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¿Nuevo pacto social?

Mi tiempo interior, vuestros tiempos interiores, en el tiempo de la historia del mundo en curso, de nuestra intemperie, cuando se apaga el año 2020 y se inicia el nuevo año calendario 2021, nos surge o se nos intensifica una especie de ansiedad por la suma de acontecimientos, que también, como el tiempo los sentimos iracundos en su vorágine. En esta sensación de vértigo, en donde pasado, presente y futuro parecieran ser una sola cosa, literalmente materia, nos cuesta desplegarnos hacia el futuro, dinamizar nuestras conciencias hacia nuevos proyectos existenciales.

Hasta aquí las historias de cada uno de nosotros son personales; subjetivas e inquietantes, pero personales.

Mientras que, en las circunstancias que vivimos, avasallados por las características y consecuencias mortales de la peste; muchas veces confinados en cuatro paredes, resignados a tener que perder gran parte de nuestras libertades; a desconfiar de la mano amiga, y más aún del abrazo fraterno de nuestros padres e hijos, por bioseguridad; su impacto colectivo exacerba en cadena su pulsión de muerte.

Además, especialmente en las Américas, los vaivenes de la economía, los traumas socio-políticos, la polarización del discurso, la inmigración, los estallidos sociales, la narco-delincuencia, entre otros fenómenos desestabilizantes, crean una atmósfera de “caos y falta de gobernabilidad de las naciones” ; además, esta escena poco alentadora, se multiplica exponencialmente toda vez que el imperio comunicacional de occidente aprovecha la instancia para reforzar su interpretación de la verdad, como única, mediante las muchas repeticiones, instalando el miedo hacia los otros, la paranoia en el seno de nuestras sociedades. Sin duda, durante estas dos décadas del presente siglo hemos estado en permanente conflicto, y lo paradójico que desconocemos nuestro rival, como si estuviéramos inventando muchos enemigos, múltiples relatos opositores. Al respecto, valgan estas palabras de Dostoievski: “El bien y el mal están en constante guerra, y su campo de batalla es siempre el corazón del hombre”.

Esta toma de conciencia personal, y las razones sociales y políticas antes mencionadas, me llevan a concluir que, en un futuro próximo, tanto los estamentos gubernamentales como privados, los grupos laicos y religiosos, la sociedad civil y militar… debiéramos todos abordar con urgencia “un nuevo pacto social”, especialmente ético y moral, direccionado hacia un humanismo como porvenir, independiente de todo partidismo que nos desuna. ¡Tarea difícil! No obstante, una bien intencionada convocatoria para poner la existencia del hombre en el centro de la discusión, en cuanto está en movimiento hacia sus posibles; por ende, todos podríamos aspirar a ser mejores y progresar.