Opinión

¿Por qué Petro se equivoca al hablar de emisión monetaria? (anexo a la parábola de la emisión monetaria)

Algunos lectores de la parábola de la emisión monetaria han tenido la gentilveza de recordarme que Keynes, Krugman, Stiglitz y muchos economistas más, recomendaron la expansión monetaria para enfrentar una recesión. Eso es cierto, esa idea se le ocurre a cualquiera. Incluso Hayek, tan enemigo de la manipulación de la oferta monetaria por el gobierno, en Precios y Producción, concedió que una política monetaria a ultranza podía ser remedio para una recesión profunda, como la que agobiaba al mundo en los años 30. La llamó política del “desesperado”.

Las monedas nacionales no están vinculadas al precio de ninguna mercancía, como en el patrón de oro, o al precio de ninguna otra moneda, como en el régimen de tipos de cambios fijos de Bretton Woods, por eso su cantidad puede aumentar sin límite alguno. El objetivo de la parábola era explicar eso y señalar los riesgos que entraña.

Para evitar que los gobiernos abusen de la emisión de dinero, se han establecido en muchos países normas para esta se haga de la forma más técnica posible y ajustada a las necesidades de la economía.  La primera de ellas es la autonomía de la banca central, consagrada en Colombia por el artículo 372 de la Constitución.

La propuesta del senador Petro de “emitir dinero para los pobres” técnicamente quiere decir que el Banco de la República le otorgue al Estado un crédito directo, es decir, un préstamo no mediado por las operaciones de mercado abierto, mediante las cuales el Banco expande o contrae la oferta monetaria comprando o vendiendo títulos de deuda pública o privada. Al respecto, el artículo 373 de la Constitución señala lo siguiente:

“Las operaciones de financiamiento a favor del Estado requerirán la aprobación unánime de la junta directiva, a menos que se trate de operaciones de mercado abierto”.

Esta norma es fundamental pues ella evita que el banco emisor se convierta en la caja menor de un gobierno irresponsable.

Pensando en situaciones verdaderamente desesperadas, en lo que llamó la trampa de liquidez, Keynes, en la Teoría General habló de enterrar botellas con billetes para que la gente las sacara y gastara a su antojo ese dinero. Friedman uso la metáfora audaz de helicópteros lanzando dinero sobre las ciudades. Pero algo va de las metáforas de Keynes y Friedman a las ideas que, con toda seriedad, el senador Petro lanza a la topa tolondra para cautivar incautos.

Los artículos 371, 372 y 373 de la Constitución son la piedra angular de la estabilidad macroeconómica del País.  Acabar con la autonomía del Banco y poner en manos de un eventual gobierno de Gustavo Petro el manejo discrecional de la oferta monetaria para “repartir plata a los pobres”, sería como entregar a un niño de cinco años un bisturí para que haga una operación de corazón abierto con los ojos vendados.