«Tres patadas y la costeña bajo el tramo, buscó las llaves, abrió la puerta, como si no fueran nueve, las acabo de contar, las escalas que hace diecitantos años hicieron y que apenas han modernizado poniéndole un hierro en la nariz de la huella»
Sorbo el café; doy un paseo ocular de ganchos a guardarropas: un niño sentado, besándose la rodilla, y el susto atragantándose el calor, retrocediendo, quemado por una chaqueta tirada sobre el maquillaje y los utensilios.
El Pedregal, agosto 26 de 2024
Ventarrón del lado de Carolina: volteo a ver qué inusual olla de agua se regó, ellas compiten: las hojas secas arrastradas, y desconcentrando la quietud áulica.
El Pedregal, agosto 30 de 2024
Sale una bocanada de humo de la cera, instalación Luis, unos niños se entrometieron, como si la calle fumara o saliese un vapor de gallina. Y asciende hasta desaparecer. Imposible salirlo del calor enfundado los cuerpos, llovió toda la noche, de las escalas al edil. Tampoco pudo ser de las casas: a una la erigen y la otra es mera borde.
El Pedregal, 1.° de septiembre de 2024
Tres patadas y la costeña bajo el tramo, buscó las llaves, abrió la puerta, como si no fueran nueve, las acabo de contar, las escalas que hace diecitantos años hicieron y que apenas han modernizado poniéndole un hierro en la nariz de la huella. Y la venezolana se encierra, al parecer son normales los descansos resumidos, y yo trato de verla hablando en la mitad del tramo, pero le dolería el cuello, hablaron casi media hora; no me entra justificación posible.
El Pedregal, septiembre 2 de 2024
Un vidrio refleja las barandas que comparten diseño con los barrotes; o es una ventanilla… Es la puerta de Cristian que se abre como si la tirara hacia afuera, repitiendo los largores negros, mismo nivel, y hundiendo la perspectiva al salir.
El Pedregal, septiembre 5 de 2024
Me seco las gotas en el baño, de espaldas a la puerta, horas de la tarde, y veo la sombra de una mano contra las baldosas descoloridas; me vuelvo, saco la cabeza hacia la ventana: es la cola de Sasha, a quien había olvidado.
El Pedregal, diciembre 15 de 2024
En el vagón, yendo al norte, acabadas las vueltas, con el sueño cabeceando. Al entrar, me pareció ver a Tato calvo: la barba completa y puntiaguda es la misma; el mentón enrojecido; el cachete medio gordo. Lo único que no cuadra es que antes tenía pelo alimentado por caspa e irritaciones. Y ese es Guillermo, viendo el celular sin cogerse de nada.
Levantan el rostro para ver la estación y me hacen caer en cuenta de que no son ninguno de los que evito ver de frente.
El Pedregal, diciembre 17 de 2024
Puse los billetes que había guardado en el bolsillo de la nalga derecha, con cremallera, encima de la copita-cenicero donde guardo las monedas; pero vengo con el tinto y están en la bolsa con otras monedas, los veinte y algo mil que recogió doña Nubia el mes pasado para completar el arriendo.
El Pedregal, diciembre 18 de 2024
En las sillas de espera metálicas, hambriado y sin novedades de limpieza ni vacuna, me sostengo la frente, abro los ojos, busco algo en qué ocuparme y recuerdo que, por la prisa, no me amarré los cordones del zapato derecho; lo estiro: están amarrados; aprieto las orejas, escondo la suciedad blanca y cambio de posición en el mismo puesto.
El Pedregal, diciembre 20 de 2024
Siento que se abre y saca un objeto pesado.
Me limpio, no hay tanta suciedad, y, al levantarme, prendo la luz y me agacho: una baba espumosa flota en el líquido que sostiene una hebra de cabello mono y los algodones que desprende la ropa interior.
El Pedregal, diciembre 29 de 2024
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Alrededor del Mundo, «Bitácora de lo inexplicable», Heroica Matamoros, México, octubre 29 de 2026.
















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