólares en fondos de renta variable globales, un giro significativo respecto a la salida neta de 6.560 millones de la semana anterior.
En Europa, el Euro STOXX 50 avanzó 0,3% hasta 6.065 puntos y el STOXX Europe 600 sumó 0,2%. Los bancos cerraron al alza tras una semana volátil, con BBVA, UniCredit y BNP Paribas sumando alrededor del 1,5% cada uno, apoyados en la expectativa de subidas de tipos por parte del BCE que mejora el margen de interés neto del sector. SAP repuntó 2,4% en sincronía con el rebote de las empresas de software estadounidenses, y AstraZeneca avanzó 1% tras recibir aprobación de la FDA para un tratamiento oncológico. El índice sectorial Stoxx Aerospace and Defense cerró al alza luego de que un dron ruso impactara un edificio en Rumania, señal de que el mercado sigue siendo sensible a cualquier escalada en el frente europeo del conflicto geopolítico.
En Colombia, el COLCAP cerró la semana con una valorización del 4,5% hasta los 2.176 puntos, en lo que constituyó uno de los avances semanales más relevantes del índice en el año. El movimiento respondió a un reposicionamiento táctico previo a la primera vuelta presidencial del 31 de mayo, que el mercado interpretó como un evento de definición para la trayectoria fiscal, regulatoria y de gobernabilidad del país. A nivel corporativo, el inicio del programa de recompra de Cementos Argos por hasta 450.000 millones de pesos actuó como catalizador positivo para el sentimiento hacia emisores con disciplina de capital. Ecopetrol tuvo una lectura mixta tras anunciar una oferta pública de adquisición voluntaria en Brasil para tomar cerca del 25% de Brava Energia, operación con lógica estratégica de diversificación internacional pero limitada por el ruido de gobierno corporativo, la sensibilidad política de la compañía y la volatilidad del crudo. En el rebalanceo semanal, las acciones más valorizadas fueron Promigas (+7,87%), Éxito (+6,29%) y TIN (+6,09%), mientras que Grupo Bolívar (-4,16%), Celsia (-3,54%) y GEB (-2,88%) lideraron las desvalorizaciones.
Valoración. La renta variable global sigue sostenida sobre una narrativa que ha demostrado resistencia extraordinaria: inteligencia artificial como motor de crecimiento corporativo en un entorno macroeconómico deteriorado. Nueve semanas consecutivas de ganancias en el S&P 500 no son accidente estadístico; reflejan una concentración de flujos hacia un conjunto de compañías cuyos resultados siguen justificando valoraciones elevadas. El riesgo central no es que el ciclo de IA se detenga, sino que el mercado empiece a exigir evidencia de monetización más allá de los proveedores de infraestructura —semiconductores, servidores, centros de datos— hacia los usuarios finales de la tecnología. Mientras esa transición no se produzca, la concentración seguirá siendo el principal vector de vulnerabilidad de los índices globales. En Colombia, el alza del COLCAP es más electoral que fundamental: el mercado está comprando opcionalidad sobre un resultado que considera favorable, no certeza sobre mejora de fundamentos. Esa distinción determinará la dirección del índice en las próximas dos semanas.
Renta fija: alto al fuego en Ormuz comprime rendimientos, pero la estructura de tasas altas por más tiempo no cede
Los mercados de renta fija cerraron la semana con una mejora significativa en las valoraciones, apoyados por una combinación de factores que redujeron temporalmente las preocupaciones sobre inflación, riesgo geopolítico y financiamiento soberano. La moderación de los precios de la energía, la expectativa de una extensión del alto al fuego en Oriente Medio y la percepción de un menor riesgo inmediato sobre las cuentas fiscales favorecieron una mayor demanda por activos de deuda de mediano y largo plazo.
En Estados Unidos, los rendimientos de los bonos del Tesoro registraron descensos generalizados. La referencia a 10 años cerró alrededor de 4,45%, mientras los títulos a dos y treinta años también mostraron valorizaciones relevantes. La caída de las tasas refleja un ajuste en las expectativas inflacionarias derivado del retroceso reciente del petróleo y una mayor confianza en que las tensiones en Oriente Medio no generarán una disrupción prolongada en los mercados energéticos. A pesar de ello, la curva continúa reflejando una Reserva Federal cautelosa, que difícilmente tendrá espacio para reducir tasas mientras la inflación permanezca significativamente por encima de su objetivo.
