¿Por qué esperar a que nos maten?

“Los feminicidios no son crímenes pasionales. No puede seguir siendo normal ni natural la violencia contra las mujeres porque las mujeres de Medellín tenemos derecho a vivir una vida libre de cualquier tipo de violencia”.


El riesgo de ser mujer en Colombia es tan alto que todos los días, como si fuera natural, un feminicidio aparece en las noticias. El asesinato de mujeres en el país es el resultado de un sistema impune, que de forma sistemática ha dejado a la mujer a merced de la violencia del hombre, que ha llevado el escrutinio del cuerpo y la vida de la mujer a niveles en los que la libertad en la práctica se hace imposible.

Según el Observatorio de Feminicidios Colombia, en el 2022 se presentaron 622 casos de feminicidio en el país, una cifra alarmante desde donde se vea. De 622 casos, 201 fueron ejecutados por hombres conocidos o cercanos a la víctima y 133 por bandas narcotraficantes.

Así mismo, en lo que respecta a exámenes médico-legales, que son solicitados por alguna autoridad competente, se han realizado 45.472 por violencia intrafamiliar, de los cuales el 77,53 % son contra niñas, adolescentes y mujeres.

Foto tomada de: El Periódico digital El País.

En todos los casos que impliquen la violencia contra una mujer se debe hacer justicia porque “nos queremos vivas”.

En los departamentos en los que más se cometen feminicidios son Antioquia, Norte de Santander, Cauca y Nariño. No es casual que sean en algunos de los departamentos donde hay una menor presencia del Estado y donde el conflicto entre bandas criminales, ELN y disidencias del Farc es más fuerte.

En el caribe colombiano, los departamentos con más feminicidios fueron Atlántico y Magdalena, lo que debe despertar las alarmas entre las autoridades públicas de estos departamentos, así como de la ciudadanía.

Pues es el asesinato sistemático y generalizado de mujeres, utilizado como un elemento que se repite a lo largo del conflicto en Colombia donde es el resultado de una dinámica de violencia en la que el cuerpo de la mujer se ha convertido en instrumento de guerra y mecanismo de control territorial. La estigmatización y el asesinato han sido las armas más letales contra las mujeres, que han sido víctimas de las peores atrocidades, sin que haya habido justicia contra los perpetradores de los crímenes sexuales y de género.

De manera que empezando el año 2023 en un callejón del barrio Moravia de Medellín asesinaron a Gina Paola Bocanegra Hernández, de 22 años, al parecer en medio de un crimen pasional. La víctima habría sido atacada por su compañero sentimental con arma blanca.

Gina Paola, era oriunda de Sincelejo, Sucre, pero vivía hace algunos años en Moravia. Esta madre, que dejó a un niño huérfano, es la primera mujer asesinada en Medellín en 2023. En el año anterior fueron asesinadas 27 mujeres en la capital antioqueña.

En total, ya son siete asesinatos en los dos primeros días del año. En el otro caso reciente, ocurrió en el barrio Corazón de la Comuna 13, San Javier, allí Juan Esteban Gómez Hernández fue atacado con arma de fuego.

Foto tomada de: La Revista Digital Cien Días

“Ni una menos”

Teniendo en cuenta lo anterior, hoy es necesario decir que la violencia de género, no surge solo por decisiones individuales o características específicas o rasgos determinados, sino que responde a la mantención de un sistema patriarcal que otorga a los hombres posiciones de privilegio ante las mujeres. Un sistema que naturaliza lo que hombres y mujeres debemos o podemos hacer, reproduciendo un orden desigual e injusto. Este orden permite que los hombres puedan expresar su rabia golpeando a una mujer, someterla y degradarla como forma de castigo.

Todos y todas somos parte de este orden social, donde estas violencias se sostienen por una parte en la apatía, en la negligencia, en el no involucrarnos, pero también en una serie de creencias acerca de las relaciones amorosas y acerca de cómo deberíamos comportarnos como hombres o mujeres.

Entendiendo que las violencias de género tienen un efecto diferencial en mujeres y hombres, permite identificar y establecer los riesgos que existen para cada una. Así mismo, las medidas de prevención, atención y protección necesarias para las víctimas, posibles víctimas y sus familias.

Por ello el mejoramiento de las leyes constituye una gran parte de la solución, como la necesidad de modificar el que para aplicar la ley de femicidio se deba estar legalmente casados, dejando fuera las situaciones de fastidio y/o convivencia, brindando de forma adecuada las medidas efectivas de protección a mujeres amenazadas y golpeadas, la agilización de los trámites de denuncia, etc. Sin embargo, para hacer efectiva la solución requerimos urgentemente un cambio cultural que cuestione y detenga la violencia como forma de relación. “Nos queremos vivas”

Finalmente, y para hacer a la ciudadanía partícipe de la solución debemos dejar de ser cortantes frente a las formas de violencia, mostrar desacuerdo, visibilizarlas, hablar de ellas con las personas más jóvenes y aprender a respetarnos.


Otras columnas del autor en este enlace:  https://alponiente.com/author/sofiaquintero/

About the author

Sofía Quintero Mira

Estudiante de sexto semestre de comunicación social y periodismo, al mismo tiempo curso una tecnología en publicidad de manera virtual en el Sena. Me caracterizo por ser una persona extrovertida, amable, servicial, paciente y responsable en todo lo que hago.

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