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Así que atentas

Niñas y mujeres, desconfíen y pelen bien los ojos, estén alertas que en cualquier momento pueden quitarnos por lo que hemos luchado.


Desde hace trescientos años, las luchas por los derechos de las niñas y mujeres han estado en visibilidad pública por los diversos grupos y han logrado conquistar derechos como el divorcio, el poder escoger libremente sobre la vestimenta (como la despenalización del uso de pantalones y faldas), el derecho al sufragio, educación, entre otros. Desde hace unas décadas y en todo el mundo, las niñas y mujeres han luchado por poder decidir libremente sobre sus maternidades y hace unos días un país latino se suma para garantizar ese derecho.

Pese que en México se propone la legalización de la interrupción voluntario del embarazo a consulta popular, Argentina se tiñó de dignidad y ha abandonado un celeste agresor que ha violentado sistemática y estructuralmente a niñas y mujeres a lo largo del país: obligándolas a parir y ser madres por una cultura religiosa con estereotipos caducos o a interrumpir su embarazo con el temor de ser presas o con complicaciones por no tener acceso a servicios médicos. Un país que dejó a un lado la fe religiosa para construir un Estado más laico y permitir la despenalización de una decisión sin importar el estado socioeconómico porque el aborto ha existido desde que las mujeres paren.

Las activistas, desde niñas hasta adultas jubiladas, habían estado añorando tremenda victoria y lo han logrado. Su perseverancia les ha permitido lograr lo indeseable para quienes desean seguir teniendo control sobre planes de vida ajenos. Las motivaciones para vivir un aborto no le conciernen más que a la niña o mujer que gesta pues es cuya vida se ve principalmente alterada con un embarazo y más aún si no es deseado (más allá de lo planeado). Un avance importante pero incompleto: sigue existiendo una educación sexual deficiente y los productos menstruales continúan con impuestos.

Las celebraciones deben permitir seguir percibiendo a los sistemas en los que nos vemos inmersas como lo que son: centralizados en el hombre y que esta conquista no es sinónimo de permanencia; pese que es un aumento en la calidad de vida de las mujeres y su integridad, son legislaciones incompletas que solamente atienden la parte superficial del verdadero problema en Latinoamérica y es la inexistencia de un sistema de educación sexual integral que permita abordar la sexualidad en su profundidad y no solamente abarcar el coito, enfermedades de transmisión sexual y la gestación. Es urgente seguir estructurando políticas feministas para que este triunfo no se vea entorpecido por generaciones venideras y sea posible cumplir cabalmente la consigna “educación sexual para decidir, anticonceptivos para disfrutar, aborto seguro, legal y gratuito”.

Recordemos aquellas mujeres cuyos derechos fueron arrebatados cuando ya los tenían: la prohibición a la educación para las niñas y mujeres por el Estado Islámico y la repenalización del aborto en Rumanía. El avance en los derechos humanos no garantiza que no puedan ser violentados en un futuro y que se legalice en contra de ellos pues siempre se han encontrado argumentos que justifiquen estas conductas violentadoras. Es importante seguir atentas a cada movimiento de quienes dominan y controlan porque la integridad de las niñas y mujeres se ha visualizado como un accesorio desde hace milenios, la descentralización de las infancias y las mujeres ha sido un pilar fundamental de un sistema falocéntrico y de dominación que es existente en todo el globo.

Es impensable confiar en un sistema basado en la discriminación por los genitales, el dinero y la melatonina, es imposible asegurar garantías a los Derechos Humanos si quienes legislan le tienen más lealtad a su partido que a sus ciudadanas. Es fundamental que los ejercicios políticos sigan enfocándose en la protección de derechos humanos y en la construcción de estructuras que garanticen su ejercicio, si es que se va a seguir ondeando la bandera de la democracia: una ideología difícil de construir si se persiste en una unión invisible pero real de la Iglesia con el Estado.

Argentina ha logrado que no sea necesario andar escondiendo la caja de misoprostol, comprar canela en el mercado ni andar tomando ganchos para introducirlos al útero. No obstante, niñas y mujeres, desconfíen y pelen bien los ojos, estén alertas que en cualquier momento pueden quitarnos por lo que hemos luchado.

Esto fue escrito por

Sofía J. Brega

“Demasiado feminista según mi mamá y utilizo el femenino como plural universal”. Mexicana comprometida con la transformación social, estudiante de Derecho en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez [México], fundadora de Girl Up Campus Juárez, Activadora de Paz.

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