En Europa predominó igualmente un tono comprador. Los bonos alemanes, británicos e italianos registraron valorizaciones, permitiendo una reducción en las expectativas de endurecimiento monetario que el mercado había incorporado semanas atrás. Si bien la inflación continúa siendo una preocupación para el Banco Central Europeo, los inversionistas comienzan a diferenciar entre un choque energético temporal y un proceso inflacionario estructural similar al observado tras la pandemia.
En Colombia, la deuda pública fue una de las grandes beneficiadas durante la semana. La curva de TES tasa fija presentó valorizaciones generalizadas, particularmente en los vencimientos de mediano y largo plazo. Los movimientos más favorables se observaron en referencias como septiembre de 2030, junio de 2032, septiembre de 2036 y mayo de 2042, reflejando una combinación de fortalecimiento del peso colombiano, reducción de las primas de riesgo y acompañamiento del comportamiento observado en los mercados internacionales.
Los TES UVR mostraron un comportamiento más heterogéneo. Mientras algunos nodos cortos registraron desvalorizaciones asociadas a ajustes en las expectativas de inflación, los vencimientos más largos presentaron importantes ganancias, evidenciando que parte del mercado considera que las presiones inflacionarias actuales terminarán moderándose en el horizonte de largo plazo.
Un elemento que contribuyó positivamente al sentimiento del mercado fue la cancelación total de la operación Total Return Swap (TRS) por parte del Gobierno Nacional. Más allá del debate técnico sobre el impacto final de esta estrategia sobre la deuda pública, la operación permitió reducir necesidades inmediatas de financiamiento y mejorar la liquidez del Tesoro, disminuyendo presiones sobre los vencimientos de corto plazo.
Sin embargo, conviene mantener una lectura prudente. Aunque las valorizaciones recientes reflejan una mejora en las condiciones financieras, los rendimientos de los TES continúan ubicándose en niveles históricamente elevados, incorporando primas asociadas a riesgos fiscales, incertidumbre política y un entorno internacional que sigue siendo complejo. Los tramos cortos de la curva permanecen especialmente sensibles a cualquier cambio en las expectativas sobre la política monetaria del Banco de la República y sobre la trayectoria fiscal del próximo gobierno.
Valoración. La renta fija volvió a demostrar que los inversionistas continúan buscando oportunidades en duración cuando perciben una moderación de los riesgos inflacionarios y geopolíticos. En Colombia, las valorizaciones recientes reflejan una mejora en la percepción de corto plazo sobre el financiamiento del Estado y una reducción de las tensiones observadas meses atrás. Sin embargo, la sostenibilidad de este comportamiento dependerá de factores que aún permanecen abiertos: la evolución fiscal, el resultado electoral, la trayectoria de la inflación y la capacidad del Banco de la República para continuar reduciendo tasas sin comprometer su credibilidad. La semana dejó una señal positiva para los tenedores de deuda, pero todavía no constituye evidencia suficiente para concluir que los riesgos estructurales han desaparecido.
Divisas: el dólar cede terreno global mientras el peso colombiano paga su propia prima electoral
El mercado cambiario global estuvo dominado por una disminución significativa de la demanda por activos refugio. La expectativa de una posible extensión del alto al fuego en Oriente Próximo, junto con la perspectiva de una reapertura gradual del Estrecho de Ormuz, redujo parte de las primas de riesgo geopolítico que habían impulsado al dólar durante los meses anteriores.
En este contexto, el índice DXY cerró la semana alrededor de 99 puntos, acumulando una nueva corrección y reflejando una menor demanda por liquidez en dólares. La caída del petróleo y la moderación de las expectativas inflacionarias asociadas al conflicto favorecieron una rotación hacia activos de mayor riesgo, debilitando temporalmente la moneda estadounidense.
Las principales divisas desarrolladas aprovecharon este movimiento. El euro se fortaleció frente al dólar, apoyado por una menor aversión al riesgo global y por la expectativa de que la economía europea podría absorber mejor de lo previsto el reciente choque energético. La libra esterlina también avanzó, beneficiada por la percepción de que el Banco de Inglaterra no necesitará responder agresivamente al repunte inflacionario derivado de los precios de la energía.
En Asia, el comportamiento del yen japonés continuó siendo objeto de especial atención. La moneda permaneció cerca de niveles considerados sensibles por las autoridades japonesas, obligando al Ministerio de Finanzas a mantener una estrategia activa de intervención para evitar una depreciación desordenada. La combinación de tasas aún relativamente bajas en Japón y mayores rendimientos en otras economías sigue limitando la capacidad de recuperación estructural de la divisa nipona.
