Nosotros la minoría.

CarlosMario Patiño

El debate de la reforma política ha traído muchas posiciones divididas, evidentemente, las discusiones sobre las instituciones políticas facilitan que salgan a la palestra los defensores de la democracia   rasgándose las vestiduras en defensa del valor más importante de la sociedad, sobre todos para los políticos, pero como en todos los debates morales cada cual defiende como el indiscutiblemente mejor el modelo propio.

La paradoja es que en el escenario político en el que la disputa es precisamente por la mayoría, todos enarbolen la bandera de las minorías para defender sus puntos de vista; así, el debate absolutamente mecánico aparecen grandes defensores de las minorías y de las ventajas de la lista preferente.

Mi posición sobre las listas cerradas y abiertas proviene de mi experiencia particular como minoría al interior de un partido grande en lista preferente – que desde luego no pretende regular todas las experiencias –. En la lista preferente cada curul es una organización política y, lamentablemente, los miembros del partido compiten más entre ellos que con los contrarios “ideológicos” y además a los minoritarios no les dan apoyo y los mantienen en una lista solo por “relleno” aunque las curules finalmente obtenidas  se deban al esfuerzo de todos los rellenos. Además, los votos depositados solo por la lista, que se supone provienen de los ciudadanos que suscriben la postura del partido, terminan usufructuados por maquinarias políticas que no necesariamente expresan la posición política del partido.

Por otro lado, la discusión sobre los lapiceros de los partidos que solo favorecen a unos sectores dentro del partido, es cierta, los partidos políticos más que estructuras políticas son grandes roscas de expedición de avales; sin embargo un hecho es que la realidad de las listas del Pacto Histórico para el congreso estuvieron llenas de actores que en una lista abierta jamás habrían obtenido una curul, paradójico que el sistema que se supone impide la participación de las minorías haga más minoritarios congresistas.  Casualmente en una lista abierta, el petrismo eligió a manguito que con los votos alternativos termino siendo senador adepto al uribismo. Esto demuestra que lo que debe solucionarse es la disputa democrática dentro de los partidos, permitiéndole al electorado – como ocurrió en marzo de 2022- marcar el logo de un partido con la convicción de que los candidatos corresponden a los ideales del partido incluso sin saber muy bien quienes son. Las listas cerradas despersonalizan la política parlamentaria y nos pueden liberar de oprobiosos protagonismos como el del youtuber JP que represente la indefinición política de quien se levanta a leer las tendencias de twiter para saber que esta pensando hoy.

El problema de la política actual no es el mecanismo en el que se eligen los representantes, es más profundo, radica que la política ha discurrido con la tragedia de la sociedad en una actividad en sí misma; la política no parece tener un propósito ulterior a la política, ni siquiera en el discurso, y por ser una mera actividad es irreflexiva.  Eso da lugar a gigantescas maquinarias al interior de los partidos que son útiles a cualquier propósito, como los senadores antioqueños que se sacan cientos de miles de votos y son coalición del gobierno del cambio, como han sido coalición de los gobiernos de derechas.

Las garantías para las minorías políticas no se expresan en voto preferente, donde la plata y la maquinaria política unipersonal aplasta dentro de las mismas listas a las minorías que pueden participar, pero pírricamente, para legitimar un sistema que de suyo los excluye.  Por le contrario una lista de partido, con posición política definida y excluyente pueden garantizar mayor coherencia política.  Tiene más sentido que las ideas de los miembros de la lista tengan la misma orientación política.  Las garantías para las minorías, que en el sistema actual no existen, corresponde a los mecanismos dentro de los partidos para ponerle limites a los lapiceros.  Es una disputa que le corresponde al interior de los partidos y que no pueden ser resueltos, vía voto preferente, por la ciudadanía.


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About the author

Carlos Mario Patiño González

Abogado de la Universidad de Antioquia, Magister en Derecho económico del Externado de Colombia, de Copacabana-Antioquia. Melómano, asiduo conversador de política y otras banalidades. Tan zurdo como puedo pero lo menos mamerto que se me permita.

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