No más cátedras. Generemos diálogos de Paz en nuestros colegios.

Hablemos de los temas que debemos hablar como sociedad, y comencemos por los colegios. Hablemos abiertamente de Pablo Escobar y la influencia cultural que este siniestro personaje nos dejó, pero también de luchadores como Héctor Abad Gómez, María Cano, Porfirio Barba Jacob. Que en vez de una Cátedra para la Paz, generemos en todo el país unos Diálogos de Paz, abiertos, sinceros, sin censura, históricos y con proyección al futuro.
     

Durante años, nuestros políticos y tomadores de decisiones en políticas han hablado que la educación es una herramienta de transformación. A algunos les hemos creído, a otros no tanto, porque sólo se dedican a hablar del tema en campaña, pues cuando son electos olvidan lo que dijeron.

 

Ellos también cuando han hablado de los problemas del país, mencionan a la escuela como un escenario que debe transformar a las personas. La solución según ellos, es crear más cátedras, más contenidos y descargar esa responsabilidad sobre los colegios.

 

Por ejemplo, desde 1998 existe la cátedra de estudios afroamericanos, y seguimos sin comprender la riqueza cultural de esta población; en el 2002 se implantaron los cursos de tránsito y seguridad vial, y aún mantenemos cifras alarmantes de  accidentalidad y muertes en las vías; en el 2007 se creó la cátedra transversal de emprendimiento, y aún nuestras empresas de jóvenes siguen quebrándose en pocos años.

 

Pero no sólo eso, varios congresistas han promovido por lo menos 16 iniciativas para crear otras cátedras: en derechos humanos, de la salsa, no violencia, ambiental, ajedrez, interculturalidad, acción comunal, razas bovinas criollas y nacionales puras, protección de los animales, colegios santanderistas, efectos nocivos del alcoholismo, la drogadicción y el tabaquismo, música colombiana, economía y finanzas, cooperativismo, motociclismo y obesidad.

 

Todo esto sin contar que se supone que hoy en nuestros colegios ya es obligatorio hablar de El estudio, la comprensión y la práctica de la Constitución y la instrucción cívica, el aprovechamiento del tiempo libre, la enseñanza de la protección del ambiente, la educación para la justicia, la paz, la democracia, la solidaridad, la confraternidad, el cooperativismo y, en general, la formación de los valores humanos. En fin…

 

El punto es, que quienes hemos vivido la educación pública, sabemos que estos temas no se tocan, y cuando se tocan la mayoría de las veces se hace a través de métodos arcaicos, tradicionales y poco efectivos.

 

Hoy el Gobierno ha comenzado la construcción de la Cátedra Obligatoria para la Paz. El Ministerio de Educación planteará unos lineamientos, y los Colegios tendrán autonomía para construir sus proyectos transversales.

 

Pero saben algo. No basta con una Cátedra para la Paz. Si queremos construir una cultura de paz en las nuevas generaciones de Colombianos, primero comprendamos que la paz se da cuando hay justicia social y equidad.

 

No basta con una Cátedra para la Paz. Si en nuestros colegios se sigue violando sistemáticamente el derecho al libre desarrollo de la personalidad. Si a un estudiante por su corte de cabello, sus manijas, sus piercing, o peor aún, su orientación sexual, no se le permita entrar a clase, y se viola su derecho a la educación.

 

No basta con una Cátedra para la Paz. Si algunos maestros siguen usando el dictado, la ficha disciplinaria, las notas y el autoritarismo como estrategias para enseñar y educar. Que después de décadas no han generado absolutamente nada.

 

No basta con una Cátedra para la Paz. Si seguimos violando en los colegios el derecho al debido proceso, seguimos dejando solos a nuestros líderes estudiantiles, y la seguimos usando la humillación pública del agresor como única estrategia para prevenir el matoneo.

 

No basta con una Cátedra para la Paz. Si el concepto de equidad de nuestros gobiernos nacionales, siga siendo que nuestros buenos Maestros sean los profesionales peores pagos de nuestra sociedad.

 

Pero hay alternativas. Como sociedad las hemos construído.

 

Primero, en nuestros colegios, existen muchas iniciativas y experiencias significativas que vienen generando construcción de paz. Ideas simples pero transformadoras, que se han mantenido en el tiempo y en los escenarios más conflictivos han construído mejores ciudadanos. No requieren leyes, ni decretos, ni lineamientos, requieren recursos, acompañamiento y conexiones.

 

Lo mismo ocurre en los territorios que rodean esos colegios. Comunidades enteras que a través del arte, el deporte, la ciencia y demás, vienen construyendo escenarios de paz. Abramos las puertas de los colegios, que estas iniciativas entren a éstos y le cambien la vida a más jóvenes.

 

No permitamos que nuestros colegios se conviertan en escenarios de impunidad, autoritarismo, y segregación. Empecemos por dar ejemplo, basta ya de perseguir a quienes visten diferente, y reivindican su esencia a través de su ropa, basta de las violaciones a los derechos de los estudiantes por simples caprichos morales. Comencemos por fortalecer a nuestros líderes estudiantiles y que éstos se conviertan en los mayores constructores de paz.

 

Hablemos de los temas que debemos hablar como sociedad, y comencemos por los colegios. Hablemos abiertamente de Pablo Escobar y la influencia cultural que este siniestro personaje nos dejó, pero también de luchadores como Héctor Abad Gómez, María Cano, Porfirio Barba Jacob. Que en vez de una Cátedra para la Paz, generemos en todo el país unos Diálogos de Paz, abiertos, sinceros, sin censura, históricos y con proyección al futuro.

 

Que nuestras colegios no sólo se conviertan en escenarios de Paz, sino que desde allí, desde las nuevas generaciones, y a través de la palabra, cantada, escrita, dibujada, filmada, podamos construir una visión colectiva de País, esa que tanto hemos reclamado.

 

About the author

Wilmar Andrés Martínez Valencia

Profesional en Planeación y Desarrollo Social. Líder de #Logos. Fundador de GDL5. Asesor en temas de juventud y de procesos juveniles. Me interesa la Educación, la Cultura, la Juventud y la Resolución de Conflictos.

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