Dentro de los mercados emergentes, el desempeño fue heterogéneo. El real brasileño logró beneficiarse de la debilidad global del dólar y de la fortaleza relativa de la economía brasileña, mientras que varias monedas asiáticas y latinoamericanas registraron valorizaciones moderadas impulsadas por el retorno del apetito por riesgo.
La excepción más visible fue el peso colombiano. A diferencia de la mayoría de monedas emergentes, la divisa local registró una depreciación durante la semana y cerró cerca de $3.690 por dólar, afectada por una fuerte demanda de cobertura cambiaria en vísperas de la primera vuelta presidencial. El mercado priorizó la protección frente a la incertidumbre política interna, incluso en un entorno internacional caracterizado por la debilidad del dólar.
La reacción cambiaria refleja que, en el corto plazo, los factores domésticos tuvieron mayor peso que los externos. La proximidad de las elecciones, las dudas sobre la trayectoria fiscal futura y el incremento de la percepción de riesgo llevaron a inversionistas institucionales y agentes extranjeros a aumentar posiciones defensivas en dólares.
Valoración. El debilitamiento reciente del dólar responde principalmente a una reducción de las tensiones geopolíticas y a una menor búsqueda de activos refugio, más que a un cambio estructural en los fundamentos de la economía estadounidense. La Reserva Federal continúa enfrentando una inflación elevada y mantiene una postura monetaria restrictiva, factores que limitan una depreciación más profunda del billete verde. En Colombia, la divergencia frente al resto de monedas emergentes evidencia que la variable dominante durante las próximas semanas será la incertidumbre política. Una vez superado el proceso electoral, el mercado volverá a concentrarse en los fundamentales tradicionales: déficit fiscal, inflación, tasas de interés y precios del petróleo.
Commodities: el petróleo registra su mayor caída semanal del trimestre, el oro opera entre dos fuerzas contrarias y el café colombiano acumula presión
La semana en commodities estuvo dominada por un solo evento que reorganizó los precios de prácticamente todos los activos físicos: los reportes de un memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán para extender el alto al fuego 60 días y avanzar hacia la reapertura del estrecho de Ormuz. El mercado no esperó la firma del presidente Trump ni la confirmación iraní para actuar. Descontó el acuerdo antes de que existiera, y esa anticipación generó los movimientos más abruptos del trimestre en energía, con efectos de transmisión directa hacia metales preciosos, metales industriales y divisas de economías exportadoras de materias primas.
El petróleo protagonizó la corrección más pronunciada de la semana. El Brent cayó entre 8% y 11% según la referencia utilizada, cerrando en torno a 92 dólares por barril, mientras el WTI retrocedió hasta 87,36 dólares, su nivel más bajo desde mediados de abril. La magnitud del movimiento refleja el tamaño de la prima de riesgo geopolítico que el mercado había acumulado desde el inicio del conflicto: cuando esa prima cede, no lo hace de forma gradual sino con la velocidad que caracteriza a los mercados que operaron sobrecomprados durante semanas. El Brent llegó a tocar 118 dólares a finales de abril; en menos de un mes retrocedió más de 25 dólares, un ajuste que en términos porcentuales supera el que siguió al fin de la guerra del Golfo en 1991.
El estrecho de Ormuz concentraba aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo antes del conflicto. Su reapertura parcial o total normalizaría los flujos desde los productores del Golfo Pérsico, reduciría las primas de flete marítimo que encarecerían los cargamentos alternativos y permitiría que las reservas estratégicas acumuladas durante el período de restricción comenzaran a regresar al mercado. La Agencia Internacional de la Energía había proyectado un déficit de oferta para el verano boreal por la combinación del repunte estacional de demanda con la insuficiencia persistente de suministro desde Oriente Medio. Si el acuerdo se concreta y los flujos se normalizan, ese déficit podría moderarse antes de lo esperado.
La advertencia que el mercado todavía no descuenta completamente es que el acuerdo no está firmado. Trump no había dado su aprobación al cierre de la semana, e Irán no confirmó su adhesión al memorando. Las dos líneas rojas que bloquearon acuerdos anteriores siguen sin resolverse: Washington exige navegación libre por Ormuz sin peajes ni condiciones soberanas iraníes, mientras Teherán insiste en que la “futura administración” del estrecho forma parte de sus atribuciones constitucionales. Mientras esa brecha persista, cada sesión puede revertir parte del movimiento de esta semana si las negociaciones se estancan o colapsan. El nivel de 92 dólares en el Brent no es un equilibrio estable; es el precio de un escenario de paz que todavía no ocurrió.
El oro operó esta semana bajo dos fuerzas que se neutralizaron parcialmente. Por un lado, la caída del dólar y el retroceso de los rendimientos de los Treasuries —dos de sus principales catalizadores positivos— le dieron impulso al metal durante buena parte de la semana. El precio avanzó 0,7% hasta niveles cercanos a 4.540 dólares por onza, con rebotes intradía hasta 4.580 impulsados por los reportes del memorando con Irán. Por otro lado, la perspectiva de tasas de interés elevadas por más tiempo —que el mercado sigue descontando con probabilidades crecientes de una subida de la Fed antes de que termine 2027— actuó como techo para las valorizaciones. En términos mensuales, el oro acumuló una caída del 0,8% en mayo, confirmando que el entorno de tasas reales positivas y expectativas hawkish sigue siendo el factor dominante sobre la función de cobertura inflacionaria del metal.
La plata cerró con una caída semanal moderada del 0,3% hasta 75,3 dólares por onza, aunque en términos mensuales acumuló un avance superior al 3%. La semana mostró la volatilidad característica del metal: repuntó inicialmente por el repricing de los metales preciosos ante la debilidad del dólar, pero corrigió hacia el cierre ante la cautela sobre el desenlace diplomático y la persistencia de expectativas de tasas altas. UBS revisó a la baja su pronóstico de déficit de suministro de plata para 2026 desde 300 millones de onzas hasta 60-70 millones, y recortó su proyección de demanda de inversión anual desde más de 400 millones hasta 300 millones de onzas, señal de que la narrativa de escasez estructural que sostuvo a la plata durante meses empieza a moderarse.
El cobre mantuvo una estabilidad notable en un entorno de alta volatilidad para el resto de los commodities. La variación semanal fue de apenas 0,2%, con el precio ubicándose en 638,9 centavos de dólar por libra, equivalente a cerca de 13.700 dólares por tonelada en los mercados de Londres. El soporte provino de restricciones de oferta física derivadas de menores exportaciones chinas de ácido sulfúrico —subproducto esencial del procesamiento del cobre— y disrupciones mineras en productores clave. El mercado del cobre sigue estructuralmente ajustado por la demanda vinculada a electrificación e inteligencia artificial, dos tendencias que no desaparecen con un acuerdo en Ormuz. La lateralización del precio en torno a estos niveles refleja un mercado que espera señales más claras sobre la demanda industrial china antes de definir la próxima dirección.
El café colombiano cerró la semana con una presión adicional sobre el ingreso del productor. El precio interno de referencia de la Federación Nacional de Cafeteros para el 29 de mayo se ubicó en 2.175.000 pesos por carga de 125 kilogramos de pergamino seco FR 94, una caída respecto a los 2.200.000 pesos de la semana anterior. El movimiento combina dos factores adversos que operaron simultáneamente: la debilidad de la cotización internacional del café —que acumula una caída interanual superior al 24% desde los máximos del año pasado— y la apreciación parcial del peso colombiano durante parte de la semana, que reduce en pesos el valor de las exportaciones denominadas en dólares. Para el caficultor colombiano, la combinación de menor precio en dólares y tipo de cambio apreciado en ciertos momentos del período produce una compresión de ingreso real que las organizaciones gremiales llevan semanas documentando sin que el entorno externo ofrezca alivio visible en el corto plazo.
Valoración. El mapa de commodities de esta semana sintetiza con precisión la naturaleza del ciclo actual: el petróleo cayó porque el mercado descontó paz antes de que existiera, el oro avanzó modestamente porque la caída del dólar compensó parcialmente el peso de las tasas altas, el cobre se mantuvo estable porque su demanda estructural no depende de Ormuz, y el café colombiano siguió cediendo terreno porque combina debilidad internacional con un peso que no ayuda. Cada uno de esos movimientos puede revertirse en la misma semana si las negociaciones con Irán colapsan, si la Fed sorprende con un tono más restrictivo de lo esperado o si los datos de demanda industrial china decepcionan. En ese sentido, el nivel de 92 dólares en el Brent es menos un precio de equilibrio que una apuesta colectiva sobre un desenlace diplomático que el mercado quiere creer pero que todavía nadie ha firmado.
Nota del Autor
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